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Por la boca muere el pez

martes 08 de marzo de 2016, 15:42h

Estamos asistiendo a todo un espectáculo circense digno de los payasos de la tele. Están Gabi, Fofó Miliki, Fofito y Milikito con otras caras y con distintos trajes cantando aquello de “¿Cómo están ustedes?” sin lograr solucionar la papeleta. Aquí el que no corre, vuela, y nuestros políticos, todos ellos sin excepción alguna, procuran no quedarse atrás en sus declaraciones públicas y no hay día en el que no nos sorprendan con alguna chorrada que supera la que dijeron el día anterior. El Rey Felipe VI debe estar alucinado con la tropa y ha decidido que ya está bien de hacer rondas de consulta para nada con Mariano, con Pedro, con Pablo, con Albert, con el otro Alberto, con Francesc, con el PNV, con Esquerra y con los cinco mil representantes de todas la mareas que arropan a Podemos. Eso más que una consulta con líderes políticos parece la consulta de mi médico de cabecera en los días de gripe o la cola de los regalos del Corte Inglés en las fechas navideñas. Y total, para nada, para cubrir el paripé, para ir perdiendo el tiempo, como lo ha perdido Sánchez, hasta que no haya más remedio que convocar nuevas elecciones.

Pero a lo que iba, que como hay que rellenar el tiempo en los telediarios y en los debates, nuestros políticos se descuelgan cada día con una frase tópica que le han escrito sus asesores para que sus respectivos defensores en las cientos de tertulias que animan cada noche todas las cadenas de radio y televisión tengan tema para hablar, discutir, insultarse y mandarse al carajo. La cosa va por modas tertulianas. Dejando al márgen las sandeces histriónicas de Pablo Iglesias y de sus compañeros y compañeras de bancada, primero fue lo del mantra del Gobierno currupto de Rajoy con el que había que acabar cuanto antes para regenerar la política española, después lo de su irresponsabildad y falta de capacidad al negarse a ser propuesto por el Rey para la investidura, posteriormente vino lo del supuesto pacto del progreso como tabla de salvación cuando Podemos era aún una posibilidad para Sánchez, un pacto que se convirtió en un imprescindible acuerdo de estabilidad cuando firmaron PSOE y Ciudadanos, y ahora está de moda, una vez que a Sánchez le han devuelto el toro a los corrales del Congreso, lo del bloqueo institucional a la griega por parte del PP y de Podemos. Si se dan cuenta, todo son frases hechas, manidos “leitmotiv” para darle largas al asunto y llegar al 26 de junio, fecha fijada para las elecciones, con tres meses de campaña amortizados.

Digo yo que aquí cada uno debe medir sus palabras no vaya a ser que lo cojan en algún renuncio a la primera de cambio. Yo que Sánchezobviaría en estos momentos incidir demasiado sobre el asunto de la corrupción del PP porque si la cosa sigue según las fechas previstas, en una semana los ex presidentes andalucez, Manuel Chaves y Pepe Griñán, van a tener que acudir a los Juzgados de Sevilla para declarar como imputados o investigados, que para el caso es lo mismo aunque le hayan cambiado el nombre, ante el juez de los EREs fraudulentos de la Junta de Andalucía ya que el Supremo dictaminó en su momento que existían indicios de que ambos podían haber cometido un delito de prevaricación administrativa. Junto a ellos también están citados media docena de consejeros del más de medio centenar de altos cargos investigados, que se dice pronto. Ante este desolador panorama andaluz más le vale a Sánchez que rebaje ahora el tono de sus insistentes denuncias sobre corrupción contra el PP porque podría salir trasquilado. Y esta vez no está presente en el caso el chivo expiatorio de la jueza Mercedes Alaya para echarle la culpa de la persecución judicial.

Convendría, por lo tanto, que se calmaran los ánimos, que desaparecieran las trilladas líneas rojas que han colocado unos y otros y que todos se sentaran con todos para ver si una mayoría suficiente, sea la que sea, llega a un acuerdo para ponerle fin de una vez por todas a este lamentable espectáculo que estamos dando a nuestros socios europeos. Llegar a unas nuevas elecciones cuyo resultado puede ser más o menos similar al actual supondría tener paralizado el país otros tres o cuatro meses en unos momentos que pueden ser claves para que España pueda recuperar el peso que ha perdido en la escena internacional en los últimos años.Y no están las cosas como para perder de nuevo el tren del futuro cuando todavía hay cinco millones de españoles, un millón de ellos en Andalucía, que se las ven y se las desean para llegar a fin de mes.

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