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La ciencia se muere lentamente

La ciencia se muere lentamente

miércoles 14 de enero de 2015, 16:17h
La I+D+I agoniza lentamente en este país. Recorte tras recorte,  el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, ese prestigioso organismo casa de acogida de los más brillantes científicos de las últimas generaciones, empieza a ser un cascarón vacío. La investigación, motor del progreso en el siglo XXI, ha sido abandonada a su suerte o confiada a la iniciativa privada.

El último ejemplo se ha conocido ayer. Alegando una pura cuestión administrativa, el Gobierno ha declinado participar en un proyecto de investigación europeo en humanidades que cuenta con un presupuesto de veintitrés millones de euros. Lo peor es que ha dejado colgados a varios grupos españoles que, incitados por la administración, se habían presentado como candidatos y ya estaban preseleccionados.

El organismo europeo que coordina los trabajos (HERA) ha comunicado a los investigadores que, al abandonar España el proyecto, ningún científico de nuestro país podrá participar. Y habrá quien piense que, en estos momentos de quebranto económico, no están las arcas públicas para compartir la ciencia con Europa. Seguramente les convenza saber que el coste de estar presentes en un organismo que agrupa a veinticuatro países ascendía solo a un millón y medio de euros. Somos pobres, pero hemos quedado como tercermundistas.

Esto afecta a las humanidades y a un proyecto compartido con Europa, cosa que da más vergüenza abandonar, pero antes ya lo habían sufrido en sus carnes científicos de otras disciplinas que vieron desparecer las subvenciones que permitían mantener abiertos sus laboratorios.

Investigadores punteros que volvieron a España después de una fecunda formación y creyendo que, esta vez sí, se apostaba por el futuro, están regresando a los organismos que les acogen con los brazos abiertos pero lejos del país donde nacieron y que les educó.

La medicina ha aportado estos días dos vivos ejemplos de la importancia de la investigación en el siglo que vivimos. Una de ellas ha sido el drama que están viviendo los enfermos de Hepatitis C porque el coste de los medicamentos que pueden salvarles la vida es tan alto que la administración lo costea con cuentagotas. La patente es de unos laboratorios que han pagado la costosísima investigación que produce estos "milagros" terapéuticos. Si no se hace investigación pública ¿Cómo se va a exigir a los que lo hacen que regalen sus hallazgos?

El otro ejemplo es el éxito de los trasplantes de órganos. España es el país con mayor índice de donaciones. La generosidad social se ve compensada con el número altísimo de vidas salvadas con esta técnica. Pero solo la investigación de nuevos fármacos que evitan el rechazo ha logrado aumentar significativamente la supervivencia de los trasplantados. Ha dejado de ser un método experimental y paliativo para convertirse en definitivo.

La Ciencia no es solo medicina o bioquímica o astrofísica, abarca todos los campos del saber humano, hace avanzar las civilizaciones y los pueblos. Los retrasos se pagan con décadas de subdesarrollo e incluso de empobrecimiento. En un mundo global un país no puede quedarse fuera de la investigación científica porque pagará muy caro los avances que otros descubran.
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