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Una tragedia anunciada

Una tragedia anunciada

viernes 13 de diciembre de 2013, 14:53h

Tras el "paso del Rubicón" de Más y sus aliados con la formulación de la pregunta sobre la independencia de Cataluña y la respuesta, previsible por anunciada, de Rajoy, sólo cabe esperar un choque de trenes. El presidente de la Generalitat está metido en una dinámica que parece irreversible, entre otras razones porque depende de los independentistas para continuar en el poder. Son éstos quienes han impuesto la pregunta para lo que pretende ser un verdadero referéndum de autodeterminación.

En Cataluña, la dialéctica de confrontación, puesta de manifiesto por el simposio sobre "España contra Cataluña", y el sentimiento de agravio, justificado o no, está logrando que el independientismo más radical fagocite a todas las formaciones nacionalistas, incluida la moderada de Durán i Lleida.

En Madrid, la dinámica es semejante pero a la inversa: nada que negociar, y ya se invoca, con creciente respaldo popular según los sondeos de algunos medios entre sus lectores, la suspensión de la autonomía catalana e incluso hay quienes proponen, contra toda racionalidad, la declaración del estado de sitio. Envuelto en el texto constitucional y parapetado en la argumentación jurídica, Mariano Rajoy ha practicado hasta ahora la estrategia, tan marianista, de esperar y confiar en que la inviabilidad jurídica de la consulta divida al campo nacionalista y frustre el empeño. Ya se ve con qué resultado.

La consecuencia de esta dinámica va a ser una tragedia anunciada. No hemos aprendido de la historia y hasta los organizadores del simposio mencionado intentan reescribirla pro domo sua. Rajoy ganará la batalla jurídica porque tiene la ley de su parte, pero será una victoria políticamente pírrica, incapaz de evitar que la derrota formal de los independentistas proporcione un nuevo impulso, como en su día el rechazo del TC a partes del Estatut reformado, a la emoción separatista. Y mucho es de temer que en ambos lados cedan a la tentación de ver en la previsible y creciente  tensión una manera de atraer votos en las próximas citas electorales.

Es la hora de la moderación y el diálogo, pero no hay moderados ni voluntad de consenso. Lo que en 1978 pactaron Roca y Solé Tura en nombre del nacionalismo y la izquierda  es rechazado hoy, mientras que quienes en  la derecha que entonces aceptó a regañadientes la Constitución (cuando, algunos, no la rechazaron) porque no creían en las "nacionalidades", ahora la defienden como una barrera contra el nacionalismo. Entre todos se está rompiendo el pacto constitucional de la transición, que en esencia no era otro que la voluntad de alcanzar acuerdos cediendo un poco todas las partes.


* Artículo extraído del blog 'Los hechos y las ideas'

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