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Se puede gobernar desde la oposición

viernes 08 de julio de 2016, 09:15h

El domingo 3 de marzo de 1996 fue el de la sonrisa congelada. Todo estaba preparado en el edificio de la calle de Génova 13 de Madrid. Un amplio balcón hecho de mecanotubo iba a servir de pla­taforma para que saludara el nuevo presidente Aznar a sus fieles, que comenzaban a llenar la calle a partir de las siete de la tarde. El Partido Socialista, según las encuestas, iba a sufrir, tras catorce años de gobierno, una sonora derrota. Los escándalos de los GAL. Mariano Rubio, Roldan, Filesa, Ibercorp, Perote, Garzón, CESID y fondos reservados iban a dar una histórica victoria a la derecha española, que había hecho una campaña a tumba abierta. En la calle comenzaba a sonar aquel infame pareado de «Pujol, enano, aprende castellano». Banderas preconstitucionales empezaban a de­jarse ver y el entusiasmo crecía hasta que los primeros resultados indicaban que no se iba a producir ninguna mayoría absoluta. El PSOE resistía y si el PP deseaba gobernar tendría que pactar con los partidos nacionalistas. El sonsonete contra Pujol fue acallado, las banderas fueron arriadas mientras Aznar tragaba saliva y aparecía confuso. Sus fieles escuderos, Álvarez Cascos, Rato, Trillo, Rajoy, Arenas, y , Ana Botella, ponían cara de circunstancias.

Trillo contaba posteriormente que yendo en coche con Rato escucharon una primera valoración de Arzalluz que decía: «Parece que el PP ha ganado las elecciones. No tiene mayoría pero a Aznar le toca formar gobierno». Se miraron y comentaron que aquella verdad de perogrullo dicha por el presidente de un partido nacionalista tenía mucha enjundia y se lo comentaron a Aznar cuando llegaron a la sede del partido. Tras esto salieron todos al balconzuelo, como la noche del 26J, a saludar con entusiasmo a la fiel infantería. Aznar hacía tiempo que había esperado ese momento y como hombre de poder sabía que ha­bía que moverse de forma rápida.

Al final de la noche, el Partido Popular con 9.224.696 vo­tos y el 37,19 por ciento del censo electoral obtenía 156 esca­ños. Le faltaban veinte para la mayoría absoluta. El PSOE de González, que veía en aquellos resultados una «dulce derrota», había obtenido 7.894.535 votos, el 31,83 por ciento del cen­so y 122 escaños. Julio Anguita con IU , con 2.342.789 votos, había salvado los muebles y obtenido nada me­nos que 21 escaños. El PSC, que sumaba sus votos al PSOE, saldaba su resultado con 19 escaños. CIU, otros 16. El PAR y UPN, que habían ido con el PP, sumaban para Aznar 4 escaños más. En el PNV seguía­mos en los 5 tras nuestra división, aunque con tendencia al al­za y habiendo obtenido el escaño de senador por Gipuzkoa para Xabier Albistur. Iniciativa per Catalunya sumaba sus 2 escaños a IU. CC irrumpía con 4. El BNG, con 2. Herri Batasuna obtenía otros 2, aunque nunca acu­dió al Congreso. ERC volvía a sacar cabeza con un asiento. UPN sumaba otros 2 al PP. EA a Lasagabaster y Unión Valenciana volvía a lograr que José María Chiquillo fuera su diputado.

La suma de todos estos escaños daba los 350 del Congreso y la suma de todos los votos socialistas les hacían perder tan solo por trescientos mil sufragios ante el PP, como ocurrió el 20D entre el PSOE y Podemos. Era una derrota por puntos a pesar del pésimo escenario que había supuesto aquella corta legislatura de tres años. Para mortificación del PP, el PSOE había ganado en Andalucía. Y ante eso hubo un intento de hacer un pacto de todos contra el PP, que fue conjurado y Aznar comenzó a negociar y logró que CIU y CC le aseguraran raspadamente los 176 votos. Ante eso nuestros cinco votitos tenían su peso.

Los sindicatos se opusieron a un acuerdo del PP con el PNV a cuenta de la bendita Caja Única y todo quedó en un Si a la Investidura, que fue provechoso para Euzkadi. Eliminación del Servicio Militar Obligatorio, de la figura de los Gobernadores Civiles, elección de la Autoridad Portuaria, consolidación del Concierto y notables transferencias, negociación que se estropeó al año por no someternos a los dictados de Mayor Oreja en relación con una ETA que seguía actuando. Pero aquello valió la pena. Como decía Don Manuel Irujo, ”los hombres y los rocines cada uno va por sus fines” y nuestros fines eran los vascos. Y volvimos con el capazo bastante lleno.

