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Los que contribuyen al bloqueo

lunes 20 de junio de 2016, 07:48h

Tanto medios políticos como periodísticos, todos, dicen rechazar por completo la eventualidad de tener que llamar a unas terceras elecciones. Sin embargo, no todos son estrictamente coherentes con ese enunciado común. Algunos medios en vez de allanar el terreno para propiciar un acuerdo de gobierno, lo que hacen es poner obstáculos en el camino. En tal sentido, me ha sorprendido el editorial del diario El País este domingo, titulado “La obra conjunta de Iglesias y Rajoy”, porque aparentemente parece abrir puertas a un acuerdo de gobierno, pero hace todo lo contrario. Y la principal causa de ello es que confunde sus preferencias políticas con la de los electores.

El editorial muestra claramente que el diario prefiere una perspectiva de centro para salir del impase, por lo que rechaza la encrucijada electoral polarizada. Desde esa óptica sostiene: “A una semana de las elecciones generales, algunos tratan de hacernos creer que los ciudadanos que se acerquen a las urnas solo tienen ante sí una única y dramática decisión: apoyar a un bloque de derechas dirigido por el PP o, por el contrario, sumarse a un bloque de izquierdas encabezado por Podemos”. Y luego afirma categóricamente: “Esa dicotomía es falsa e interesada.” Y además “es destructiva para nuestro país”.

Muchos estaríamos de acuerdo con la idea de que una polarización política es lo que menos conviene, pero no precisamente a partir de los argumentos que expone este diario. En primer lugar, el editorial confunde posicionamiento ideológico de la población con la preferencia electoral. Y así sostiene que el voto hacia los extremos es ilógico “porque, como muestran todas las encuestas, una mayoría considerable de españoles se sitúa en posiciones ideológicas cercanas al centro”. Pero no hay nada de contradictorio en ello, como piensa el editorialista; esa es precisamente una muestra más de la mala calidad de la cultura política del país, que sigue viendo la cosa pública como un escenario de confrontación, donde los grandes pactos no tienen carta de legitimidad. Independientemente de que ese mismo electorado se sienta ideológicamente cercano al centro.

De hecho, lo que muestran realmente los sondeos (incluido el de Metroscopia que usa El País) es que el voto, lejos de orientarse hacia opciones de centro, se inclina hacia los extremos. Nos puede gustar o no, pero esa es la cruda realidad. Cierto, podemos seguir llamando al voto centrado, que se situaría en torno al PSOE y Ciudadanos, pero eso sólo refiere al campo de los deseos y no de las realidades. Así las cosas, la verdadera cuestión es como operar en esa cruda realidad para propiciar un acuerdo de gobierno y evitar unas terceras elecciones. Y cerrar los ojos a esa realidad no nos servirá de mucho.

¿Cómo evitar pues otros comicios si la distribución del voto es semejante a la que se mostró en las pasadas elecciones? Ningún escamoteo nos evitará tener que elegir entre la formación de un gobierno referido al PP o bien inclinado hacia Unidos-Podemos. Y esa necesidad de tener que elegir es lo que disimula el editorial que comentamos. Sin embargo, hay ocasiones en que no es posible optar por la buena solución sino simplemente por la menos mala.

¿O quiere decir El País que el riesgo es exactamente igual si se negocia un gobierno del PP que si se plantea uno gobierno de Podemos? Porque ese es el verdadero asunto en cuestión.

Mi juicio es que, desde una perspectiva centrada, ya es necesario comenzar a presionar para que el PP se abra a una flexibilización de su programa de gobierno. Es decir, tanto si se va a una coalición con ese partido, como si se le deja gobernar en solitario (como propone Felipe González), eso debe ir precedido de una negociación donde se obtengan pactos de Estado en torno a una serie de materias estratégicas, como educación, política laboral, fiscalidad, etc., de tal forma que se consigan del PP concesiones apreciables que supongan una orientación más centrista de su gobierno. Esa es la verdadera vía que hay que impulsar para evitar unas nuevas elecciones. Seguir quejándonos de lo dura que es la vida y soñando con una intención de voto que no existe, sólo favorecerá al mantenimiento del bloqueo realmente existente.

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