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Colores compuestos

lunes 12 de octubre de 2015, 10:24h
Como es sabido, son tres los colores netos del espectro: azul, amarillo y rojo. En segundo grado, el rojo y el amarillo componen el naranja y el rojo y el azul el morado. Asumidos los colores netos por los partidos veteranos, las nuevas propuestas, Ciudadanos y Podemos, han elegido sus colores en este segundo grado o nivel de mezclas. El naranja es un color luminoso, alegre y vitamínico, muy acorde con la imagen joven y regeneradora que pretende ofrecer Ciudadanos. El morado es un color fúnebre, triste y sombrío, muy propio del estilo regresivo y revanchista de Podemos. Con estos tonos van a desplegar su ambigua parafernalia, con el afán de desempeñar papeles condicionantes en las próximas elecciones generales. Lo que resulte, a la hora de la verdad, depende de unos cálculos matemáticos impredecibles en estos días, sin conocer el grado de fidelidad que mantendrán los antiguos votantes de los partidos consolidados ni la capacidad de captación de votantes que posean las candidaturas de unas nuevas fuerzas que son más propuestas mediáticas que partidos organizados.


Dos consecuencias de estas irrupciones, con las que no se contaba en la anterior legislatura, pueden deducirse desde los análisis demoscópicos que les otorgan pronósticos significativos. La primera y más positiva es el retroceso de los nacionalismos, limitados territorialmente, a posiciones menos relevantes, en un tercer nivel de influencia parlamentaria, tras ser desplazados por una proyección nacional, más o menos numerosa, pero sin las fronteras etnoculturales de las eternas querellas independentistas. La segunda, más negativa, es la incertidumbre e inestabilidad que comportan su versatilidad ideológica y su estrategia pactista que puede adulterar la voluntad del electorado al no conocer este a ciencia cierta cuál será la definitiva posición que tome la ambición personal de sus dirigentes, una vez que se vean dueños de sus respectivas cuotas de negociación con unos u otros interlocutores.


En esta fase de precampaña, el electorado supone alegremente unos papeles predeterminados a Ciudadanos y Podemos que para nada pueden ser tenidos en cuenta como factores fiables y estables. Los potenciales electores poco avisados parecen creer que Ciudadanos es el complemento o prolongación instintiva de la democracia liberal que representa el PP y que Podemos es el complemento natural instintivo de la social democracia que representa el PSOE. Pero la conducta de unos y otros en anteriores procesos electorales no permite presuponer otras conductas postelectorales que las dictadas por el oportunismo, la vanidad y una estrategia de fondo rupturista, sin compromiso ni lealtad que vincule a ninguna de estas dos fuerzas con principios ideológicos firmes.


No existe una simetría previsible de aproximación de Ciudadanos al PP ni de Podemos al PSOE. La estrategia obsesivamente anti Rajoy de un Pedro Sánchez, consciente de su minoridad, consiste en sumar a todos aquellos dispuestos a imposibilitar cualquier formación de gobierno de centro derecha, aceptando toda clase de colaboraciones, aunque sean de cohabitación interna inviable para un plan de gobierno coherente. Es decir, que Ciudadanos puede ser un ingrediente más de un proyecto de desestabilización institucional. Tampoco existe compatibilidad entre Podemos y Ciudadanos como piezas comparables a izquierda y derecha. El sistema electoral vigente engorda y distancia al partido situado en tercer lugar frente al cuarto de tal forma que solo uno de los dos es previsible que obtenga una posición condicionante para desempeñar un papel decisivo.


La hipótesis de que Ciudadanos vaya a ocupar el puesto de tercer partido es muy aventurada. Se basa en el resultado obtenido en Cataluña, donde su airosa defensa de la unidad de España desde una iniciativa nacida en aquel terreno le dio un protagonismo especial que no es fácil que se reproduzca con la misma proporción en el resto de España. De hecho, el impacto en los grandes núcleos urbanos, como Madrid y Barcelona, ha dado mayor protagonismo a Podemos y personajes tan discutibles como Carmena o Colau son más visibles que los irrelevantes candidatos locales de Ciudadanos, si bien el papel arbitrario y grotesco desempeñado durante los primeros meses de gestión municipal de estas franquicias de Podemos rebaja sus expectativas electorales, así como la imagen antipática, cursilona y radical de Pablo Iglesias que, también, pierde fuelle mediático frente a la figura más afable de Albert Rivera. El voto de un populismo de extrema izquierda puede estar más extendido a nivel nacional por el resentimiento histórico y las heridas de la crisis en grado superior a Ciudadanos, cuyo mensaje solo aporta un barniz superficial de juventud, simpatía y ligereza. Es decir, que la amenaza a la estabilidad económica puede venir del cuestionamiento por un PSOE-Podemos del sistema constitucional y del esquema territorial, alterando los principios esenciales del Estado. Frente a esta amenaza, Ciudadanos puede resultar un complemento insuficiente y versátil.

Pese a las incompetencias y pese a los sectarismos, el camino bipartidista cargado de errores y corrupción, que provocan el hartazgo del electorado y justifican la emergencia de los colores compuestos de la improvisación política, un futuro, aún sin la fuerza de la mayoría absoluta actual, tiene mejor porvenir con la mayoría relativa de los partidos sistémicos y, por supuesto, que la mayoría de un entendimiento esencial de estos grandes partidos sistémicos entre sí, renovados y regenerados, que la aventura de unas improvisaciones ocasionales muy dependientes de liderazgos personales mediáticos sin experiencia en la política real. Los colores netos siguen siendo, a pesar de errores y corrupciones, más convenientes para un futuro cercano que los colores compuestos o descompuestos que pululan sin garantías de estabilidad. El síntoma de que colores compuestos ocupen un espacio demoscópico preelectoral es la consecuencia de la actual debilidad de liderazgo y mensaje que padecen los colores netos antes que de la calidad de sus propuestas. Los partidos comprometidos con el equilibrio y progreso del sistema ganarían fuerza si se sintiesen y se manifestasen más próximos entre sí que propicios a diluirse con pactos con los partidos de colores compuestos.
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