Cuatro años después Aznar tuvo mayoría absoluta y lo suyo fue machacarnos. En 2004, tras el atentado del 11M,ganó Zapatero que no quiso saber nada de nosotros y pactó con ERC, IU, CC, BNG y Cha. Nos abstuvimos con CIU,EA y Nabai. Cuatro años después Rodríguez Zapatero logró 169 diputados y salió a la segunda votación. Nos abstuvimos. Pero año y medio antes de terminarse la legislatura, con Catalunya al pil pil, nuestros votos fueron decisivos y logramos sacar importantes transferencias entre ellas las políticas activas de empleo que Patxi López, a la sazón Lehendakari negociaba a precio de saldo. No habíamos hecho ni pacto de gobierno, ni de legislatura, ni de investidura, pero de repente nos convertimos en los reyes del mambo hasta que la crisis hizo saltar aquella legislatura y al propio Zapatero. Y sacamos tajada para Euzkadi.

Y llegó Mariano Rajoy en 2011 con su mayoría absolutista que ni nos miró a la cara y lo que hicimos fue resistir y sacar algo de aquel pozo sin agua.

Tras las elecciones del 20 de diciembre y del 26 de junio podemos decir que estamos en mejor situación que nunca. En 1996 nuestros votos servían para dejar tranquila a CIU que necesitaba alguien que cubriera su costado nacionalista para que la legislatura durara cuatro años. Y duró.

Aznar, en aquella legislatura, no lo hizo mal, salvo en todo lo relacionado con ETA, pero en la segunda, la de la mayoría, salió el otro Aznar, el facha, el intratable, el nacionalista español. Y me da que en esta va a ser al revés. Una mala legislatura de Rajoy del 2011 al 15,y una interesante de 2016 al 2020.

El slogan con el que nos presentamos a las últimas elecciones fue “Lehenik –Euskadi-Es lo que importa”. Y si bien nada humano nos es ajeno, nuestra meta es barrer para casa y cuanto más débil sea el poder en Madrid, mejor para Euzkadi porque el Grupo Vasco, es desde 1917 su instrumento más acabado para reforzarse y consolidar lo logrado, evitar recentralizaciones, y completar el estatuto de Gernika que, dicho sea de paso, porque en algunos aspectos es tan bueno, está sin desarrollar. Y eso que es una ley Orgánica.

En esto, trabajar con Rajoy es más fácil que con el histérico de Aznar, pero este no es el momento. Sin mover una coma en relación con el fin de ETA, negándose a recibir al Lehendakari, recentralizandolo todo, dejando a sus mastines la política parlamentaria y con unas elecciones a la vuelta de la esquina, no es el momento de pactar nada y como dice Ortuzar que lo haga el PSOE sin complejos, aunque Pedro Sánchez esté cargado de ellos. Su ineptitud hizo que en las últimas elecciones perdiera encima otros cinco diputados, con unos resultados catastróficos para su partido que salva los muebles solo porque un recién nacido como Unidos-Podemos no les ha pasado por la izquierda. Y tras repetir como único mensaje “No es No”.

Nicolás Redondo jr, cuando era diputado y había una ley, que conculcaba intereses vascos se iba a hacer pipí y creía salvar la cara diciendo que él no había estado en el hemiciclo. Existe pues en política la posibilidad de votar SI, votar No, abstenerse o irse al baño. Y eso creo, es lo que debería hacer Sánchez, tras negociar con Rajoy cinco reformas de calado y dedicarse luego a influir y gobernar desde la oposición, desgastando día a día a un PP que sin mayoría absoluta va a conocer lo que vale un peine. Ahora solo sabe imponer.

Se abre pues, la gran posibilidad de negociar y ahí el PNV se mueve como Pedro por su casa. Entre la derecha carnívora, la izquierda vegetariana, y la superizquierda asesina, ese ámbito de actuación a Pulgarcito siempre le permite meter un gol desde la escuadra. Y esos goles siempre serán los goles que necesita Euzkadi, no como tan insidiosamente se dice que son para el PNV y Sabin Etxea. Y si encima neutralizamos a Ciudadanos en sus intentos de cargarse el Concierto, miel sobre hojuelas.

El catedrático de Derecho Constitucional de la UPV, Alberto López Basaguren contestaba en una entrevista en el Diario Vasco el 30 de junio que las voces, hoy marginales, que se alzan contra el Concierto tienen su origen en la gestión arrogante de un sistema tan excepcional que han realizado las instituciones vascas y de la que han alardeado fundamentalmente, los políticos del PNV.Y nos pedía prudencia.

Sabe López Basaguren desde su sectario y cutre españolismo, que si el PNV no hubiera estado en la discusión Constitucional, en la calle, y en la negociación con Suárez, Bizkaia y Gipuzkoa seguirían hoy como “provincias traidoras” y que para combatir a los López Basaguren y a las aguas turbulentas, hay que estar en Madrid haciendo valer cinco votos de oro para Euzkadi. De eso se trata.

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