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El hombre (demasiado) tranquilo

sábado 09 de abril de 2016, 10:22h

Al menos en este cuarto de hora, todo indica que el gran ganador en el rifirrafe político que tantas aguas ha agitado en la izquierda ha sido el representante de la derecha. El hombre tranquilo, demasiado tranquilo en mi opinión, es quien, con su impasibilidad, con su ‘dolce far niente’, parece el más probable próximo presidente del Gobierno. O sea, que Mariano Rajoy podría, al fin y al cabo, no tener que abandonar su despacho en La Moncloa. Y tiene que agradecérselo, desde luego, a Pablo Iglesias y sus oscilaciones, a la torpeza de Pedro Sánchez, que solo a última hora, parece, comprobó que el líder de Podemos jamás quiso negociar su investidura, y, claro, a Albert Rivera, que siempre fue un ‘agente’, y por cierto no secreto, de la gran coalición, esa que rechazaba, y en algún momento tendrá que aceptar, el Partido Socialista.

Ahora, todo depende de lo que haga Mariano Rajoy. O de lo que, más probablemente, deje de hacer, que es como siempre se ha ganado la supervivencia política en medio de las mayores tormentas. Si Rajoy llama a un Sánchez desarbolado, cada vez más aislado en su partido, y le tiende una mano, quizá el secretario general socialista tendrá que pensarse su ‘no, nunca, jamás’ a un pacto con el PP. Si Rajoy ofrece abrir una puerta –incluso un portillo—a su propio relevo dentro del PP, aunque no sea a corto plazo, porque ahí está pendiente el congreso de los ‘populares’, es posible que la aproximación de Ciudadanos, cuando la formación naranja está más que harta de su pacto con el PSOE, se haga más evidente…y más rápida. Quizá, quizá, aún se puedan evitar las elecciones. O no…que diría el hombre flemático, del que nunca se sabe si sube o baja la escalera. Entre otras razones, porque ni la sube ni la baja: está quieto, mientas el mundo gira a su alrededor.

Lo que ocurre es que Sánchez ha dicho ‘no’ tantas veces a cualquier aproximación al PP que probablemente ya no podría ser él quien dijera ‘sí’ a un pacto en el que los ‘populares’ tendrían que ofrecer algo más que un contrato de adhesión a lo que Rajoy quiera o más bien no quiera reformar. Hay que elogiar algunas cosas en la trayectoria del secretario general del PSOE, entre ellas su arrojo a la hora de lanzarse, con solamente cántaros de proyectos de alianzas, a la investidura, de la misma manera que a Rajoy hay que reprocharle lo contrario; pero no menos verdad es que Pedro Sánchez sale ahora como el gran derrotado, sobre todo por las piruetas de Podemos. Y que su ambición personalista y su cerrazón ante cualquier cosa que oliese a gran coalición pueden ser su tumba política.

La situación en la que la clase política nos ha situado tiene, junto a tantas perversiones, sus cosas buenas: una, que ya no cabe prolongar la inestabilidad que hemos vivido durante ciento doce días; dos, que la opinión pública ha comprobado que Podemos, que también tiene sus aspectos positivos, de ninguna manera es una formación que ahora pueda ejercer tareas de gobierno sobre los españoles; y tres, parece evidente para todos -¿incluso para el ‘hombre tranquilo’?— que la vieja política ha muerto, pero que la nueva política no puede ser tan, tan nueva como le hubiera gustado a Pablo Iglesias.

Ahora, a casi cuatro meses de las elecciones del 20-D, la situación, si se repiten los comicios el 26 de junio –que es, con todo, el escenario más probable— podríamos encontrarnos con una repetición de parte de lo que había: una victoria insuficiente del PP encabezado por Rajoy, que ha sabido mantener una envidiable disciplina interna en su partido; otro descalabro del PSOE, que puede costarle la cabeza a Sánchez; la tormenta interna previsible que se cierne sobre Podemos…y un no menos previsible ascenso de Ciudadanos, que, con el PP –y quizá con el PSOE, si se llega al acuerdo al que, en mi opinión, debería llegarse-, podría alzarse con el Gobierno.

