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Jalogüin y sus muertos

viernes 30 de octubre de 2015, 11:45h

Como si aquí no tuviéramos bastantes fiestas que celebrar vestidos de disfraces, desde los Carnavales a la Nochevieja pasando por Semana Santa, la Feria o el Rocío ya hemos importado de lleno de yanquilandia una celebración festiva que en Andalucía se limitaba a visitar las tumbas de los familiares en los cementerios, colocarles flores y, si acaso, comerse unos huesos de santo, unas gachas o un hornazo, una especie de torta con un huevo duro plantado en el centro, que se fabricaba en mnuchas panaderías de diversos pueblos del oriente andaluz. Pero, claro, el cine, la televisión y sobre todo internet, le han ido comiendo el coco al personal, sobre todo a los más jóvenes, y con la colaboración de colegios, bares, asociaciones y ayuntamientos, hemos convertido la tradicional fiesta española de Tosantos y los Difuntos en la de Jalogüin, ¡toma ya! con calabazas andantes, brujas sexis, muertos vivientes y Freddy Krueger, el Eduardo Manostijeras de la saga de Pesadilla en Elm Street, encabezando la retahila de horrorosos monstruos pringados de sangre y otras asquerosidades que poblarán nuestras calles y plazas el fin de semana. Los modernos dirán lo que quieran, pero a mí lo de los Jalogüin importados made in USA me parece una horterada de padre y muy señor mío. Entre otras cosas porque no hace falta irse a los Estados Unidos de América para descubrir fantasmas, monstruos y muertos vivientes con los que asustar al personal. A nosotros nos bastaría con asomarnos al televisor cada día para escoger el modelo a elegir.

No quiero poner ejemplos con nombres y apellidos para que no me llamen la atención, así que les dejo a ustedes que escojan entre los diversos ejemplares que pueblan nuestra actual fauna política, desde Mariano Rajoy a Pedro Sánchez pasando por Arturo Mas y sus socios y los jóvenes cachorros de Ciudadanos y Podemos. Porque yo no sé quien da más miedo si los zombies, los hombres lobo, los vampiros y los fantasmas que nos hacían temblar en el cine hace veinte o treinta años, o los muchachos que pululan a todas horas por nuestros televisores vendiendo sus mercancías políticas, casi todas pasadas de fecha. Hay que reconocer que alguno, usted y yo lo sabemos, tiene más cara de muerto viviente que el resto de sus compañeros, pero eso no es nuevo.Ese en el que usted está pensando hace tiempo que se dio cuenta que se le ha pasado el arroz aunque insista en seguir erre que erre al frente de un barco que se le va acabar hundiendo por más éxitos económicos que, eso hay que reconocérselo, haya obtenido..

Por lo demás aquí todo el mundo sigue haciendo cuentas sobre los escaños que van a sacar unos y otros el próximo 20 de diciembre. Y a casi nadie le salen las cuentas. Si difícil está que el PP, que parece ser que será el partido ganador de las elecciones generales, pueda obtener mayoría absoluta incluso apoyándose en Ciudadanos, peor lo tiene el PSOE que, como se cumplan las expectativas anunciadas por los sondeos, no sólo va a necesitar el apoyo de Podemos, sino también de Ciudadanos, Izquierda Unida y todo el que pase por delante de la carrera de San Jerónimo. ¿Y qué pasaría si la llave de la gobernabilidad la tienen finalmente los independentistas catalanes? ¿Pondrían su fuerza sobre la mesa para chantajear al próximo presidente del Ejecutuvo? La cuestión, tal y como están las cosas en estos momentos del desafío secesionista catalán no es baladí y debería de tenerse en cuenta por lo que pudiera ocurrir.

Tanto en uno como en otro partido, el probable varapalo del 20-D a ambos va a tener una primera lectura, que los españoles le dan un tercer aviso al bipartidismo entendido como hasta ahora y que los dos líderes que encabezan sus candidaturas a la Presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, no concitan un entusiasmo excesivo entre el personal. Y hay varios sustitutos/as que se frotan las manos esperando ver pasar el cadáver de su “amigo”, entre ellas dos mujeres de armas tomar.

Ya veremos lo que ocurre, pero a alguno se le va a atragantar el pavo de Navidad y las uvas y el cava de Nochevieja. Las Pascuas se van a hacer eternas con comidas y cenas interminables negociando pactos a diestro y siniestro. Porque, entre unas cosas y otras, aquí no vamos a tener nuevo Gobierno hasta, por lo menos, finales del mes de enero. Yo sé de alguno que va a jugar este año fuerte a la lotería a ver si el Gordo le salva los muebles y puede emigrar antes de que se produzca la debacle. Que, de eso estoy seguro, producirse, se va a producir en la derecha y en la izquierda. Quizás ambos se lo tienen merecido.

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