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Una estrategia equivocada

jueves 11 de febrero de 2016, 15:43h
Respeto todas las opciones que se están barajando en la búsqueda de un Gobierno. Los cuatro partidos que están partiendo el bacalao en este encuentro de dobles que se está alargando más que el famoso partido de Wimbledon que enfrentó en 2010 al francés Nicolás Mahut y el norteamericano John Isner cuyos 183 juegos disputados se prolongaron durante once horas y cinco minutos. Aquí llevamos camino de batir todos los récords habido y por haber. Llevamos ya cincuenta días desde que se celebraron las elecciones generales del 20 de diciembre y cada vez parece más difícil que el partido de lo lleve la pareja Sánchez-Iglesias que es la que aparenta haber conseguido algo de ventaja sobre sus contrincantes Rajoy-Rivera. Es una pena que ésto se parezca más a un partido de tenis que a uno de ajedrez donde, si las fuerzas están igualadas se pueden acordar tablas. Aquí las únicas tablas son una nuevas elecciones generales y no sé yo si eso podría ser incluso peor que una victoria a los puntos del eufemísticamente llamado pacto del progreso.

Desde mi humilde punto de vista la cosa tiene bastante mala pinta. Porque aunque Pedro Sánchez consiga finalmente los apoyos necesarios para ser investido presidente del Gobierno con su alianza con Podemos, Izquierda Unida, PNV y Coalición Canaria y la abstención de Ciudadanos, ERC y alguno otro grupo más, su Ejecutivo podría durar menos que un caramelo en la puerta de un Colegio y, lo que es más importante, no podría ejecutar muchos de los acuerdos que ha suscrito con Pablo Iglesias al no contar entre ambos con la mayoría suficiente para abordar, por ejemplo, esa prometida reforma de la Constitución. Y para colmo, el PP ostenta la mayoría absoluta en el Senado. Si no quieres arroz, dos tazas. Ajo y agua.

Por todo ello creo que Sánchez, que está jugando con bastante habilidad sus escasas cartas, no ha seguido una estrategia acertada para lograr esa meta que le obsesiona que no es otra que llegar a la Presidencia del Gobierno para salvar su culo amenazado por todos los frentes. Por más que se empeñe, no se puede ignorar al partido que ha ganado las elecciones, que no ha sido otro que el PP, no por su rechazo visceral a Mariano Rajoy, sino porque ese rechazo es nada más y nada menos que a siete millones de españoles que respaldaron con sus votos al PP. Sánchez debería de tener claro, tal y como se lo ha recordado Felipe González, Susana Díaz y buena parte de los dirigentes regionales de su partido, que el presidente de un país se debe a todos los ciudadanos (y ciudadanas como él añadiría) y no sólo a los que le votaron. Eso tiene solo una palabra que lo define, se llama pura y llanamente sectarismo.

En cuanto a los nuevos inventores de la democracia y las libertades, qué decir de ellos. A Iglesias le ocurre lo contrario que a Sánchez. Es posible que su estrategia sea la correcta para conseguir lo que pretenden, que no es otra cosa que cargarse el sistema. De hecho están logrando copar la mayoría de los titulares de todos los medios en estos cincuenta días transcurridos desde el 20-D, pero les pierde su ansia de poder, su obsesión no solo por sentarse en el Consejo de Ministros sino por controlarlo para poder llevar a cabo su revolución pendiente. Algo que evoca, y mucho, a regímenes dictatoriales de infausto recuerdo.

Así las cosas, y en espera del más que anunciado fracaso de la reunión entre Sánchez y Rajoy, me da la impresión de que vamos encaminados indefectiblemente a una nueva cita electoral que tendrá lugar como muy pronto a finales de junio. Y si eso se produce y no tenemos nuevo Gobierno hasta septiembre, nos estamos jugando el cuello. No están los mercados, con el anuncio de una nueva crisis financiera internacional como para andarse con pamplinas. La falta de estabilidad política y la escasa seriedad de nuestros dirigentes son los acicates necesarios para espantar las inversiones y frenar la posible recuperación.

Y ya que Sánchez parece empeñado en ignorar lo que desea la gran mayoría de los españoles que no es otra cosa que un Gobierno estable que represente a todos y no un gazpacho de siglas cada una de su padre y su madre que van a sacar provecho de lo que salga, yo le pediría a algunos dirigentes socialistas con bastante peso en el partido a los que aún le quedan algunos dedos de frente, que movilizaran a sus bases para impedir que este nuevo Zapatero surgido de la nada y todo apariencia y fachada, cometa la barbaridad de hundirnos a todos en la mierda, Todavía estamos a tiempo de enderezar lo que algunos están empeñados en torcer y evitar que entremos, de nuevo, en ese bucle que nos puso al borde del abismo que esta vez puede hundirmos en la miseria.
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