Así que la pelota ya no está en el tejado de Ferraz y ha pasado a estar en el de La Moncloa (ni siquiera en el de la sede de Génova). Ahora, el peculiarísimo habitante principal del palacio de la Cuesta de las Perdices tendrá que saber cómo jugar con el balón: regatear, organizar al equipo para la batalla y… ¿pasar la pelota antes de tirar a gol, o tal vez inmediatamente después de disparar a puerta? Porque Mariano Rajoy se ha apuntado un tanto –más bien, se lo han apuntado— y ha ganado, ya digo que en este cuarto de hora, el partido. Pero no ha ganado el campeonato, entre otras cosas porque el país necesita nuevos rostros, nuevas ideas, un talante algo más activo que el del superviviente por antonomasia. Porque la Champions hay que ganarla, como se sabe, no solamente en los cenáculos y mentideros de la loca capital, sino en todo el territorio; y no será evitando entrevistarse con el president de la Generalitat, pongamos por caso, como conquistaremos el título de la unidad y la concordia, que tanta falta nos van haciendo.

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  • El hombre (demasiado) tranquilo

    Últimos comentarios de los lectores (2)

    40980 | Jáuregui - 10/04/2016 @ 09:45:27 (GMT+1)
    Muy acertado, señora paredes, me parece su comentario. Es el propio de una sociedad civil que está atónita at los desmanes de sus representantes. Y sí, ya sabemos que en otros sitios tienen a Trump, a Le Pen, a sus 'inversores institucionales' en Panamá. Que la Fujimori puede que gane en Perú. Pero yo no quiero que nos equiparemos a los peores, sino figurar entre los mejores, con la 'vía portuguesa', la alemana, la valenciana o a andaluza como herramienta, quién sabe.
    40967 | Rosa Paredes - 09/04/2016 @ 11:49:05 (GMT+1)
    La historia no tiene vuelta de hoja. Aquí lo que estamos viendo es que "la clase política" se han subido a la burra y no quieren bajarse a mitad de camino. Buscan, desaforadamente, llegar a través del sendero luminoso a ese rinconcito que los lleve a la Moncloa. Lo que se pretende escudándose en pamplinas, es la ambición y el poder. ¿Es que no se ve? Y mientras tanto, nosotros asistimos aburridosssss, al espectáculo que llevamos sufriendo más tiempo del debido. En su día y religiosamente, nosotros cumplimos. Ellos, no.
    La semana próxima habrá más reuniones, y por parte de estos cuatro que NO cabalgan juntos y que responden a los nombres de Mariano, Pedro, Pablo y Alberto, que nos quieren trajinar nuestras vidas, seguirán sucediéndose más reuniones, llamadas, opiniones, descalificaciones, contactos a través de las redes sociales...
    ¿Qué mundo estamos viviendo? ¡Pues anda que no se deben de estar choteando, a escala internacional, de esta España inverosímil que nos están haciendo vivir "este grupo". Por mi parte y pienso que por la de muchos españoles, experimento ante esta situación estúpida y plagada de despropósitos e inmadurez por parte de todos ellos, un gran escepticismo. Y lo que más me preocupa es que salga quien salga como Presidente del Gobierno, me da exactamente igual porque ya he perdido la confianza en todos. Con su conducta y forma de hacer me han decepcionado. Percibo, con gran pesar, una ausencia de seriedad y respeto hacia todos nosotros. A ninguno de los que figuran en la lista les voy a poner la corona de laurel.
    Claro, escueto y sencillo. Sí intuyo, por parte de los medios de comunicación, que hay hartazgo total y estos señores ya se van quedando relegados a segundo término. Ahora tenemos "otros papeles de que ocuparnos"
    Posiblemente y aunque suene derrotista, saldrán a la palestra "nuevos asuntos turbios".
    Lo dicho. El alquitrán negruzco y pegajoso siempre estará presente y va a ser difícil erradicarlo de nuestras vidas al cien por cien. El delito no tiene fecha de caducidad.
    saludos

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