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Paraísos fiscales, de Panamá a Delaware, del cinismo a la hipocresía

lunes 11 de abril de 2016, 08:03h
Las revelaciones hechas hace unos días por un equipo internacional de periodistas sobre los llamados Papeles de Panamá han sacado a la luz una amplísima lista de políticos, empresarios, algún miembro de la RAE, aristócratas, artistas o deportistas, de todo el mundo, que tienen o han tenido sociedades ocultas o cuentas bancarias en Panamá. Todos los medios de comunicación se han hecho eco de la noticia, que ha despertado una enorme expectación mundial.

Y, sin embargo y por desgracia, no es algo nuevo. Ni en España ni en el resto del mundo.

Hace más de 15 años que el movimiento Attac viene denunciando la existencia de estos centros off shore o paraísos fiscales, al tiempo que empezó a preguntarse públicamente por las causas que han llevado al increíble aumento de las diferencias entre pobres y ricos, entre los países empobrecidos y los países ricos, por los resortes que han facilitado que una ínfima minoría acumule la mayoría de la riqueza del mundo; Y no ha dejado de denunciar que los capitales se mueven con absoluta libertad de una a otra parte del planeta sin ningún tipo de control ni regulación, mientras los seres humanos son sometidos a controles, represión o campos de internamiento.

Preguntaba también si es democrático que organismos supranacionales, no elegidos por los ciudadanos, como el Banco Mundial, la OMC o el FMI tengan más poder que los propios gobiernos de cada nación a la hora de dictar normas y planes de ajustes económicos.

Los llamados paraísos fiscales son parte de un sistema económico, el que rige actualmente en el mundo, basado en la especulación financiera, en la ausencia de control y regulación de los movimientos de capitales y en el fomento de un tipo de economía que ha convertido al planeta en un gran casino.

Como dice el prestigioso y veterano economista francés René Passet: “Hoy manda la lógica de las finanzas, que es la peor condena de la humanidad. Como le dijo un banquero a Tobin: ‘Mi más largo plazo, amigo, son diez minutos’. Cuando el valor supremo es el enriquecimiento rápido, la economía deja de ser un instrumento para la sociedad. El dinero que fluctúa gracias a la libre circulación de capitales se ha concentrado por encima de la cabeza de los Estados y hoy es un poder mucho más fuerte que la política”.[1]

Por su parte,el economista Gabriel Zucman calcula que el 8% de la riqueza financiera del mundo –unos 7.600 billones de dólares— está oculta en sitios como Suiza, las islas Bermudas, las islas Caimán, Singapur y Luxemburgo. Y representa más riqueza que la poseída por la mitad más pobre de los 7.400 millones de personas del mundo.[2]

Decíamos al principio que, lamentablemente no es la primera vez que aparecen públicamente en estas listas personas (todas “muy dignas y relevantes”, no encontrarán en ellas a la gente sencilla, como vendedoras de pescado, por ejemplo). Y, efectivamente, podemos remontarnos al año 2009, cuando el ingeniero de sistemas Hervé Falciani publicó la lista de más de 130.000 evasores fiscales que tenían sus cuentas en Suiza. O, siguiendo a Juan H. Vigueras, –especialista en estos temas y autor de varios libros sobre paraísos fiscales, lobbies financieros o fondos buitre–, podríamos ir al verano de 2007, cuando se produjo la quiebra de los dos fondos de alto riesgo o del entonces quinto banco de inversiones, Bear Stearns. Entonces supimos que estos fondos estaban registrados en las Islas Caimán como simples letterbox companies (buzones de correos), a los cuales se les concedían préstamos apalancados, es decir, con un endeudamiento superior a su capital, para que especularan con valores respaldados por hipotecas subprime. Y nos recordaba que hace unos años “Operativas similares fueron utilizadas por los Landenbanken –los bancos regionales alemanes rescatados luego con dinero público–, por el franco belga Dexia, el conglomerado asegurador AIG de EEUU y los hedge funds de Madoff”.[3]

O recordar al “honorable” expresidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker, quien cuando era primer ministro de Luxemburgo firmó 548 acuerdos fiscales con una trama de corporaciones multinacionales para defraudar al fisco de sus socios europeos.

