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Los Reyes Magos, desbordados por la crisis

Los Reyes Magos, desbordados por la crisis

viernes 27 de diciembre de 2013, 19:21h
Siempre he defendido la figura de los tres Magos de Oriente frente al gordinflón del traje rojo, los renos y la barba blanca importado de Laponia vía Estados Unidos que nos han impuesto en los últimos años. Y lo he hecho por tres motivos fundamentales. Primero por respetar la tradición española que, desde que éramos niños, ponía la noche del 5 de enero como esa meta final de las fiestas navideñas en la que muchas ilusiones se convertían en realidad. Segundo, porque no tiene ni punto de comparación. dónde va a parar, la figura oronda y bobalicona de Papa Nöel al que jamás lo podíamos imaginar escalando fachadas y entrando por chimeneas, con los Reyes Magos, ejemplo onírico de ese buen mundo de las Tres Culturas que tanto defendía el ex presidente Zapatero y que aunaba razas y culturas en beneficio de las esperanzas de la infancia de todo el mundo. Y tercero, porque mientras Papa Nöel, Santa Claus, San Nicolás o como quiera que se llame, aparecía en Nochebuena y ahí se acababa el sueño, Melchor, Gaspar y Baltasar siempre alargaban nuestra ilusión esperando que se acabara el año y apareciendo inmediatamente después de que se encerrase la cabalgata que veíamos boquiabiertos a hombros de nuestros padres. Y es que si Papa Nöel era el símbolo del año que se iba, los Reyes Magos lo eran del nuevo año que daba comienzo. Es decir, uno representaba el pasado y los otros el futuro.

Si en épocas llamadas normales no había color entre uno y otros, ahora, en tiempo de crisis la cosa es aún más evidente. Estoy seguro que todos ustedes coincidirán conmigo en que el 2013 ha sido un año para olvidar, un año en el que, en el mejor de los casos, hemos perdido poder adquisitivo cuando no todo el sueldo por haber engrosado las largas listas del paro; un año de pérdida de libertades y derechos; un año de continuas desilusiones en la llamada clase política que nos dirige y de recuperación de fantasmas que creíamo olvidados como son las ansias independentistas de algunos líderes mesiánicos que amenazan con sumir al país en un nuevo caos. No hace falta ser muy espabilado para tildar el año que afortunadamente se acaba como uno de los peores de la reciente historia de España y, aunque el paso de la noche de San Silvestre a la mañana de Año Nuevo, no sea el cierre de una puerta y la apertura de otra, sí que puede suponer una epsecue de borrón y cuenta nueva para las esperanzas de muchos y no sólo de los pequeños que aguardan la llegada de los Magos.

Lo malo de todo esto es que Melchor, Gaspar y Baltasar no van a dar abasto con las peticiones de los españoles. Me da a mí que los millones de cartas que están recibiendo estos días, además de juguetes, bicicletas, muñecas, móviles, tablets y videojuegos, son largas peticiones de esperanza y fe en que el Gobierno, o los distintos gobiernos que ahora nos dirigen, sepan enmendar lo hecho y recomponer un país sumido en el hastío y el cansancio, harto de coles y hasta la coronilla de una clase política que lo único que ha demostrado es que se protege a sí misma con todos los medios a su alcance, que son muchos y poderosos. y que se dedica a esquilmar las arcas públicas con corrupciones, fraudes y estafas multimillonarias, mientras los ciudadanos ven impotentes y sumisos, como se lo llevan calentito.

Por ello mi particular carta a los Reyes Magos este año solo quiere pedir tres cosas. Esperanza, honradez y confianza. Esperanza para poder ver el futuro con mejores ojos y alentar los sueños de una generación, la de nuestros hijos, perdida en el marasmo de la crisis y el desaliento; honradez para todos aquellos servidores públicos que han optado por vivir para la política y no de la política, que haberlos, hailos; y confianza en que, entre todos, podamos salir de la actual ciénaga que nos sigue engullendo y recuperar un país sumido en la depresión. No sé si los Magos de Oriente conseguirán el milagro, lo dudo, pero bastaría con que la mayoría de nosotros, creyésemos fielmente en ello para lograr el impulso necesario que nos hiciera abandonar definitivamente el pozo. Dice el Gobierno que se ve la salida del túnel. Yo sigo sin apreciarla aún pero es verdad que también tendríamos que arrojar lejos el antifaz que hemos llevado puesto estos últimos años y que nos ha impedido contemplar la realidad que todos desearíamos. De nosotros mismos depende que salgamos cuanto antes, que los Reyes Magos, tal y como están las cosas y con la que está cayendo, bastante tienen con poder pagar las playesteision del cortinglés.  
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