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Malas formas, malos fondos

Malas formas, malos fondos

sábado 28 de diciembre de 2013, 14:28h
Malas formas. El malvado Zapatero, principio y fin de todas nuestras desdichas (según el argumentario popular, es decir, el que fabrica el PP, entiéndase bien) se inventó una nueva tradición a añadir a las costumbres habituales en las relaciones con los medios de comunicación desde el Palacio de la Moncloa: el presidente del Gobierno daría dos ruedas de prensa fijas al año. La primera antes de las vacaciones del verano y la segunda al finalizar el año. El salvador Rajoy (también según el argumentario popular) la respetó el primer año de mandato pero se las ha arreglado para no cumplirla el segundo. Suprimió la de julio con la excusa de que acababa de comparecer en el Parlamento por el caso Bárcenas, y claro, para qué hacer luego una rueda de prensa si le iban a preguntar sobre lo que ya había aclarado, supuestamente, en el hemiciclo, ¿no? (dicho sea también siguiendo el argumentario popular). No ha querido cargarse también esta de diciembre porque necesitaba anunciar la buena nueva: "lo peor ha pasado, el año que viene será mucho mejor". 

Pero bien que se ha cuidado de que los periodistas no abusaran de la cita. Solo cincuenta minutos de exposición mediática de los cuáles consumió el solito más de diez en su exposición inicial. O sea, que exclusivamente unos cuarenta minutos para contestar a los informadores en su única rueda de prensa formal del año. Lo que para este presidente, es verdad, parece ser un suplicio insufrible al borde de la auténtica inmolación. Y para colmo de males sus asesores de comunicación le han dicho no quedaba bien, al menos esta vez, manipular las concesiones de palabra como se hace cuándo recibe  en Moncloa a los líderes europeos para que solo pregunten los periodistas más afectos al Gobierno. Pero a grandes males ya se sabe que grandes remedios. Ante las preguntas incómodas que esta vez sí se permitieron, el presidente Mariano Rajoy responde con despótica displicencia y una nada disimulada incomodidad. Y es que le molestan mucho los periodistas cuando preguntan lo que quieren, que suele ser lo que más interesa a los ciudadanos. Pongamos por caso las preguntas reiteradas sobre el aborto. 

A la primera de ellas se respondió con un lugar común, "es una ley equilibrada". A la segunda, interesada en saber si habrá variaciones en el proyecto, con una verdad a medias, "ya es cosa del Parlamento", como si nadie supiera que el partido del Gobierno tiene mayoría absoluta por lo que saldrá aprobado lo que decida ese grupo parlamentario. Y su jefe es precisamente Mariano Rajoy. Y a la tercera sobre el mismo tema, daba igual su sentido o matiz sobre las anteriores, la contestación es de manual: "sobre ese asunto ya he contestado antes". Y así con todo: caso Bárcenas, el registro de la sede el PP, reforma de la Constitución y hasta con el contenido ¡del discurso del Rey! Que al parecer también ha pasado a ser un asunto incómodo para el Gobierno. El presidente que dice que nos está sacando de la ruina está llevando a la miseria su comunicación con los periodistas y con los ciudadanos.

Malos fondos. Aparte de dar en su discurso una muestra más de firmeza ante el disparate secesionista del president Artur Mas y compañía, al presidente del Gobierno de España le interesaba sobremanera difundir a los cuatro vientos su triunfalista arenga al personal "lo peor ha pasado ahora todo será mucho mejor". Y se explayó con las cifras macroeconómicas, el turismo, las exportaciones, las palmaditas en la espalda del informe de la OCDE sobre la reforma laboral, las cifras levemente más alentadoras de crecimiento y de empleo,  y la caída de la prima de riesgo o las notas de las agencias de rating que nos han sacado del borde del abismo del bono basura para colocarnos solo un escalón más alejado de ese precipicio. Es verdad que hay cosas que han mejorado y de algunas, no de todas, es responsable este Gobierno. Pero no cabe mayor irresponsabilidad y falta de sensibilidad que decirles "lo  peor ha pasado" a los millones y millones de españoles que viven peor que cuando el PP ganó las elecciones. 


¿De verdad de verdad que lo peor ha pasado para el millón de nuevos desempleados que han perdido su empleo en los dos años que lleva gobernando Mariano Rajoy? ¿Ha pasado lo peor para los cientos de miles de personas que han agotado sus prestaciones por desempleo y, especialmente, para aquellos que  están en ese sector imposible de recolocar porque tienen más de 50 años? ¿Ha pasado lo peor para los tres millones de pobres de este país y los cientos de miles que han rebasado en estos años el umbral de la indigencia? ¿También para los que según Cáritas están en camino? ¿Acaso habrá más becas para las decenas de miles de estudiantes que ya las han perdido por reducirse la asignación presupuestaria? ¿Recuperarán los pensionistas el poder adquisitivo perdido también desde que llegó el PP o acaso ya no tendrán que abonar el copago de las medicinas? ¿Acaso en el próximo año las indemnizaciones por despido van a ser más cuantiosas? ¿Van a subir los salarios de verdad y no como dice el lenguaraz y mentiroso ministro Cristóbal Montoro? ¿No es ahora cuando empezarán a pagar sus tratamientos los enfermos crónicos? ¿Acaso volverá a las personas en tratamiento por dependencia el dinero que se les ha quitado? ¿Hay nuevos presupuestos para que los investigadores investiguen y no tengan que emigrar...? 

Deprime y hastía la cantidad de interrogaciones que se podrían construir clamando más que preguntando por encontrar un mínimo resquicio a través del que  se pudiera afirmar que sí, realmente sí, lo peor ha pasado para una inmensa mayoría de esta sociedad doliente e indignada por la larga crisis. Si no se puede comprar la moto de que cualquier mejoría macroeconómica que se haya producido es gracias a lo bien que lo ha hecho el Gobierno tampoco deberíamos caer en el sectarismo de que todo lo malo que nos ocurre es culpa exclusiva de Rajoy y de sus ministros. Aunque bien es verdad que se les votó otorgándoles un inmenso caudal de confianza para que arreglaran este entuerto, que es justo lo que prometían. Reconocida su incapacidad, al menos desde el Palacio de la Moncloa debieran tener la delicadeza de no herir la sensibilidad de quienes tan mal lo pasan con los hirientes mensajes triunfalistas del presidente del Gobierno. Ni las formas ni el fondo de su discurso son de recibo al finalizar este mal año 2013. No genera confianza, solo un cabreo del 10.
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