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Civisur y las dos andalucías

martes 23 de junio de 2015, 05:00h

Hace unos días, la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, recibía en el Palacio de San Telmo una amplia representación de una nueva asociación que, bajo el nombre de Unión Cívica del Sur (Civisur) pretende reforzar el eje Málaga-Sevilla y acabar de una vez por todas con el suouesto enfrentamiento entre ambas capitales andaluzas por liderar la economía de la comunidad. La iniciativa surgió hace aproximadamente año y medio cuando dos ex alcaldes de ambas capitales, Manuel del Valle, de Sevilla, y Luis Merino, de Málaga acordaron poner en marcha una asociación cuyo objetivo fundamental es reforzar la unión entre ambas capitales con el fin de que sea el eje sobre el que gravite el desarrollo de Andalucía. Al movimiento no le han faltado adeptos. Políticos como el ex presidente de la Junta, José Rodríguez de la Borbolla, Manuel Atencia y el propioManuel del Valle, empresarios como el presidente de la CEA, Javier González de Lara,Rafel Domínguez de Gor, Concha Caballero, Manuel Contreras, José Luis Manzanares o José María Ferre, abogados como Luis Merino, Antonio Ojeda o José Manuel Cabra de Luna, periodistas como Nani Carvajal o Marta Carrasco, galeristas de arte, arquitectos, ingenieros, profesores universitarios, investigadores y un largo etcétera de personalidades más o menos relevantes de ambas provincias que están dispuestas a promover proyectos que beneficien a ambas ciudades.

Hasta ahí todo perfecto dentro de lo políticamente correcto. La rivalidad entre Sevilla y Málaga solo ha servido para crear frentismos sin sentido en una comunidad donde la histórica división entre Oriente y Occidente ha sido siempre un handicap para su buen entendimiento y para su desarrollo homogéneo. Con el inicio de la autonomía, la decisión de ubicar la capital de Andalucía en Sevilla creó una especie de brecha que algunos aprovecharon para provocar un antisevillismo exacerbado en buena parte del territorio andaluz. Algo que no tenía ni tiene sentido en una región cuyos límites con Sierra Morena por el Norte y el Mar Mediterráneo y el Atlántico por el resto, están bastante definidos. Ni siquiera el granadino Javier de Burgos en su división territorial de España en 1833, dudó en unificar Andalucía con ocho provincias que correspondían a los antiguos reinos musulmanes de Córdoba, Granada, Jaén y Sevilla.

Pero no nos engañemos, por muy aplaudible y saludable que sea esta iniciativa no van a faltar voces que la contemplen como una especie de eje del poder político y económico que margine al resto de las provincias andaluzas dejándolas fuera de cualquier proyecto de desarrollo que promuevan tanto las grandes empresas como las administraciones públicas. El hecho de que entre ambas provincias (que no capitales) aglutinen el ochenta por ciento del PIB de toda Andalucía, es un ejemplo de que cualquier iniciativa de este tipo para reforzar el eje Sevilla-Málaga va a encontrar el rechazo frontal por parte las otras seis provincias andaluzas, mucha de ellas en una situación económica verdaderamente crítica, creando situaciones de enfrentamiento interno nada deseables para el futuro común de nuestra comunidad. El ejemplo no tan lejano de la Exposición Universal de 1992 que creó una situación unánime de rechazo por parte de otras provincias por el distinto rasero con que el Gobierno de Felipe González trató a Sevilla respecto al resto de la comunidad, puede servir de botón de muestra para saber hacia donde dirigir los pasos.

Pienso que antes de su presentación pública, prevista inicialmente en el próximo mes de julio, algunos de los integrantes de esta asociación, a quienes considero dotados con una inteligencia bastante superior a la media, deberían plantearse el evitar que se produjeran una serie de agravios comparativos que le llegasen al corazón de los almerienses, cordobeses, jiennenses, granadinos, onubenses y gaditanos provocando un cisma entre la Andalucía pobre y la Andalucía rica, mucho peor que el de la Oriental y Occidental.

Sinceramente desde aquí le deseo a Civisur el mayor de los éxitos en sus objetivos fundamentales. Cualquier iniciativa cívica en estos momentos de decadencia política es del todo loable. Creo que la intención de sus promotores es buena pero en estos tiempos de globalización no lo es tanto el ombliguismo de algunas capitales. Yo me pregunto, ¿por qué no ampliar ese bipolar eje Málaga-Sevilla a otros ejes multipolares que unan las ocho capitales andaluzas? Quizás así evitaríamos rechazos no deseables y todos contribuiriamos a luchas por una Andalucía más próspera, más desarrollada y más justa. No solo Sevilla y Málaga, Málaga y Sevilla, sino toda Andalucía, desde Santa Elena a Tarifa y desde Ayamonte al Cabo de Gata.

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