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La caja de los truenos

lunes 28 de septiembre de 2015, 15:12h

A estas alturas ya se han hecho en periódicos, tertulias radiofónicas y televisivas todas las lecturas posibles del 27-S. Lecturas casi siempre apasionantes y demasiadas veces apasionadas sobre una realidad que cada cual interpreta a su manera.

Pero si algo ha quedado claro es que –digan lo que digan los independentistas- han ganado la mayoría –no absoluta- para formar gobierno pero no han ganado lo que ellos realmente presentaban como principal valor de estas elecciones autonómicas: el plebiscito de una mayoría de catalanes partidarios de la independencia. Se siente pero han perdido en votos lo que una ley electoral les da en escaños. Pero al margen de todo este análisis, lo verdaderamente preocupante es la fractura de la sociedad catalana y los difícilmente creíbles compañeros de viajes que se pueden originar a partir de aquí.

En Cataluña ya se esté dando ese fenómeno terrible de que familias enteras evitan hablar de ciertos temas porque unos son de una manera de pensar y otros de otra y lo que antes se podía discutir con cierta tranquilidad y “de buen rollo”, que diría Mas, lleva ahora a posturas radicales que recuerdan tristemente a unos tiempos en los que con los propios familiares del País Vasco –no digo ya en conversaciones de bares- mejor era ni discutir siguiera de futbol si aparecía el real Madrid por medio. ¿Por qué se ha radicalizado hasta esos extremos el problema en Cataluña? Hay dos factores que me parecen fundamentales: los medios de comunicación y las escuelas.

Por otra parte no es fácil entender la nueva hermandad –a ver cuánto dura- de Esquerra con Convergencia; parece que fue ayer cuando ERC ponía el grito en el cielo por la presunta corrupción del partido de Mas y el famoso y olvidado ya por todos, 3%. Pero si este entendimiento no es fácil de asimilar, mucha más difícil es la necesaria colaboración de la CUP –lo más parecido a Bildu en versión catalana- con el partido de la burguesía de toda la vida, el partido de las clases medias acomodadas que nutren –o nutrían- la razón de ser de Convergencia.

Una vez declarada solemne e inútilmente la independencia de Cataluña y mientras el Gobierno Central se mete en legalidades constitucionales, la nueva Generalitat tendrá que gobernar aprobando los presupuestos definiendo una determinada política fiscal: ¿Va a apoyar la CUP todo eso? Y aun antes ¿Va respaldar la CUP a Mas como nuevo presidente después de haberle negado el pan y la sal?

No sé, pero es penoso haber llegado a lo que se ha llegado en Cataluña cuando realmente de lo único que se trataba era de hacer una reforma para todas las comunidades del tema de la financiación.

Y todo este panorama con la generales a la vuelta de la esquina de forma que nadie se va a pronunciar antes por si acaso. En mala hora Zapatero dijo lo que nunca debió decir: aprobaré lo que se apruebe en la Parlamento Catalán. No pudo, claro, pero abrió la caja de los truenos.

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