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Me falta fe

Me falta fe

martes 11 de marzo de 2014, 15:19h
Me gustaría rezar por ellos pero no puedo. Pienso que la vida se la debo a mi madre y que la perderé cuando mi cuerpo decida dejar de funcionar. Salvo que me pase como a ellos, que la barbarie asesina se la arrebató porque una siniestra organización de desalmados o iluminados estaban convencidos de que sus credos, ideas o lealtades valían más que sus vidas. Por eso no puedo rezar por ellos a ningún dios que permite semejante atrocidad. Si existe pero no se mete en estas cosas de los humanos de nada me vale. Y bien que lo siento. Me siento desahuciado de creencias divinas y solo puedo recurrir a sentimientos humanos ante la horrible tragedia del 11M2004. Me queda la memoria emocionada, el llanto por su desgracia infinita y a la de sus amigos y familiares... Me queda la solidaridad humana con todos ellos y con los heridos en la salvajada asesina de aquel día terrible. Conservo  la admiración por la inmensa capacidad de superación de quienes lograron salvar la vida ante el  odio asesino, de sus heroicas fuerzas de flaqueza por salir adelante con empeño pese a la ansiedad, a los miedos, a las pesadillas, a tanto dolor instalado para siempre en sus cuerpos y de sus almas. Gracias a ellos podemos seguir creyendo en el ser humano. Puedo mantener la fé en el hombre por el ejemplo de  los miles de servidores públicos y de ciudadanos normales que se emplearon a fondo en aquellas dificilísimas 24 horas siguientes a los diez estallidos, a los tres minutos de la muerte para aportar trabajo, sangre, ánimo y consuelo a tanto desvalido rescatado del horror a través de las destrozadas puertas de la estación de Atocha o de las vías desvencijadas de la calle Téllez, de El Pozo, de Santa Eugenia.

Pero apagado tanto heroísmo y distanciados del difícil día a día de las víctimas y sus seres queridos en estos diez años de duelo me ha sido difícil conservar  esa fe en los seres humanos. Porque frente a la barbarie y la aflicción llevamos una década de una enorme mezquindad y de terribles miserias. Estaban aún humeantes los hierros retorcidos de los trenes cuando los cálculos electorales difundieron la gran mentira oficial. Mientras los cadáveres recibían sepultura y las UVIS de varios hospitales no daban todavía  abasto con los heridos se montó la gran teoría de la conspiración. Avanzada la investigación policial y judicial se daba pábulo a las declaraciones de los acusados y detenidos como si ellos fueran los fedatarios de la verdad y se desvirtuaba, por el contrario, el trabajo de los profesionales para demostrar lo indemostrable y para manipular todo lo manipulable. Se buscaron bajo las piedras para confrontarlos a peritos, testigos y abogados supuestamente independientes sin que nunca supiéramos a ciencia cierta qué tipo de inconfesable dependencia, salvo la jerárquica y la profesional,  tenían los cientos de profesionales que estuvieron encargados de investigar y tramitar el más difícil sumario que jamás se había instruido en España.  Policías, jueces, peritos y fiscales sufrieron casi más persecución y escarnio mediático que los propios implicados y detenidos. Muchas de las víctimas que lograron conservar sus vidas y sus familiares pasaron a ser postergadas y desacreditadas frente a otras víctimas que se mostraron y aún se muestran  más abiertas a las oscuras y nunca probadas teorías conspiratorias.  Hicieron la división miserable entre víctimas buenas y víctimas malas. Durante el largo juicio y las posteriores deliberaciones del Tribunal Supremo se orquestó la inmensa campaña de la supuesta injusticia, según la cual todo el Estado de derecho se había plegado a no se sabe bien que oscuros designios interesados en encubrir y falsear una terrible verdad que nunca, por cierto, se fue capaz ni siquiera de enunciar. Los divulgadores de tanta infamia consideran apócrifa una sentencia que establece hechos probados, un relato fundamentado de los hechos y asigna penas a comportamientos criminales y delictivos tras un procedimiento penal pleno de garantías. Las lagunas de esta sentencia que, como todas, es incapaz de verificar uno tras otro todos los detalles de la inmensa tragedia del 11M son ahora el rescoldo al que se aferran los propagadores de tenebrosa conspiración para mantener la execrable teoría de que la verdad está oculta, la sentencia es falsa y no se ha hecho justicia. Es la respuesta más repugnante que jamás se pudo orquestar ante tanta muerte, tanto dolor y tanta barbarie asesina. Las víctimas no se lo merecen. Muy difícil creer en dioses, imposible creer en tantos seres humanos...
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