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Un subidón del 15

Un subidón del 15

miércoles 07 de enero de 2015, 14:53h
Me dan envidia los indignados que han encontrado líder y banderín de enganche para darle la vuelta a la tortilla. Se parecen bastante a los que nos apuntamos al cambio en 1982. Una nueva generación se movilizaba masivamente entonces para dar contenido a la incipiente democracia, arrinconar a la dictadura aun latente y no definitivamente derrotada y se imponía el objetivo de conquistar el estado de bienestar del que se beneficiaban desde hacía décadas los vecinos europeos. Los de hoy se apuntan también a tomar el Palacio de Invierno aunque su santo y seña sea solo la ruptura, romper candados y acabar con la casta. Es su única ideología junto una clara estrategia electoral: ponerse al frente de la manifestación del descontento gritando mas que nadie contra el stablishment. Ellos y sus muchos seguidores de las redes sociales son los únicos que tienen un subidón del 15, de este año tri o tetraelectoral, según se dé o se encuentre uno empadronado.

La maquinaria de los partidos intentará contrarrestar su ilusión desmedida con propósitos de enmienda y supuestas medidas de transparencias. Querrán volvernos a engañar para hacernos creer que nunca se encontraron los políticos más cercanos al ciudadano. Cultivarán el miedo al populismo radical e intentarán reconducir al electorado desencantado con sus sloganes de campaña más o menos tradicionales. Optimismo oficial. Mariano Rajoy ha ordenado que  la crisis pase a la historia y su tecnócrata ministro Luis De Guindos ya no tiene miedo a perder su empleo; la moraleja es que salvaron al país del hundimiento socialista y si ahora les hacemos caso y les damos nuestro voto volveremos  a atar los perros con longanizas. La oposición va de nuevas, cambio de caras como si no tuvieran nada que ver con la política socialista del inicio de la crisis y denuncia de la desigualdad y la precariedad del empleo y de las condiciones sociales. Fuera del bipartidismo, IU se desintegra porque al rancio partido comunista le sucedió un conglomerado de formaciones progresistas indefinidas que ahora se sienten viejos ante Podemos. Los partidos de la bisagra piensan que la fuerte irrupción de una tercera fuerza les va  a restar opciones de abrirse paso y de ahí las crisis de los políticos marca como Rosa Díez. Finalmente, los nacionalistas sueñan con hacerse fuertes en las elecciones municipales y esperan, al final del año, a un futuro gobierno de Madrid más débil al que puedan manejar mejor, aunque quizás la táctica catalana, pasada de vueltas, siga teniendo una salida imposible, gobierne quien gobierne en toda España.

Ni los reclamos tradicionales ni las tretas televisivas y supuestamente radicales para manejar el hartazgo del personal podrán fácilmente con quienes estamos hartos de estar hartos de un sistema en el que participamos con tanta ilusión y ha acabado protegiendo y amparando la corrupción casi masiva y el endiosamiento de la clase política, la desigualdad galopante y el desprecio por la ideología y la honesta aspiración de los ciudadanos a participar en política. Se da la tormenta política perfecta que describía José Saramago en la ciudad sin nombre de su "Ensayo sobre la lucidez" (Alfaguara 2004), en la que los ciudadanos ejercen su desolación en las urnas. Como les ocurría a los anónimos votantes de la genial ficción del premio Nobel de Literatura vamos a ser muchos los que no tendremos subidón alguno en este 2015 por acercarnos a las urnas, nos será casi imposible depositar la confianza en un líder o lideresa o en una candidatura escrita en una papeleta cerrada y bloqueada. Solo una idea para salir de este marasmo: volver a las urnas aunque sea para llenarlas de gritos de desaprobación como en la ficción del escritor luso. La democracia se arregla con más democracia y no hay democracia sin voto.  Habrá que llenar las urnas, aunque sea de sobres vacíos.
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