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El candidato imprescindible

lunes 30 de mayo de 2016, 08:34h
Entre las individualidades especialmente cuidadas por la cúpula de la actual propuesta electoral “Unidos Podemos” destaca don Julio Rodríguez, insistentemente caracterizado por su condición de general de cuatro estrellas, graduación que alcanzó al ser designado Jefe del Estado Mayor de la Defensa (GEMAD) por corresponder dicho cargo por turno a un general del Ejército del Aire y para el que fue seleccionado por un gobierno socialista entre aquellos que reunían esta condición. No hay porqué poner en cuestión si estas condiciones eran las correctas ni interpretar moralmente que razones influyeron en aquel nombramiento por un gobierno y las circunstancias con que dicho gobierno abordó la política de defensa en aquellos meses. Lo curioso es porqué “Unidos Podemos” tiene tan especial interés en habilitar como diputado a esta persona sin conocidos antecedentes ideológicos que lo identificasen con el círculo morado de Podemos.

En las pasadas elecciones, Julio Rodríguez fue situado como número dos en Zaragoza, tras Pablo Echenique, muy destacado en la cúpula fundacional de Podemos, con la confianza optimista de que era un puesto seguro y, por ello, fue publicitado como uno de los nombres del equipo de gobierno de Podemos si este “holding” de partidos tocaba poder. Cuando el voto popular limitó las expectativas de Podemos a cuarto partido, Pablo Iglesias lanzó un proyecto de gobierno de coalición a Pedro Sánchez, líder del segundo partido más votado, en que a sí mismo se proponía como vicepresidente, solicitando un mínimo de ministerios para su grupo. Entre estos ministerios estaba el de Defensa, dando por descontado que su titular sería Julio Rodríguez, a pesar de su derrota como diputado. No habiendo prosperado aquella propuesta que incluía otras sugerencias siempre relacionadas con la política de seguridad de España; con preferencia a otros temas referentes al cambio social o económico; Pablo Iglesias disparó otra andanada menos ambiciosa y más tentadora para las ambiciones presidenciales de Pedro Sánchez. En esta ocasión se conformaba con incluir tres “independientes” en un gobierno socialista aceptable para Podemos. Uno de aquellos tres "independientes" era, sin lugar a dudas, Julio Rodríguez quien no habiendo logrado formar parte del grupo parlamentario de Podemos, a consecuencia de su derrota electoral, conservaba intacta esa presunción de “independencia” adornada por el brillo mortecino de sus cuatro estrellas.

Fracasados estos intentos, ante unas nuevas elecciones, Pablo Iglesias ya sabe que el segundo puesto en la lista de Zaragoza no es seguro pues sus expectativas aún son menores que antaño. A la vista de ello y en la imposibilidad de desplazar a Pablo Echenique, convertido en pieza clave para desarmar la línea “moderada” de Errejón, ha decidido buscar para Julio Rodríguez un número uno en otra provincia en la que un solo candidato de “Unidos Podemos” tuviese posibilidades de salir elegido aunque el resultado global no sea muy brillante. Le tocó la china a Almería. Ya pueden los izquierdistas del lugar hacer protestas, diciendo que son gente de paz, que no quieren militares integrados en la OTAN y que no tienen el gusto de conocer de nada a este señor. Pablo Iglesias ha usado el ordeno y mando y ha decidido que Almería votará a Julio Rodríguez, quiera o no quiera, por decisión militar, salvo que prefieran regalar escaños a los malignos partidos constitucionalistas, PP y PSOE, en vez de respaldar a las promesas de cambio bolivariano. Julio Rodríguez será el representante de Almería con su débil definición política y el brillo mortecino de sus cuatro estrellas. Ante la necesidad de hacerse presente en Almería como cabeza de lista, Julio Rodríguez ha comenzado a manifestarse como pacifista, escéptico en relación a la OTAN, a la que considera una organización “obsoleta” y disconforme con la actual estructura militar contra la que nada había dicho hasta ahora. Sus manifestaciones contra quienes utilizan las Fuerzas Armadas como último recurso son contradictorias con las normas que aplicó durante el tiempo que ostentó el mando que le valió sus cuatro estrellas que, por muy deficientemente que hayan sido interpretadas por su pacífica mentalidad de piloto de combate sin combate, no eran otras que las Reglas de Enfrentamiento basadas en la legítima defensa y el “principio de proporcionalidad” avaladas por la OTAN, en cuya aplicación algunos de sus subordinados dieron su sangre. Pero, a partir de ahora, parece dispuesto a disponer, desde el ministerio que Pablo Iglesias le tiene reservado, afortunadamente con escasas probabilidades de ocuparlo de hecho que la aplicación de las Reglas de Enfrentamiento pudieran emanar de su propia cabeza o de Irán o Venezuela.

Lo sospechoso de todo esto no es la ambidiestra imagen de Julio Rodríguez sin la implacable decisión de Pablo Iglesias. ¿Por qué es imprescindible Rodríguez para Iglesias? ¿Es solo un adorno para tranquilizar, con el brillo mortecino de sus cuatro estrellas, a los mentecatos que piensen votar a “Unidos Podemos” desde casas burguesas? ¿Hay acaso un plan desmovilizador contra “quien utiliza las fuerzas armadas como último recurso” para que estas no estén controladas por alguien capaz de defender a España ante el “asalto a los cielos”? ¿Es Pablo Iglesias quien impone a Julio Rodríguez o existe una mano oculta que impone a Julio Rodríguez sobre Pablo Iglesias? El Juego de Tronos que tanto gusta a Pablo Iglesias, donde caben tantas felonías y traiciones al margen de procedimientos democráticos, puede idear pistas para esa confabulación con la que se cuenta con el único ejemplar de la especie de general travieso disponible. A Almería, donde antes llegan los vientos africanos, le ha tocado de chiripa este representante imprescindible, insustituible, indispensable y sospechoso.

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