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Renace la opción del voto de conciencia

lunes 22 de agosto de 2016, 15:03h

Todo parece indicar que llegaremos al debate de investidura con un Pedro Sánchez empecinado en impedir el gobierno del otro. El sentido de Estado que se necesita para cambiar de opinión es algo de lo que definitivamente carece. Y para justificar su inmovilismo utiliza argumentos cada vez más peregrinos. Vergüenza ajena produce la actual dirección del PSOE. Y lo peor es que sigue repitiendo que es el tiempo de Rajoy y que es necesario evitar unas terceras elecciones. ¿Estará coqueteando otra vez con la idea de aliarse con el populismo para presentarse nuevamente a la investidura? De locos.

Ante esta increíble posición, resucita en el PSOE la posibilidad de que media docena de diputados socialistas se abstengan en la sesión de investidura o simplemente no se hagan presentes en el hemiciclo para la segunda votación. En pocas palabras, ante la necedad parece oportuno oponer el voto de conciencia.

Cierto, la opción del voto en conciencia sólo se justifica en ocasiones excepcionales. Lo normal es que los representantes de un grupo político se pongan de acuerdo antes de una votación para hacerlo en bloque. Pero hay veces (contadas) en que la decisión grupal conculca sensiblemente la conciencia personal. Le acaba de pasar a mi buen amigo Fernando Bustamante en Ecuador, Presidente de la Comisión de Exteriores y Seguridad, en relación con el acuerdo de los parlamentarios correistas de forzar la votación a favor de la reelección del Presidente. Fernando no ha tenido más remedio que dimitir de sus cargos y votar en conciencia contra la moción de su grupo parlamentario. De hecho, no es la primera vez que el voto de conciencia es esgrimido por parlamentarios de distintas fuerzas políticas en España, incluidos el PP y el PSOE.

Es decir, la cuestión consiste en valorar si la ocasión justifica el voto de conciencia en el PSOE. Si se mide en términos de opinión, ya se sabe que entre los dirigentes socialistas hay mucha gente que quiere la gobernabilidad del país, como es el caso de Felipe González y Alfonso Guerra. Pero creo que la justificación mayor del voto en conciencia procede del escenario alternativo que se abre si no se deja gobernar al otro. Porque sólo hay dos alternativas: terceras elecciones en diciembre o gobierno del PSOE y Podemos con el apoyo de los independentistas. El propio Sánchez insiste en repetir la insensatez que significaría acudir de nuevo a las urnas. Pero lo que silencia, que es si intentaría de nuevo un gobierno con el populismo, es infinitamente peor: significa encarrilar a España en la vía griega o bien destruir por completo la gobernabilidad del país. ¿Tiene alguien alguna duda de la inestabilidad institucional y política que significaría un gobierno de Sánchez apoyado por Podemos y los independentistas?

Decididamente, la ocasión justifica el surgimiento del voto de conciencia entre los parlamentarios del PSOE. Porque lo contrario sería hacerse corresponsable de una crisis nacional difícilmente reparable.

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