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El delicado y difícil compromiso del Rey

El delicado y difícil compromiso del Rey

jueves 26 de diciembre de 2013, 07:31h
En doce minutos de la tarde -noches del 24 de diciembre, el Rey se comprometió una vez más con España en tres cuestiones difíciles, delicadas y fáciles de comprobar a lo largo de este 2014 que está a punto de iniciar su andadura: compromiso con las necesarias reformas que necesita nuestra Carta común con la democracia sin rupturas pero si con generosidad y acuerdos entre todos los responsables políticos, económicos y sociales; compromiso con las exigencias de rectitud y transparencia que deben presidir la vida pública en sus instituciones y en sus protagonistas; y compromiso consigo mismo para permanecer en su puesto hasta que la auténtica salida de la crisis acabe con el gigantesco paro que padece España.

Don Juan Carlos era consciente de que su discurso de Navidad de este año 2013 que se apaga iba a ser seguido e interpretado por los que le apoyan, por los que desean su retirada  y en general por una sociedad española que desconfía y con razón de todas las instituciones que la gobiernan, y de casi todas las personas que las encarnan. Del Rey abajo, los políticos, los financieros, los empresarios, los sindicatos, los jueces,y por supuesto los medios de comunicación y los periodistas. No se salva nadie del exigente juicio de los ciudadanos de a pie, de esos que llevan años soportando lo peor de la crisis y que se encuentran con que cambian todas las reglas, desde las laborales a las sanitarias o las energéticas, menos las que afectan al poder institucional y político. Esas siguen igual pese a que es muy, muy mayoritario el deseo de que sean ellas y ellos los primeros en dar ejemplo.

El Rey dejó claro que no piensa en la abdicación, recordó su trayectoria desde que accedió al trono, sólo mencionó  a su hijo, el Príncipe, a lo largo de su televisada intervención, pero habló de su hija  Cristina y de su yerno Urdangarin sin mencionarlos al insistir en que sabe y es consciente de que les toca a él y a su familia, como emblemas y símbolos de la Monarquía histórica y de futuro, dar ejemplo y asumir ante los ojos de los ciudadanos las responsabilidades buenas y malas de sus actos.

Insistió en la necesidad de que los líderes de todos los colores se sienten a hablar y a buscar acuerdos por el bien de España. Les animó a hacerlo al mismo tiempo que recordaba a todos que estaba dispuesto a ejercer su función de garante del sistema y de punto de encuentro de los distintos estamentos de la sociedad. Cataluña apareció entre sus palabras, al igual que los dirigentes nacionalistas que reclaman para sí y para sus propuestas la voluntad popular, como si fueran ellos los depositarios de la misma cuando son capaces de incumplir y hasta traicionar cada una de las propuestas que hacen durante las campañas electorales.

Animó a avanzar desde lo logrado en estos 38 años de reinado, sin complejos pero sin esos aparentes deseos que manifiestan algunos de hacer tabla rasa de lo conseguido con el sacrificio reiterado, sobre todo, de los que menos tienen. A estos últimos les acompañó en su lucha al transmitirles que la crisis terminará cuando desaparezcan esos seis millones de parados. Sólo entonces. Y un tibio apoyo al Gobierno al mencionar que " parece" que algo va mejor en esa batalla contra los efectos sociales de la crisis.

Había un Belén a su derecha y una foto de trabajo a su izquierda. No estaban las fotos familiares de otras ocasiones. Otro detalle a tener en cuenta. Mensaje para las víctimas del terrorismo y el difícil papel que tienen en estos momentos al ver como los asesinos de sus familiares y amigos salen de las cárceles. Comprensión y generosidad en ambas direcciones.

De las reacciones a su discurso, boicoteado y silenciado por las televisiones autonómicas de Cataluña y Euskadi, hay que destacar que si Artur Mas, ni Iñigo Urkullu van a moverse de sus posiciones,  ni por supuesto las fuerzas que en en sus respectivos territorios están más a su izquierda. Medida y positiva valoración desde el socialismo más oficial y desde los sectores más conservadores de la derecha. Van a hacer falta muchos hechos y no todos desde la Casa Real y sus integrantes para que el Rey y la Monarquía recuperen la imagen que tenían hace unos años. Y esa imagen y esa recuperación van a estar íntimamente ligadas a las acciones del gobierno de Mariano Rajoy y a las posiciones que adopte Alfredo Pérez Rubalcaba o su posible sustituto/a si es que el PSOE se mantiene en ese deseo de autodestrucción en el que está desde que perdiera las elecciones de 2011.
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