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Al primer tapón zurrapa

sábado 20 de junio de 2015, 09:37h
Imagino que ya saben a qué me refiero. Una semana después de la toma de posesión de los nuevos ayuntamientos surgidos de las elecciones del 24 de mayo, algunos alcaldes ya han comenzado a dar la nota. La primera medida que han adoptados unos es subirse el sueldo a niveles de la presidenta de la Junta, otros, sin embargo, fieles a sus principios, no han okupado bancos y expropiado sus palacios a los ricos sino que, como ha hecho el alcalde de Cádiz, José María González “Kichi” ha sustituído el cuadro del Rey por el del líder anarquista y ex alcalde de la Tacita de Plata, Fermín Salvochea, y ha arriado la monumental bandera de España que ondeaba en la Plaza de Sevilla porque, afirma, “cada vez que se iza o se baja la bandera cuesta 150 euros, casi lo que cuesta el alquiler de un piso”. Vamos, no jodas, Kichi, ¿por qué no llamas las cosas por su nombre y reconoces que lo que te hubiera gustado izar en la Plaza de Sevilla es la tricolor republicana? Ya verías como esa no las arriabas aunque soplara levante huracanado.

Creo que ambas eran medidas urgentes que demandaban los gaditanos por encima de cualquier otra cosa. Nada de buscarle empleo a los parados de los Astilleros, recolocar a los pescadores, fomentar la inversión o hacer gestiones para buscar vivienda a los desahuciados, Eso no corre prisa, faltaría más Hay por delante cuatros años y otros tantos Carnavales para que los coros, las chirigotas, las comparsas y los cuartetos le canten a Kichi lo que el pueblo siente por su demagogia y desparpajo. Pero hasta que llegue febrero queda mucho por hacer. Arriar e izar la bandera de España, y no olvidemos que Cádiz es la única ciudad que siempre ha sido española cuando el resto de la península cayó bajo la dominación napoleónica, puede costar 150 euros a las arcas municipales, lo que no sabemos es cuanto ha costado la primera recepción oficial al líder de Podemos,Pablo Iglesias, recibido por el alcalde con honores de jefe de Estado.

Dicen los muchachos de Podemos que su gestión, lo hagan como lo hagan, va a ser cuestionada por todos los medios de comunicación y por los partidos que ellos llaman de la “casta” que son quienes los dominan. Es posible que así sea, pero no lo es menos que a solo una semana de su toma de posesión los principales alcaldes de Podemos o afines ya están dando que hablar. Porque no me digan que la abuelita madrileña, Manuela Carmena no se está luciendo al mandar a las madres a limpiar los colegios o al incorporar a su ayuntamiento a twitteros bastante racistas. Para mí que Carmena está remedando las poses y los hábitos del viejo profesor, ya saben, Enrique Tierno Galván, con sus porros, sus arengas y sus movidas, olvidándose que los tiempos han evolucionado y la gente lo que busca desesperadamente en estos momentos no son garitos donde escuchar la música de los modernos sino puestos de trabajo que les proporcionen los medios para subsistir.

Y mientras las llamadas nuevas fuerzas renovadoras siguen a lo suyo, los dos grandes de la “casta”, PP y PSOE continuan sin enterarse de qué va la película. Por un lado, el líder socialista, Pedro “Zapatero” Sánchez (cada día se le parece más al ex presidente de nefasto recuerdo) se está echando en brazos de Pablo Iglesias con el fin de liderar un “frente popular” que le arrebate al PP el Gobierno de la nación. Error, craso error. Si alguien va a liderar ese supuesto frente popular que tanto y tan peligrosamente promociona Sánchez no va a ser él, sino el de la coleta a quien le va a poner en bandeja de plata el Gobierno de este país para que podamos seguir el camino hacia el corralito iniciado por los griegos de Syriza.

En cuanto al PP, ¿qué decir que no sepamos todos? El Gatopardo Rajoy sigue encerrado en sí mismo enrocándose en sus afines y sin tomar medidas eficaces que relancen un centroderecha sumido en la apatía y la desmoralización. Como Lampedusa aplica la máxima de que todo cambie para que todo siga igual. Y lo malo es que todo va a seguir igual hasta noviembre cuando ya no quede tiempo para reaccionar. Las elecciones generales de finales de año no pintan nada bien y los españoles llevamos camino de meternos en un laberinto y en un infierno del que nos va a costar sangre, sudor y lágrimas, salir. Espero equivocarme o, al menos, que me toque la primitiva y pueda emigrar a Francia antes de que el de la coleta okupe La Moncloa.
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