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¿Dónde se vende la solución?

¿Dónde se vende la solución?

viernes 13 de diciembre de 2013, 13:26h
De pronto -y por motivos más que evidentes- vivimos una vorágine de cambios urgentes y en absolutos conectados; por una parte se hace cada vez más necesaria una regeneración democrática que sea capaz de cortar de raíz la posibilidad de cualquier atisbo de corrupción en nuestra vida pública. Paralelamente se discute sobre la conveniencia de cambiar ya la Constitución para adecuarla a los nuevos tiempos. Y No hay día en que en todos los medios no se teorice sobre estos temas y siempre desde un optimismo del que me gustaría contagiarme pero que no termino de entender. 

Los teóricos de la cosa -políticos, catedráticos, grandes juristas- ofrecen en sus diagnósticos lo que habría que sanar del enfermo y se despachan con genéricos imposibles para lograr esa sanación. Me explico: es necesario -dicen por ejemplo- para proteger el estado del bienestar  "potenciar los derechos sociales y garantizar la sostenibilidad tributaria (López Garrido) o lo que señala el ex ministro Antonio Camacho: "En primer lugar, es necesario tomar la iniciativa política de escuchar, percibir y entender lo que la calle dice en cada momento". Valen las dos rectas y todas las que nos vienen dando estos días desde todas las esquina y desde todas las ideologías. Pero la pregunta sigue en pie: ¿Y eso cómo se hace? Porque el papel y el discurso los soportan todo, todo suena bien, tiene atractivo, es ideal y perfecto pero insisto: mañana por la mañana ¿qué hay que hacer para que todo eso empiece a ser una realidad? Ese es el problema, ahí es donde se estrangula la necesaria regeneración porque son precisamente los que predican estas cosas los que deben hacer los cambios. Y no los hacen. Ni los hicieron antes y no los van a hacer ahora. Si no se ponen de acuerdo ni en la Ley de Transparencia ¿qué podemos esperar? Si no son capaces de de quitarse ya mismo las subvenciones que se dan, las fundaciones tapaderas ¿cómo vamos a confiar? Si entre unos y otros han limitado la soberanía del pueblo al hecho mismo de votar cada cuatro años sin abrir ningún cauce para exigir el cumplimiento de lo pactado en los programas electorales ¿qué pintamos nosotros en todo este tinglado?

Y cómo el bálsamo de Fierabrás viene la segunda parte: hay que reformar la Constitución. Y claro que hay que reformarla porque es sexista, utiliza términos ya superados y algunas cosas más. Pero de ahí al federalismo hay un trecho que yo recorrería encantado si alguien me explica en qué consiste exactamente, en qué se diferencia del estado autonómico y si el famoso "encaje" de Cataluña no traería consigo -como sería lógico- el inmediato encaje de Extremadura, Galicia o Murcia. Es decir, más de lo mismo pero con distinto nombre. Todo el mundo -y me incluyo- tenemos la solución teórica de los problemas de esta país que es más bueno que el pan; lo malo es las soluciones no las venden en ninguna farmacia. Par diagnosticar valemos todos, pero ¿quién fabrica el aceite de ricino?    

a.aberasturi
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