www.diariocritico.com

Zafarrancho de combate

martes 07 de julio de 2015, 09:45h
Un domingo de verano, desde un diario clásico, José María Aznar, presidente de honor del PP, lanzó unas declaraciones que eran como un toque de zafarrancho de combate. Todos los recursos humanos, babor y estribor de guardia, a sus puestos y todas las armas a punto, sin divisiones ni remilgos, para una próxima gran batalla electoral. El problema es que el zafarrancho tiene que ser una orden operativa y Aznar se limitaba a dar un consejo. Una orden de disposición de todos los efectivos, propios y afines, económicos y sociales, para salvar a España del riesgo peligroso de caer en manos de los heraldos de la miseria: demagogos, extremistas, resentidos, insolventes e improvisados infiltrados en las instituciones del Estado. Muy bien el toque de atención, pero hay que ponerlo en práctica y no solo decirlo.

Existe un gobierno que está cumpliendo su difícil cometido económico-social de salida de la crisis y logrando fiabilidad nacional e internacional, dentro de las grandes dificultades de un tiempo europeo borrascoso. Pero un gobierno sensato no es en sí mismo una máquina de ganar elecciones sino un órgano de gestión ejecutiva, en los días finales de dicha gestión. Ese gobierno necesita una movilización de partido –o de partidos y fuerzas sociales- que trabajen de campo, no de burocracia. El partido no puede ser una simple prórroga del gobierno en ratos libres. Ni un refugio de damnificados. El movimiento ciudadano capaz de hacer frente a la amenaza populista necesita una plena dedicación a pie de calle que permita al gobierno cumplir sus deberes sin distraerse en el debate político de cada día y cada lugar. Una movilización capaz de respaldarlo hoy y de potenciar la continuidad de su esfuerzo mañana, cuando muchos de sus actuales recursos humanos se hayan quemado en el empeño de hacer lo conveniente, aunque esto no sea lo más populachero.

Por ello, los personajes como Aznar, con predicamento nacional e internacional en la opinión consciente de la situación, no pueden limitarse a dar sabios consejos sino que deben bajar de los pedestales del honor al campo de batalla. Dar apoyo al gobierno para que se ocupe de plena dedicación a lo importante y vital; crecimiento, estabilidad y empleo; y levantar la bandera energética que la sociedad está esperando para reagruparse como base sociológica de una España con un futuro positivo. Ocúpate de lo de todos, que es el deber de todo gobierno, que nosotros nos ocuparemos de reencontrar y movilizar a los nuestros y a nuestros amigos. No se pueden pedir peras al olmo ni coloreadas naranjas al pino de Rajoy.

Transcurrió, entre tanto, una larga semana apestada por el hedor izquierdista de corralito griego. La marca española de Syriza y las marcas blancas de Podemos, ofrecían al público su tentación irracional y demagógica con invitación al suicidio. Se sentía la necesidad de una reacción a tiempo, que ya no es un asunto interno de partido ni de combinaciones de siglas sino la puesta a punto del Estado y de la sociedad civil en torno a su instinto de seguridad y conservación. Ese instinto popular que deben saber reorganizar y reactivar los políticos para arrinconar a esas pandillas marginales de farsantes sin escrúpulos que intentan remover los bajos fondos del malestar y la ira como método para alzar sus esperpentos y engañifas de neocomunistas reciclados. El miedo a la catástrofe no es suficiente si no existe una estimulación política del voto responsable. Unos votantes que hay que iluminar para que comprendan que no se juega a cambios de modas o personas sino a romper el modelo de Estado, tan laboriosamente reconstruido tras las catástrofes de la primera mitad del Siglo XX.

Pasó una semana propicia a la siembra de votos favorables a la estabilidad y el realismo, con los syrizas españoles, sus marcas indefinidas y sus cómplices desconcertados por el espectáculo griego y sus repercusiones sociales. Pero el vacío ideológico de la moderación permanece hueco y sus grietas internas sin soldadura, más allá de unos cursillos veraniegos. ¿Quién está buscando al votante potencial de la recuperación? Hay incapacidad para sensibilizar y encuadrar a la opinión pública contra una amenaza que puede derrumbar la arquitectura política que protege sus libertades y su nivel de vida empieza a ser irritante.

Rajoy y Aznar clausurando el “campus” de FAES, físicamente cercanos y mentalmente distantes, como siempre. El zafarrancho como una tamborrada veraniega. Y el referéndum griego como una muestra de hasta dónde puede arrastrar a una nación sin norte la terrorífica predicación populista. Lo que da miedo no es tanto un futuro con riesgo de inestabilidad cuanto un presente incapaz de hacer valer sus propias razones y desplegar toda la fortaleza de sus bases sociales. La debilidad de la respuesta es más temerosa que la agresividad de los provocadores. Hay quien, hasta ahora, hizo lo que tenía que hacer pero no está haciendo todo lo que hay que hacer para garantizar el futuro que España merece.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios