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No juguemos con fuego

lunes 14 de diciembre de 2015, 09:35h
Todos conocemos el peligro de las redes sociales y los bulos intencionados que algunos introducen en las mismas para meterle el miedo en el cuerpo a una sociedad que ya está bastante asustada por los indiscriminados atentados del Daesh en Europa. Ayer mismo recibía por whatsapp un mensaje que ponía los pelos de punta. En él se venía a decir que el Ministerio del Interior está a punto de elevar el nivel de alerta del actual 4 al máximo de 5 ante la inminencia de un atentado terrorista en una gran capital española.

El mismo comunicado, que en escasas horas, se habrá multiplicado por mil e inundado los mensajes de millones de teléfonos móviles, pedía que tuviésemos mucho cuidado con las grandes concentraciones de masas en estas fechas navideñas y que evitáramos en lo posible las masificaciones en lugares cerrados en estas fechas en las que son tan habituales. No sé hasta que punto llega la veracidad del comunicado en cuestión, pero sí sé por pura experiencia profesional que estos bulos suelen repetirse hasta la saciedad siempre que ha ocurrido un atentado de gran repercusión mediática.Y que siempre, siempre, tienen una pérfida intención y persiguen algún fin concreto y espúreo

Y no está el horno para bollos ni para jugar con fuego cuando entramos en la semana decisiva de las elecciones del 20-D. El fantasma que rodeó y cambió el curso de la historia en los comicios del 2004 con el atentado de Atocha del 11 de marzo no puede ni debe ser un tema recurrente para aquellos que se niegan a reconocer los resultados de las urnas. Lo que ocurra el próximo domingo, sea lo que sea, desde el triunfo del PP al de Podemos, deben de decidirlo todos los españoles en plena libertad y sin ningún tipo de coacción.

Todos sabemos que vamos a entrar en una etapa difícil, en una especie de italianización de la política española en la que se han acabado las mayoría absolutas que daban estabilidad a los Gobiernos. Una italianización, además, a la que los españoles no estamos acostumbrados al carecer de los mecanismos funsionariales apoliticos y estables que permiten que el Estado siga funcionando aunque sus Ejecutivos cambien cada tres meses.

Si a la más que probable inestabilidad del nuevo Gobierno surgido de las urnas el 20-D le añadimos ahora una posible psicosis generalizada por el miedo a los atentados yihaddistas, miel sobre hojuelas para aquellos que no han asumido aún lo que debe ser la democracia y siguen pensando que las urnas son sólo una mera excusa para continuar haciendo y deshaciendo a su antojo como si esto fuese una dictadura tercermundista.

Sé que este tipo de bulos son difícilmente controlables, sé que las redes sociales son el campo idóneo para que muchos desaprensivos, entre ellos los propios terroristas de Daesh, propaguen sus mensajes, sé que en esta campaña está siendo fundamental el manejo multitudinario de twitter y facebook, sobre todo en los llamados partidos emergentes, sobre todo en Podemos cuyos especialistas en redes son capaces de movilizar cientos de miles de apoyos o rechazos en un abrir y cerrar de ojos. Todos sabemos lo que está ocurriendo y conocemos también la utilización malintencionada de estos nuevos mecanismos de movilización de masas.

Por ello debemos de tener en cuenta que no todo lo que circula por internet por mucho trending topic que sea, es cierto, debemos de saber discernir cuando nos facilitan una noticia veraz y cuando tratan de manipularnos en busca de fines nada claros. Si hasta ahora habían sido los medios de comunicación clásicos, prensa, radio y televisión, los que arrimaban cada uno el ascua a su sardina dependiendo de la línea editorial que tuvieran, ahora el campo de ha abierto una barbaridad sin que los que recibimos los mensajes conozcamos, al menos, la fuente de los mismos y sus intenciones. Y sus principales receptores no son otros que esos millones de jóvenes entre 18 y 30 años que van a ser decisivos a la hora de designar a aquellos partidos que van a tener en sus manos el futuro de España en los próximos cuatro años.

No juguemos por lo tanto con fuego y no propaguemos el miedo en una sociedad ya de por sí demasiado aterrorizada. No hay peor coacción que caer en el chantaje de aquellos que quieren inocular entre la ciudadanía el miedo a la libertad que tanto nos ha costado conseguir. No hagan caso, por lo tanto a mensajes cifrados y sin fuentes y continúen haciendo su vida normal. Salgan a la calle a ver las luces navideñas, paseen, vayan a cenar con sus amigos y acudan a comprarle los juguetes a los niños. Es la mejor manera de combatir las estrategias del miedo.

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