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Belleza y oscuridad

Belleza y oscuridad

jueves 25 de diciembre de 2014, 19:38h
Belleza frágil y efímera, podrá salvarse sólo alguna vez en las doloridas manos del poeta, como hace keats con sus Odas llegando a la propia esencia de la belleza, enlazándola con la dureza de la temporalidad que los seres humanos sienten como una maldición. La maldición bíblica, la del pecado original, la del propio infierno rugiendo con sus llamas en la vida. El infierno son los otros, decía Sartre, o sea nosotros en tanto que también somos parte de los otros. Lo que más me maravilla del romanticismo es esa iluminación mediante la cual se salva la vida, y también la muerte, por la existencia de la belleza, en el paisaje, en los recuerdos, en los mitos ancestrales, en el profundo y último sentimiento de trascendencia que como huella genética el universo grabó en nuestro ADN. Aquel intenso atardecer que luce con su más grandiosa belleza, antes de morir, no puede ser gratuito, pensamos. No puede no tener sentido. No puede ser solo un incendio que produce el azar. 

Toda esa magia que se despliega en la noche estrellada, vibrando en lágrimas de luz sobre la incierta oscuridad del vacío (dice el cosmólogo Lawrence M. Krauss, profesor de física en la Universidad de Yale, que el vacío no existe, que en la "nada" hay un potencial de crear algo, lo cual se define como materia negativa...), ese vacío, digo, ha de tener un sentido distinto al de no tener sentido. No puede ser solo por ser. Además el hecho de que la materia tenga leyes implica la existencia de un  legislador, como terminaron diciendo Voltaire y Newton. Aunque, para argumentarlo, usamos un instrumento, la razón, con el que es imposible llegar al conocimiento de las infinitas capas de la cebolla que hay en la materia, como dijo Richard Feynman. Saramago, de espíritu ateo, se preguntaba una noche, mirando el bellísimo cielo de Lanzarote, que toda aquella inmensa cúpula de llamas para qué. Para qué todo ese campo de estrellas, galaxias, cometas, sombras viajando por el abstracto cuadro del universo.

Quizá para ser la belleza. Una belleza con un sentido más allá de la materia, que al cabo la ajusta en percepciones dolorosas (el bello mar destruyendo con su tormenta los barcos). Una belleza como verdad en el sentido keatsiano. La esencia, la alegría que da sentido al ser. Una cosa bella es alegría para siempre, dice Keats en el primer verso de Endymión. Y si es cierto que solo el poeta puede atrapar, con sus doloridas manos, la poesía del enigma de la existencia, recuerdo la "Oda a una urna griega" de Keats, que finaliza con estas palabras: "Cuando a nuestra generación destruya el tiempo tú permanecerás (...) diciendo: La belleza es verdad y la verdad belleza, nada más se sabe en esta tierra, y no más hace falta".
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