Los paraísos fiscales están concebidos para ser secretos y opacos. Toda la razón de su existencia es la de ocultar la riqueza que se esconde en ellos. Si alguien crea una sociedad o tiene una cuenta en un paraíso fiscal es sin lugar a dudas porque no quiere actuar con transparencia y tiene algo que ocultar. Son un elemento imprescindible del actual sistema económico y una guarida necesaria para los capitales procedentes de la corrupción o de otras actividades delictivas. Y los bancos, especialmente los grandes bancos (en España, especialmente el Santander, el BBVA y el Sabadell) son una pieza indispensables de este engranaje.

Todo lo que está en un paraíso fiscal no está donde debería estar: en cada país, para invertir en necesidades sociales, en servicios públicos y en planes que mejoren la economía para el conjunto de la sociedad. Todo lo que está en estos paraísos se le está sustrayendo a la sociedad. Eso es lo realmente importante para la mayoría social. No se trata de la curiosidad morbosa de quién aparece o no en cada lista. Eso importa, porque si hay algún tipo de responsabilidad penal hay que exigir el justo castigo legal, pero lo que realmente importa es que se supriman, que se eliminen los paraísos fiscales. Y se puede.

En la entrevista citada más arriba, René Passet declaraba: “Acabar con los paraísos fiscales es facilísimo, hace falta querer. Un juez amigo, Jean de Maillard, tiene la solución: dejar de reconocer los actos jurídicos firmados en esos países”. Y pedía que la economía se someta a la política.

Pero vivimos una constante hipocresía, Obama, presidente de EE UU condena a Panamá pero no dice nada de Delaware (Estados Unidos), uno de los mayores paraísos fiscales del mundo. Políticos, con la responsabilidad de gobernar sus países, echan la culpa a sus padres, hermanos o familiares en declaraciones que resultan patéticas. O tratan de silenciar, como ocurre en Argentina, la responsabilidad del presidente actual del país, quien ha reconocido ser administrador de al menos dos sociedades en Panamá, declaraciones que apenas salen en los grandes medios.

Esperemos que todo esto no quede en grandes titulares, en artículos y declaraciones y que se tomen las medidas necesarias para acabar con este tipo de territorios. Y eso solo será posible si hay conciencia y movilización ciudadana.

Medidas como no reconocer los actos jurídicos creados en estos paraísos, la exigencia de responsabilidades penales; la creación de una agencia fiscal internacional para combatir los paraísos; exigir la armonización fiscal de la UE; establecer un Impuesto a las Transacciones financieras, combatir el gran fraude fiscal, reforzar y proporcionar los medios necesarios a los inspectores y técnicos de Hacienda, eliminar las Sicav (un autentico paraíso fiscal dentro de España) y/o establecer una auténtica Justicia Fiscal Global, son solo un ejemplo de cosas que se pueden hacer.

En estos momentos existe en España la posibilidad de que haya un gobierno de progreso y cambio, de verdad, no un gobierno maquillado para que todo siga igual. Sería conveniente que en lugar de tanto teatro y declaraciones vacías, las fuerzas que quieren instaurar de verdad un nuevo tiempo, una nueva forma de gobernar para la mayoría, incluyan en su programa este tipo de medidas y se comprometan a llevarlas acabo.

Sí, es posible. Hace falta menos hipocresía, menos cinismo y un poquito más de vergüenza.

Lourdes Lucía, miembro de Attac

@lourdeslucia10

[1] http://economia.elpais.com/economia/2013/05/05/actualidad/1367785878_361799.html

[2] Gabriel Zucman, La riqueza oculta de las naciones, Pasado & Presente

[3] http://blogs.publico.es/dominiopublico/1139/debate-sobre-el-capitalismo-%C2%BFcerraran-los-paraisos-fiscales/

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