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La noche de las sonrisas forzadas

martes 22 de diciembre de 2015, 15:05h
Penoso, realmente penoso el espectáculo que dieron los dirigentes de los principales partidos en la noche electoral. A estas alturas de la película, con varias docenas de cómicos a nuestras espaldas, a nadie le extraña que todos se auto califiquen como ganadores sea cual sea el resultado obtenido. Eso es algo habitual y hasta cachondeable. Lo que ya no lo fue tanto fueron las caritas que lucieron a eso de la medianoche los candidatos a la Presidencia del Gobierno. Todavía se puede entender que el de la coleta y sus colegas se mostraran eufóricos y que Pablo Iglesias mostrara a todo el pueblo español sus exigencias programáticas como si hubiese obtenido no 69 sino 269 diputados. Y lo puedo entender por que estos muchachos de Podemos, que han mamado las teorías del estalinismo, el castrismo y el chavismo, necesitan muy poco para imponer sus tesis y les sobran los votos que consideran absolutamente prescindibles para llegar al poder.

Pero a lo que iba, a lo de las sonrisas de los otros tres candidatos. Me recordaron aquel poema de Mario Benedetti que decía “Por eso digo, señor ministro ¿de qué se rie, de qué se ríe?” Sinceramente no entendía esas sonrisas forzadas de Mariano Rajoy, de Pedro Sánchez o de Albert Rivera. No entendía de qué se reía Rajoy en el balcón de la sede el PP en la madrileña calle Génova rodeado de la plana mayor de su partido cuyas mustias caras delataban sus estados de ánimo.. No lo entendía porque, pese a haber ganado las elecciones generales, su víctoria ha sido tan pírrica y el descalabro de su partido tan enorme que más le hubiera valido salir vestido de plañidera enterrando a una gaviota.

Y aún más sabiendo que, se ponga como se ponga, riendo o llorando, Mariano Rajoy no va a ser investido presidente del Gobierno por mucho que dialogue y por más promesas que le haga a sus escasos posibles aliados. A no ser, claro, que los barones socialistas encabezados por Susana Díaz obliguen a Sánchez a abstenerse en la segunda sesión de investidura y permitan gobernar al PP durante cierto tiempo. Quizás esté ahí, en la dimisión de Rajoy y sus sustitución por la número 2 por Madrid, Soraya Sáenz de Santamaría, una de las claves que puedan sacar adelante esta más que complicada legislatura

En cuanto al otro, Pedro Sánchez, alentado por los suyos con los gritos de ·¡presidente, presidente!” para intentar animarle, más de lo mismo o incluso peor. El histórico PSOE, pese a ser la segunda fuerza más votada, no ha llegado ni a los cien diputados lo que supone un resultado desastroso por más que lo quieran maquillar sus dirigentes. Es posible que Sánchez, pese al descalabro sufrido a manos de Podemos, logre convencer al resto de los partidos de izquierda, incluídos los de los independentistas catalanes y vascos, para que apoyen su candidatura. Lo dudo. Creo que personalmente Sánchez sería capaz de pactar hasta con el mismísimo diablo con tal de llegar a la Presidencia del Gobierno. Pero eso conllevaría la desaparición, el harakiri final del socialismo hispano. Aunque visto lo visto quizás el nombre del lider de Podemos era una pura premonición de lo que podía ocurrirle al PSOE. Un partido creado por Pablo Iglesias que acaba en manos de otro Pablo Iglesias un siglo después. Un dejá vu, un Don Pablo o la fuerza del sino que firmaría el Duque de Rivas. Pase lo que pase, ahí Susana Díaz va a tener mucho que decir y creo que no me equivoco demasiado si les anticipio que Sánchez tiene los días contados si no se aviene a lo que le exigen sus compañeros de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha.

En cuanto a los muchachos de Albert Rivera, qué quieren que les diga, que se quedan en un quiero y no puedo muy clásico ya en los partidos de centro derecha españoles. Rivera, eso sí, fue el que menos sonrió en la noche electoral junto con el candidato de Izquierda Unida, Alberto Garzón, al que solo le faltó llorar, el pobre mío. Alguien debería de aclararle que nuestro sistema electoral prima las mayorías y que, si hubiese ido junto con el PP, imponiéndole incluso condiciones, ambos habrían obtenido una mayoría absolutísima. Porque, digan lo que digan unos y otros, PP y Ciudadanos son las dos caras de una misma moneda y sus votos proceden de una misma fuente, el amplio centro derecha español que es quien da las victorias

Y como después de las risas, los ji-jis y ja-jas, vienen los llantos, a partir de lunes que viene la cosa se va a poner seria, sobre todo si los catalanes desbloquean por fin la investidura de Arturo Mas como presidente de la Generalitat. El hundimiento de la antigua Convergencia y el auge de ERC y sobre todo de los podemistas de Ada Colau abre nuevas posibilidades sobre quién puede ser el próximo presidente catalán con el que tenga que entenerse quien ocupe el sillón de la Moncloa. Nos esperan, pues, tiempos difíciles en los que van a sobrar las sonrisas.

Ocurra lo que ocurra lo cierto es que los dos grandes perdedores de estos comicios, PP y PSOE, han tenido todos estos años atrás en sus manos la posibilidad de evitar el desastre. La tan necesaria modificación de nuestra ley electoral, pactada entre ambos, podría haber evitado el guirigay que se ha mantado el 20-D. Pero eso ya es agua pasada y hay que poner la vista en otras cosas más importantes como el sorteo de la Lotería de Navidad. Que tengan suerte.
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