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Todo lo que se nos va quedando viejo

Todo lo que se nos va quedando viejo

sábado 20 de diciembre de 2014, 11:29h
Anduve, según una costumbre inveterada, pululando por los pasillos del Congreso esta semana, en la última sesión de un curso que se acababa en medio de una intensa agitación política: ese mismo día, Mariano Rajoy tenía que ponerse a buscar -creo que ya tenía el nombre como un as en la manga-a alguien que sustituyese al dimisionario Eduardo Torres-Dulce en la fiscalía general. Porque creo que dimisión, y no cese, ha sido lo suyo, aunque, cuando se produce un desencuentro, el divorcio nunca está causado solamente por una de las partes, ni por un único motivo. Es el caso que la designada fue Consuelo Madrigal, poco amiga de notoriedades y de gestos espectaculares, buena fiscal dicen, y conservadora porque sí, no porque se halle oficialmente cercana al Partido Popular.

El relevo ha sido rápido y la crisis institucional, profunda. Pero el malestar en la justicia no se ha aplazado con la llegada de un nuevo ministro, el calmado Rafael Catalá, que sustituye al impetuoso Ruiz-Gallardón, de no muy feliz memoria. Esa crisis de uno de los poderes, el Judicial, alcanza cotas notables -espectacular ha sido el último 'encontronazo' con el ministro del Interior, que pienso que será el próximo en 'caer', por mucho que Rajoy trate de impedir cualquier remodelación ministerial--, y era una de las cuestiones de las que se hablaba en esa última sesión parlamentaria del año a la que me refería.

Pero, ya que hablamos de los poderes de Montesquieu, esos a los que Guerra dio, anticipadamente, por finiquitados, el Legislativo también tiene lo suyo: se están yendo las figuras más veteranas, y la despedida a Alfonso Guerra podría haber sido, anticipada, la de otras muchas personalidades que han acompañado a los leones durante varias legislaturas y que van a dejar la Carrera de San Jerónimo: solamente en el grupo socialista se anticipan ya otras despedidas, además del hasta ahora incombustible, polémico, Guerra. No se admiten ya rostros demasiado conocidos, o viejos, en el hemiciclo. Qué le vamos a hacer: ese efebismo es el signo de estos tiempos apresurados.

Y es que se nos van quedando viejas muchas cosas, que se quedan arrumbadas junto al año que se despide. Incluso en el grupo parlamentario Popular se han producido algunas variaciones, no demasiado significativas, a mi entender, al pasar al Ministerio de Sanidad el que hasta ahora era portavoz, Alfonso Alonso. No son, si usted quiere, las piezas principales, ni, desde luego, el PP está haciendo la profunda transformación interna que ya hizo, con todas las dificultades y consecuencias que ahora van aflorando, el PSOE; pero desde luego que hay cosas que se van moviendo en el entramado -Gobierno, partido, grupo parlamentario-del PP. Esta sería, para mí, una de las claves de la semana que concluye: el inmovilismo de Rajoy se cuartea merced a la realidad. Porque ¿cómo seguir pensando, o queriendo pensar, que nada ocurre cuando tantas cosas viejas, incluyendo el 'muro caribeño' en torno a Cuba, caen?

Guerra llevaba treinta y siete años en el escaño; Cuba, medio siglo largo padeciendo el bloqueo (y el embargo) de los Estados Unidos. Como el de Berlín, este otro muro se ha caído con sigilo, sin que nadie casi lo advirtiese. Hubo un día en el que parecía imposible que Guerra no estuviese, en su oficio de inspector de nubes, sentado en su escaño, azul o rojo. Y ya nos habíamos acostumbrado a la anomalía de la situación cubana. Como casi acabábamos de tomar por rutinarios los enfrentamientos entre el Fiscal y 'su' Gobierno. Las cosas se mueven alrededor de un Ejecutivo que permanece quieto-parado, disfrutando con el sesgo de algunas encuestas recientes que dicen que el independentismo retrocede en Cataluña, y eso sin que desde el Ejecutivo central se haya dado apenas paso alguno. Algo. Retrocede algo. Y, por cierto, el federalismo que predican, sin demasiadas concreciones aún, los socialistas Pedro Sánchez e Iceta parece que avanza. Algo.

Lo viejo...¿Es vieja una corrupción ocurrida hace unos años, aunque ahora se destape en todo su horror? ¿Son viejas las fórmulas institucionales, territoriales, políticas, económicas, que nos rigen? He ofrecido apenas unas pinceladas de un cambio que nos viene y que es sin duda mucho más profundo que los meros síntomas externos de ese cambio: quedarse en que, al fin, una mujer va a encabezar la Fiscalía del Estado no deja de ser otra cosa que arañar en la superficie. Creo que el estadista ha de aspirar a liderar los vientos de mudanza, no a dejarse mecer por la brisa, que un día pudiera ser vendaval, de esa mudanza. Porque Rajoy ya va corriendo el riesgo de que un día, de repente, alguien piense que 'lo viejo' es él. Y no estoy seguro de que, hoy por hoy, esa sea la mejor salida para el conjunto de la ciudadanía. Como tampoco lo es anclarse en lo consolidado, como si hubiese algo realmente consolidado en este país nuestro.
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