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Yihaders

lunes 18 de julio de 2016, 16:14h

Que la masa nos confunde y el contagio emocional nos dirige de un modo excepcional, es algo muy estudiado en Psicología de los Grupos. Más aún cuando el individuo no posee un buen juicio crítico que le despegue de cualquier presión social. Me viene a la cabeza uno de los experimentos de Stanley Milgram, donde se pone de manifiesto el peligro de la “Obediencia a la Autoridad”, y de cómo se llega a dañar al contrario, exonerándote de culpa tras obedecer órdenes de una figura o grupo de autoridad: https://es.wikipedia.org/wiki/Experimento_de_Milgram.

Ando conmocionada con todos los atentados que se vienen produciendo los últimos meses. No hago más que extraer un patrón de acción direccionado a generar indefensión poblacional propagada a través del poderoso virus del miedo y que tarde o temprano acabará obligando a los líderes mundiales a cometer los mismos errores que arrastramos desde hace siglos. Del mismo modo que me aterroriza la propaganda empleada para captar jóvenes ávidos de emociones que les insta a participar de un modo activo en ciertas causas supliendo así la falta de oportunidades y precariedad de estos tiempos difíciles.

Empezamos a cagarla el día que “El Hombre” descubrió la Religión como herramienta de control de masas. Algunos falsos gurús de la Ley Divina instrumentalizaron el torrente de sabiduría trascendente para someter y controlar a través del miedo a las poblaciones. Esos patrones de hace miles de años siguen afectándonos a día de hoy. Ideas y temáticas que se programan a edades tempranas y que junto a la escasa cultura y razón, vuelve a los individuos tremendamente vulnerables. Algunos parecen haber perdido la razón, y es que nunca la tuvieron. Quizá porque su entorno olvidado nunca la conoció. Conceptos como el “Paraíso”, “Recompensas tras la muerte si has servido a la causa”, o cometer atrocidades “en el nombre de dios”… siguen guiando nuestra existencia pese a que la Humanidad se encuentra en un punto de inflexión muy distinto al de hace más de dos mil años. Tenemos que revisar el papel de la religión en nuestras vidas. El peso de la Razón y la Cultura. Y no me refiero a la parte ética y moral de las religiones, que por supuesto me resulta innegable y que sirve al hombre de guía para encontrarse frente al otro.

Tenemos que revisar también, las consecuencias de nuestros actos pasados. Nada es casual. De una acción previa surge una consecuencia posterior. ¿Nadie pensó las consecuencias de ciertas guerras?¿De enriquecerse vendiendo armas a aquellos que no son conscientes de un buen uso de las mismas? (Sí… mucha gente lo pensó, manifestó … y actúo en la medida de sus posibles.)

Algunos de los líderes de los últimos tiempos han sido grandes terroristas al servicio de la inconsciencia colectiva. Llevamos tiempo incubando este grave problema cuyas cepas sin resolver siguen mutando, no sólo a grupos organizados conocidos si no a sujetos agresores por conocer. Esos que impactan con gran virulenciaen sus entornos más próximos.

Si nuestro País, nuestras Instituciones, nuestros gobiernos no recuperan pronto el Estado de Bienestar Social que arropa a la mayoría social dotándoles de educación y recursos que les permitan desarrollarse en entornos saludables de oportunidades, seguiremos alimentando el odio y la venganza. Seguiremos trabajando a favor de la destrucción, en vez de a favor de la integración. Si seguimos alimentando esa Sociedad dividida entre ricos muy ricos y pobres muy pobres, tarde o temprano, todxs aquellxs que se sientan resentidxs y excluídxs acabarán encontrándose en cualquier nueva red social para atacar donde más nos duela. Y lo harán. En el nombre de dios, o en el que haga falta…

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