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El futuro de nuestros hijos

jueves 03 de diciembre de 2015, 08:48h

La Cumbre del Clima, que ha comenzado este lunes en París, es clave para el futuro de nuestros hijos. Antes se hablaba de nuestros nietos pero, ahora, tal y como avanza el calentamiento de la Tierra nos estamos jugando un porvenir mucho más cercano. La negociación es a cara de perro, y eso que ya podríamos aprender los humanos del cuidado de la naturaleza que dispensan los animales en general, y los perros en particular. Un grado arriba, un grado abajo. Los cálculos de los expertos nos presentan un panorama muy desalentador si no se controlan estrictamente las emisiones de CO2 a la atmósfera. París ha propiciado una atmósfera más favorable al entendimiento.

Quizá sea por la espontánea solidaridad que emana de la tragedia sufrida por los atentados de hace pocas semanas, del 13N, o, seguramente tenga más influencia, porque uno de los máximos contaminadores del planeta como es China tiene una contaminación insoportable y casi mortal en sus ciudades, sobre todo en la capital, Pekín. Han pasado algunos años desde el Protocolo de Kioto, el gran fracaso de Copenhague y llegamos a una situación donde los países emergentes ya no pueden esgrimir que ahora les toca a ellos eso del desarrollo y que pueden contaminar lo mismo o más que lo hicieron, y continúan haciendo, los países occidentales. No son muy correctos en estos análisis porque muchos países europeos han cumplido con sus compromisos, aunque alguno haya tenido que comprar cuotas a países pobres, incapaces de agotar sus posibilidades contaminantes por la ausencia casi total de industrias para hacerlo.

La dicotomía que se ha planteado durante los últimos años es que los países desarrollados debían hacer un mayor sacrificio y permitir que los menos favorecidos pudieran gozar de mejores condiciones para el progreso económico y social de millones de seres humanos en el llamado Tercer Mundo. La cruda realidad impone en estos momentos un acuerdo serio y riguroso, con vinculación total a su cumplimiento mediantes fuertes sanciones disuasorias. El problema es que esos países son grandes potencias como China, India o Rusia, por no hablar de Estados Unidos, y es complicado utilizar métodos coercitivos, ni siquiera plantearlo. Afortunadamente, con muchas condiciones, el gigante chino ha prometido cumplir con sus obligaciones. Decisión fundamental para el planeta, pero sobre todo para los propios chinos. El resto debemos cumplir con un mejor reparto de la riqueza y el comercio.

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