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     16 de julio de 2024

Benito Fernández

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Tras casi dos semanas de tranquila y sosegada estancia, me despido de mi ciudad, Arjona cuando sus calles comienzan a llenarse poco a poco con el tumulto de los “conejeros” que aterrizan en el pueblo bajo la llamada anual de sus Santos, Bonoso y Maximiano. Como en cualquier otro lugar de veraneo, cientos de forasteros en calzón corto, chanclas y camisetas del Madrid o del Barcelona, regresan a sus orígenes, recuerdan su infancia e invaden terrazas y bares en busca de ese aperitivo, gratis por supuesto, que acompaña a la Cruzcampo o al tinto de verano. Un chollo, oigan. Vean si no el ejemplo. Seis personas en una mesa al fesquito de la noche urgavonense. Dos rondas de bebidas que incluyen cervezas, vermut, tintos de verano con sus correspondientes tapas de boquerones, pastelitos de carne con patatas, almendras y patatas fritas y un enorme flamenquín, todo por algo mas de quince euros. ¿Quién me lo mejora o simplemente lo iguala? Es verdad que uno no elije la tapa, pero tampoco se le pueden pedir peras al olmo.

Ahora, cuando esto comienza a animarse y a uno lo despiertan a las siete de la mañana los ruidosos cohetes de la Novena, el menda vuelve de nuevo a la Sevilla desierta de mediados de agosto tratando de subsistir lo mejor posible en el desierto asfálfico de la gran ciudad. Vuelta a la anormal normalidad, a la búsqueda del estanco, del kiosco, de la administración de loterias y del bar abierto, a esperar que transcurran estas dos semanas que le quedan al mes de agosto para que la ciudad despierte de su letargo estival y recupere el pulso perdido, para que los políticos abandonen las playas de Chiclana, Sotogrande, Zahara, Doñana o Sanlúcar donde desde Mariano Rajoy a Pedro Sánchezpasando por Albert Rivera o Manuel Chaves desentumecen músculos y renuevan neuronas bajo el implacable sol del sur en espera de ese septiembre que está a la vuelta de la esquina y que amenaza con ser el prólogo de un otoño movido y un final de año de impredecible consecuencias para el futuro próximo de toda España.

Con Supersusana de baja maternal haciendo caso omiso a sus propias promesas de regeneración, confirmando en sus cargos a todos los altos puestos imputados por corrupción , y acechando en la sombra los movimientos del tonto en vísperas de su secretario general, con un Gobierno andaluz en permanente estado vacacional y con el Ejecutivo de Rajoy atento a los continuos desafíos soberanistas de Mas and company que tendrán su primer acto de fuerza el próximo 11 de septiembre, la Diada y el inicio de la campaña electoral catalana, los españoles seguimos sumidos en un completo estado de shock desilusionado y frustrante sin saber por dónde nos van a venir las próximas oleadas de hostias, si por el ala independentista de la estelada o por el pretendido frente popular entre Iglesias y Sánchez que nos puede llevar a una nueva etapa ruinosa. En el último trimestre de este 2015 pintan bastos y milagro será que no paguemos todos los platos rotos de unos gobiernos acojonados que no ha sabido poner pie en pared a la hora de frenar la descomposición nacional a la que nos a llevado aquel café para todos de Suárez y Clavero y las sucesivas concesiones interesadas de González, Aznar, Zapatero y demás compañeros mártires.

Por lo demás, poco que contar. España sigue pendiente de la salud de la Pantoja, de la cornada de Paquirri y de los crímenes de Cuenca como si aquí volviésemos de revivir otra vez más, una historia ya contada. Y en esta Andalucía de sol y playa, de fiestas y siestas, el personal ya se ha olvidado de que tan solo hace unos meses se conmovieron las estructuras políticas cuando dos ex presidentes de la Junta eran imputados por el Tribunal Supremo por supuesta corrupción política. ¿Los EREs fraudulentos?¿quién se acuerda del escándalo?¿dónde está el dinero, cientos de millones de euros, que decía Susana Díaz que se iba a devolver? ¿Quien se acuerda ya de los casi trescientos imputados? ¿Y el desfalco de los cursos de formación falsos? ¿También acabará perdido en algunos de los cajones del Juzgado?

Anulada la juez Mercdes Alaya por las altas instancias políticas, apartada del caso por espúreas presiones de los poderes públicos, el mayor escándalo político de la democracia española, la vergüenza mancillada de todo un pueblo se ha ido diluyendo en el tiempo como un azucarillo en aguardiente sin que nadie haya devuelto uno solo de los euros robados. Y no es eso lo peor, lo peor es que ha sido el propio pueblo andaluz el que ha respaldado con sus votos esos robos volviéndole a dar su confianza a un partido que ha sabido tejer un tupido entramado social y político dificilmente desarmable. Como digo siempre, tenemos lo que nos merecemos. Vamos a ver si en los próximos días, Sevilla me aporta otra visión más optimista sobre nuestro futuro porque la realidad actual deja mucho que desear.

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