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¿Un nuevo Suresnes para el PSOE?

jueves 28 de enero de 2016, 07:15h

El próximo mes de octubre se complirán 42 años de un congreso, el de Suresnes, que puso fin a una etapa del socialismo anquilosado representado entonces por Rodolfo Llopis y abrió las puertas a otro PSOE renovado liderado por “el grupo de los sevillanos” que encabezaba Feliper González cuya vigencia ha durado casi medio siglo y cuyos éxitos están recogidos en las hemerotecas. Jóvenes socialistas del llamado “clan de la tortilla”como Felipe González (Isidoro), Alfoonso Guerra (Andrés) o Manuel Chaves, apoyados por los vascos José María Benegas (Txiqui) y Nicolás Redondo (Juán) y por los madrileños Pablo Castellano (Hervás) y Francisco Bustelo, se hicieron con el control de un partido del que algunos decían entonces que cabián en un taxi para convertirlo en sólo ocho años en el primer partido de izqquierdas que conseguía gobernar España con mayoría absoluta tras curarenta años de Dictadura franquista y que, con sus luces y sus sombras, colaboró eficazmente en llevarnos a todos los españoles a Europa.y a la moderrnidad.

Este próximo sábado, en Madrid, el Comité Director del PSOE puede dar el primer paso para un nuevo Suresnes si da carta blanca a su secretario general, Pedro Sánchez, para que pueda pactar el Gobierno con Podemos. Si González y los socialistas de Suresnes cogieron un partido en horas bajas y aferrado al pasado y apostaron claramente por desterrar los postulados marxistas leninistas para reconducirlo hacia las socialesdemocracias que imperaban en Europa, en estos momentos podría ocurrir todo lo contrario. Que el PSOE, por obra y gracia de un líder a qien sólo le preocupa llegar como sea al poder, volviese a caer en manos de un populismo trasnochado cuyo recorrido en los actuales tiempos se me antoja demasiado corto.

No sé lo que va a ocurrir el sábado y si la vieja guardia de Suresnes (Felipe González, Alfonso Guerra, Alfredo Perez Rubalcaba, Manuel Chaves, José Luis Corcuera) y los todopoderosos barones regionales (Susana Díaz, Ximo Puig, Emiliano García Page, Guillermo Fernández Vara) van a reconducir una situación que podría acabar de darle la puntilla a una de las grandes fuerzas políticas que han hecho posible, pese a personajes tan nefastos como José Luis Rodríguez Zapatero, que los españoles nos reconciliemos con una clase política cuya labor ha sido encomiable durante los primeros años de la transición.

Yo no sé si Pedro Sánchez es consciente del daño que le está haciendo a su partido su empeño en negar la mayor al PP, ni tan si quiera acepta entablar diálogo con el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, y su obsesión por acercarse a un Pablo Iglesias que lo primero que ha hecho públicamente es dejarlo en el más absoluto de los ridículos al imponerle medio ejecutivo con nombres y apellidos. Alguien de su entorno que no sean los pelotas que le rodean y a los que él colocó en la Ejecutiva como el tal Luena, debería de hacerle meditar algunas de sus decisiones antes de que sea demasiado tarde para dar marcha atrás.

Desde mi punto de vista el futuro del PSOE no está en esa deriva hacia la izquierda radical que pretende Sánchez como una especie de retorno al pasado marxista-leninista del inicio de la década de los años 70 del pasado siglo, sino todo lo contrario, en buscar un centro que se la ha ido escapando tanto al PP como al PSOE en manos de algún partido emergente como Ciudadanos. Es cierto que muchos electores socialistas han radicalizado su postura y han votado el pasado 20 de diciembre a Podemos, pero tengo la impresión de que se trata de un voto prestado que los socialistas podrían recuperar si no pierden los papeles como lo está perdiendo su actual secretario general.

Porque en el fondo, lo que Sánchez se está jugado en estos momentos es clara y llanamente el futuro del Partido Socialista Obrero Español y poniéndoselo en bandeja de plata al homónimo de su fundador, Pablo Iglesias. Y Sánchez debe de tener en cuenta algo es a mí me parece fundamental en estos momentos, que su enemigo no es como él pretende, el PP, sino Podemos. Y si no espabila y juega bien sus cartas, los muchachos del de la coleta pueden conseguir en un breve periodo de tiempo laminar por completo un partido que ya es centenario y que ha sido, es y seguirá siendo fundamental para la convivencia política en España. Esperemos que, por una vez y sin que le sirva de precedente, el tal Sánchez le haga caso a quienes elevaron a su partido al máximo y consiguieron que el PSOE se convirtiera en la gran esperanza progresista del eletorado español, A ellos, a los “jarrones chinos” como los llaman algunos y a los barones a los que aún les quedan dos dedos de frente como es la presidenta andaluza, Susana Díaz.

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