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"Banners inapropiados"

viernes 20 de mayo de 2016, 10:22h

En estas fechas primaverales Madrid sufre un gran dolor de corazón y el mundo del deporte está seriamente afectado. El presidente del órgano de gobierno de la autonomía regional catalana, Carles Puigdemont, ha anunciado, con la debida antelación, que no “participará” en un partido de futbol que se jugará en el estadio del Atlético de Madrid, entre el Barcelona y el Sevilla, como final de la Copa del Rey en España. A este gesto trascendental, si lo tomamos en sentido estricto, se ha sumado la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. El motivo de esta “no participación” es que no se permitirá a los espectadores del interesante encuentro exhibir una enseña cuadrangular coloreada que, según dicen, es el distintivo de una tendencia, actualmente de moda en un sector importante, pero no predominante, de la política catalana. Este tipo de enseñas extraoficiales y controvertidas no son de recibo según las leyes del deporte limpio de pasiones ajenas a su naturaleza lúdica, tal y como lo interpreta la Real Federación Española de Futbol.

Se supone que la ausencia de estos dos distinguidos espectadores puede dañar severamente a la moral de los jugadores del magnífico equipo barcelonés. Especialmente a su figura estelar Lionel Messi, quien por su naturaleza argentina es sentimentalmente muy sensible a estos desaires y quizá pueda suponer que la falta de la llamada “estelada” signifique una desconsideración a su rango de estrella única superpuesta a los únicos colores rojo y amarillo, a saber por qué rara coincidencia, de las banderas oficiales de España y de Cataluña.

Peor hubiese sido que el otro equipo finalista, el Sevilla, brillante quintacampeón de la Liga Europea, hubiese sufrido parecidas ofensas si se hubiese programado con la debida previsión la confección de enseñas rojas del socialismo andaluz, que lleva tantos años presidiendo la Junta de Andalucía. Fue una notable falta de previsión. Como lo fue no haber encargado la fabricación de castañuelas de plástico para animar el ambiente mientras suena el himno nacional, tal y como lo hicieron otros en otras ocasiones con sus pitos verbeneros.

Especialmente quejoso está el gremio de peluqueros de Madrid que tenía singular interés en observar en directo el comportamiento al aire libre del incomparable corte de pelo del señor Puigdemont. También se ha adherido al evento la patriótica alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que dice que se ausentará en solidaridad con su colega Ada Colau, aunque deje viudo al alcalde de Sevilla. Otro golpe para el deporte español, que siempre cuenta como compañía imprescindible en las canchas deportivas con esta gloria del urbanismo municipal. Es evidente que a Manuela Carmena le hubiese gustado cambiar impresiones con su homóloga de Barcelona sobre la táctica de “desborbonizar” una ciudad, ahora que está estudiando cómo resituar las estatuas de la Puerta del Sol porque a “Ahora Madrid” no le gusta la ubicación de la de Carlos III. Quizá piensen que sería mejor poner el Oso donde Carlos III y a la Mariblanca donde el Oso, como detalle transversal hacia los movimientos feministas, a falta de medidas más eficaces. El problema más complicado lo tienen con la Puerta de Alcalá que mírala, mírala, se he ocurrió alzarla a Carlos III. Con los Reyes de la Plaza de Oriente no hay problema, pues no son de dinastía reinante y, por tanto, pueden seguir en sus pedestales como siempre.

El portavoz de Izquierda Republicana de Cataluña en el Congreso, Joan Tardá, sugirió una medida más drástica en apoyo de la enseña estrellada. Que quien no venga a Madrid sea todo el equipo y le regalen la Copa al Sevilla. Pero tal imprudencia fue rápidamente acallada por el mando, no fuese a ser que alguien la tomase en serio. Los gestos heroicos deben llegar hasta donde se pueda, como pasó cuando la UEFA multó al Barcelona por la presencia de lo que llamó “Banners inapropiados” en la final de la Champions League. Se gruñó, pero no se recurrió.

En la antología de la literatura deportiva, con tan buenos cultivadores entre nosotros, queda el anuncio de Carles Puigdemont de no cambiar su sublime decisión si no se reconsidera la prohibición de esos “banners inapropiados”. “No puede participar en la final de la Copa del Rey hasta que se respete el derecho de expresión de los aficionados del Barça…”. Debiera decir: “No asistiré a la final de la Copa del Rey hasta que respeten el derecho de expresión a todos nosotros los aficionados del Barça” porque supongo que Puigdemont no “participa” como miembro de la plantilla del equipo que juega el partido sino que solo forma parte de los aficionados con definición política que vengan a contemplarlo, si quieren verlo en directo y no por la “tele”. Como hará sin duda, el clarividente Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, que se negó, a su debido tiempo, a acoger en su estadio a presencias y ausencias poco recomendables y a “banners inapropiados” en el ambiente deportivo.

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