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Felipe VI y la normalidad

Felipe VI y la normalidad

jueves 19 de junio de 2014, 15:37h
En su primer discurso como Rey, Felipe VI prometía una "monarquía renovada para un tiempo nuevo". Mientras, su padre, el también Rey Juan Carlos I, probablemente seguiría la ceremonia de juramento de la Constitución de su hijo ante los representantes de los poderes del Estado, a través de la señal de la televisión de todos los españoles, TVE, que hizo una trasmisión ejemplar a través de la voz siempre joven de Ana Blanco.

Al mismo tiempo, miles y miles de personas se agolpaban alrededor de las calles y plazas de Madrid por donde discurriría la comitiva real para concentrarse después en la Plaza de Oriente. Esa plaza que sigue siendo la misma 50 años después, aunque bastante renovada, testigo de un tiempo nuevo en donde la democracia y la libertad de reunión, de opinión y de expresión siguen imperando, frente a aquella otra situación del tardofranquismo que en el mismo sitio donde Felipe VI se asomaba a la ventana de Palacio para recibir la aclamación del pueblo, daba fe entonces de la falta de esas libertades que hoy proclama la Constitución de 1978.


Celebraciones paralelas
Pero al mismo tiempo que todo esto ocurría y que a través de televisiones, cadenas de radio y portales de internet de los principales diarios del país -que, como Diario Crítico, llevaban también la señal audiovisual a sus páginas- otro grupo bastante menos numeroso de españoles se aplicaban en otros y variados menesteres. En el flujo permanente de gente moviéndose de un lado para otro en el centro de Madrid, para acabar dirigiéndose a la Plaza de Oriente, podían verse también buena parte de las terrazas próximas al itinerario, si tenían la suerte de estar a la sombra, llenas de turistas y lugareños, cómoda y tranquilamente sentados, comentando la efeméride.

Y en otro lugar no muy lejano de ese centro neurálgico de la comunión del nuevo Rey Felipe con su pueblo, en la Plaza de Tirso de Molina -que, por cierto, ha visitado don Felipe varias veces cuando era príncipe, porque reside allí un conocido cantante y poeta amigo de la familia real- discurría una modestísima manifestación a favor de la república, que apenas reunía a unas docenas de, no sé muy bien, si nostálgicos, utópicos, frustrados o despistados ciudadanos que no han sabido ver muy bien que no es ese el dilema que los españoles del siglo XXI tenemos hoy delante: democracia y libertad, o la falta de ellas. Esa libertad y esa democracia que, en los últimos 39 años, y, bajo un sistema de monarquía parlamentaria hemos podido disfrutar, frente a otros tantos años antes que un dictador, de cuyo nombre no quiero acordarme, nos había negado.

La crónica de la jornada pude completarla también a última hora viendo como un hombre, modesta pero limpiamente vestido, se asomaba a dos contenedores para intentar encontrar algún objeto o prenda que echarse a la bolsa, que ya llevaba medio llena, y un pequeño grupo de indigentes sentados en una esquina de otra plaza próxima, seguramente ajenos a las celebraciones que, unos cientos de metros más allá, fundían a un pueblo con su nuevo Rey. Ese es, don Felipe, su verdadero reto en los próximos años: que no haya ni un solo español que no tenga acceso a los medios mínimos e imprescindibles para poder llevar una vida digna.
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