
Pues sí, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y dinosaureados niños y niñas que me leéis, Carmen Thyssen (née Cervera) ha vuelto a montar el faisán, que para eso es baronesa viuda y lo del pollo (a pesar de que está a punto de cotizar en las Bolsas internacionales, sección materiales preciosos) queda como muy vulgar, como muy de la plebe. Et pour quoi?, os interrogaréis pensando en el por qué de una nueva aparición pública de Madame la Baronne, que está de lo más combativa.
Lo cierto es que no está de acuerdo con el séptimo proyecto de Albertito Ruiz Gallardón para la reforma (en Madrid, por supuesto) del eje Prado-Recoletos. Dice la baronesa viuda que no está dispuesta a que no quiere que le metan una autovía de cinco carriles delante de su Museo. Pero Tita no está sola en su lucha, como me cuenta mi amigo Elisardo de Serrano. Porque lo bueno es que Carmen Cervera ha formado pandilla con el ministro de Cultura, César Antonio Molina, que también opina que el proyecto de Gallardón es un auténtico disparate. O sea, que llueve sobre mojado.
Porque el año pasado, Tita Cervera montó un faisán de tres pares de alas, cuando se encadenó a uno de los árboles del Paseo del Prado, de esos que en un anterior proyecto gallardoniano iban destinados a la tala y a acabar su tronco en cualquier barbacoa dominguera de gentes de clase media baja, con adosado en cualquier pueblo de la Sierra de Madrid.
Lanzada por el sendero de la guerra urbanoecologista, Tita utiliza hasta el arte para conseguir su propósito. El pasado viernes, la baronesa estaba en Rute (Córdoba), amadrinando un simpático pollino de pura raza andaluza. Y como quiera que el acto duró poquísimo, pues se dedicó a visitar lo más notable del lugar, entre ello estaba el taller de Cano Mancilla, un malagueño de 45 años que lleva más de quince dedicándose a contar historias a través de esculturas. Y, hete aquí, que la baronesa se prendó de una singular escultura de dos metros de altura: un dinosaurio de cuerpo y extremidades de hierro y la cabeza de piedra. Amor ml intencionado a primera vista: las aguas de la piedra reproducían la sonrisa de Gallardón. O sea, que Tita tiró de talonario y adquirió la escultura a la que, inmediatamente, bautizó con el nombre del alcalde madrileño. Una nueva adquisición, pues para el Museo Thyssen, donde, lo más posible es que Tita ubique la escultura pongamos que tocando a los lavabos. Porque la escultura de marras estaba predestinada a ocupar un lugar tan poco honorable. Como que, hasta ahora, se encontraba en el patio de la Casa del Burro ruteña.
La guerra, pequeñines/as míos/as, prosigue. Gallardón no saca adelante su reforma del Paseo del Prado. Lo único que logra con sus proyectos es que Tita le saque los colores. Dicho lo cual se impone una urgente intermediación, casi como la de los cascos azules de la ONU. Razonemos.
¿Qué le molesta a Carmen Thyssen? Pues que le metan delante de su museo una autovía de cinco carriles. ¿Por qué quiere Gallardón esa vía rápida? Pues para acceder a su nuevo despacho en el Palacio de Telecomunicaciones, que está en la Plaza de la Cibeles, apenas a 150 metros del Museo Thyssen. Entonces, ¿qué tal si ambos, la baronesa y el alcalde se ponen de acuerdo y realizan una permuta? Pero si es muy fácil. El Thyssen se va a Cibeles y Gallardón se va al Palacio de Vistahermosa, sede del museo de la baronesa. Aquí, quien no se conforma es porque no quiere.
Claro que, mientras no se llegue al acuerdo, de momento, al despertar Tita el dinosaurio seguía allí. Y por partida doble.