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Daños colaterales de Mas

miércoles 30 de septiembre de 2015, 07:48h

Creo firmemente que la vía islandesa es más que aconsejable cuando un dirigente político actúa de manera que, aún a sabiendas, causa con sus decisiones un grave daño a los ciudadanos a los que administra y provoca elevados daños colaterales en el extranjero. La vía islandesa, al menos, sentó en el banquillo de los acusados a un primer ministro aunque no dictó una condena contundente. Resulta demasiado fácil y barato que, en España, la única pena por tomar decisiones equivocadas, a sabiendas, sea la de irse a su casa porque pierdes unas elecciones y al Senado o a un consejo de administración o al Consejo de Estado.

Es el caso de Zapatero y su nefasta política económica. Y va a ser el de un Artur Mas, dispuesto a llevarse por delante todo lo que pueda tras decidir su suicidio político, hace algunos años, para tapar su pésima gestión y la corrupción. Por mucho que diga que sigue adelante con el proceso soberanista para Cataluña, el único mandato que ha conseguido en las urnas es averiguar quien manda en la coalición Junts pel Si: ¿él o Junqueras? Y ya veremos si Romeva no entra en el juego. Y lo más complicado es convencer a los antisistema de la CUP, encabezados por el radical Antonio Baños, para formar gobierno. Los ciudadanos catalanes han decidido que Mas y Junqueras ganen las elecciones pero sin mayoría absoluta y, lo más trascendente, que ni siquiera con los de la CUP lleguen al 48% de votos independentistas, frente al 52% de los que quieren mantenerse en España.

El daño causado por Mas en esta aventura de pesadilla es enorme. Ha dividido a la sociedad catalana, ha destrozado su partido, está en manos de extremistas, la economía catalana y la del resto de España ha sufrido el retraso de importantes inversiones extranjeras y nacionales y la imagen en los medios de comunicación de todo el mundo es de confusión sobre la realidad de lo que pasa en Cataluña y en el resto de España. Solo hay que ver los titulares de algunos medios importantes. Estos daños colaterales son enormes para un país como España que tiene en el turismo una de sus principales fuentes de ingresos y que depende de su imagen en el exterior. Mas debería asumir más responsabilidades que las políticas porque el perjuicio que está causando a todos, sobre todo a los propios catalanes, va a costar tiempo y dinero restañarlo, pero sobre todo prestigio y credibilidad.

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