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Van a por vosotros

martes 29 de diciembre de 2015, 18:21h
La crisis económica de este quinquenio era natural que provocase daños sociales que despertasen a los movimientos de izquierdas como instrumentos reivindicativos de los sectores desfavorecidos por los ajustes y reformas que fueron precisos para recuperar el equilibrio. Sorprendentemente, esa izquierda compensatoria y racional no se ha fortalecido sino que se ha debilitado en todas partes. El pueblo o al menos una parte muy considerable del pueblo, ha entendido las razones del centro-derecha para paliar y acortar la crisis, pero no ha comprendido en el mismo grado la moderación de la izquierda posibilista, tomándola como tibieza o falta de proyectos.

Alerta como perros de presa, los extremistas de diferentes colores, replegados por la historia al rincón amargo de las derrotas y las frustraciones, se lanzaron como jaurías famélicas al campo de los populismos demagógicos, creyendo que había vuelto la hora de la ira. Lo mismo los griegos de Syriza, los franceses lepenianos, los ingleses laboristas radicales de Corbyn, o los españoles de Podemos, se han dispuesto a morder en las carnes tiernas de la socialdemocracia, a la búsqueda de un electorado que se había tornado indiferente o escéptico, cuando no tentado a acomodarse a las fórmulas del liberalismo emprendedor de empresas y mantenedor del estado de bienestar.

El relativo avance de las propuestas populistas, lo mismo sean de extrema derecha que de extrema izquierda, o sean disfraces del viejo marxismo o payasadas o xenofobias de nueva creación, ha llevado a algunos políticos desorientados a creer que la efervescencia populista representaba el auge de una nueva izquierda convulsiva a la que deberían aproximarse y asemejarse para ocupar plaza en el convoy de actualidad, tragándose el camelo del fin de los sistemas y asumiendo los planteamientos revisionistas de lo existente para no perder el viento de renovación y regeneración.

En el centro-derecha los maquillajes son insustanciales porque las amenazas del extremismo topan inevitablemente con las fronteras del Estado de Derecho y, en teoría, cree contar con un centro izquierda capaz de deslizarse en su ayuda si se siente peligro en la arquitectura democrática común. Pero en el centro izquierda hay una fuerte tentación a dejarse arrastrar por el populismo radical envuelto en un ropaje de vanidad, con la apariencia de un triunfo del izquierdismo, aunque no sea la izquierda que ellos representan –socialismo– sino otra cosa –comunismo– vestida con las beatíficas vestiduras de pacifismo, buenismo, ecologismo o cualquier otra cosa que disimule su verdadera identidad.

Vayamos juntos a repartir los frutos del sistema, del que ya estamos cansados y en cuyas arcas suponemos que existen tesoros ocultos, que no existen, en vez de grandes títulos de deuda que se van reduciendo y prorrogando gracias a que las llaves de la despensa aún no han caído en manos de los demagogos. Pero lo que no comprenden algunos personajes de ese socialismo inestable y nervioso, es que los populistas no son tantos como parecen. Ellos no van a por un centro-derecha liberal al que les gustaría vencer en las urnas pero pueden soportar como adversario mientras no sea posible ganar. Ellos a lo que van es a por vosotros. Lo que buscan es devorar al socialismo instalado y ocupar su puesto. Quieren ser la auténtica alternativa de izquierdas y mandar a su casa a quienes vienen significando una opción de poder legitimada y legalizada.

La batalla desde un frente común de izquierdas, como lo fue el Frente Popular que acabó con todo asomo de democracia en la zona republicana de España, no se plantea respetar a un socialismo democrático como si fuese la derecha de la izquierda. Lo que se trata es de aniquilarlo y sustituirlo. Ellos no trabajan para llevar a “guapos” a las alturas sino para colocarse ellos en su lugar y para siempre jamás. Por ello, la izquierda española, lo primero que tiene que ver, por la cuenta que le tiene, es como supera el efectismo del marketing electoral de los populismos con su propia capacidad, que es mucha y está demostrada, de comunicación social.

El progresismo de una izquierda que impregna gran parte de los recursos humanos de la información y de la creatividad, no puede quedarse mudo ante la tosca y burda manipulación de las pasiones irracionales en el fácil caldo audiovisual. El problema no es tanto del centro derecha que, con más o menos deterioro, se mantiene en sus bastiones como primera fuerza relativa. El problema lo tiene la izquierda en su propio terreno trufado de trampas ideológicas. Ellos no van a instalarse en la casa de la derecha, porque ni les gusta ni les sería perdonado. La derecha no es su enemigo sino su oponente. El enemigo a eliminar sin piedad sois vosotros. Ellos quieren hacerse con la casa de la izquierda, bien degradando sus principios con sus condiciones o bien instalándose en vuestro espacio como okupas. Ellos saben que si un día llega al gobierno un socialista plegándose a las ideas de “Podemos” el PSOE se habrá acabado para siempre como opción de Estado y que habrá llegado su turno. A por quien van es a por vosotros. ¿Es que Sánchez no es capaz de entenderlo?
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