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Sánchez sigue en pie de guerra

lunes 03 de octubre de 2016, 19:22h
Tras la semana histórica que acabó con la dimisión de Pedro Sánchez al frente del PSOE, muchos en ese partido creen que la crisis está bastante resuelta con el nombramiento de una gestora, presidida por un hombre de talante conciliador, como Javier Fernández, quien anuncia que ahora la terea es coser el partido roto. Ahora vendría un tiempo de paz. Para nada. Más bien la actitud conciliadora de Fernández sería un factor con el que cuenta el entorno de Pedro Sánchez, que prepara arduamente la remontada, el retorno de Sánchez como salvador del espíritu izquierdista del PSOE.

El guion de los “pedristas” es más o menos el siguiente. Dejar que, bien sea por decisión del Comité Federal o sea porque tiene lugar la libertad de voto, el PSOE de la gestora se abstenga en la investidura permitiendo que Rajoy forme un gobierno de minoría. Algo que al menos la mitad de la militancia rechaza. De esta forma, Sánchez se presentaría de nuevo a las primarias y recuperaría la Secretaría General. Incluso hay un plan B. Si por cualquier razón se convocaran unas terceras elecciones, lo más probable es que el PSOE redujera su cauce electoral, con lo que Sánchez demostraría que no es él quien es responsable de la sangría electoral del partido. Y su figura recobraría fuerza.

Claro, este guion tiene algunas consecuencias indeseables. Por ejemplo, debe abandonar las buenas formas y sobre todo las más elegantes. Por ejemplo, al mismo tiempo que los representantes del grupo parlamentario socialista han puesto sus cargos a disposición de la gestora, Sánchez ha dejado claro de inmediato que no está dispuesto a dimitir de su escaño, para que nadie se llame a engaño.

Afortunadamente, ese tipo de audacias ya le han salido caras al exsecretario general. La metida de pata de su segundo, Cesar Luena, tratando de manipular el Comité Federal y su principal votación, significó que una cantidad importante de seguidores de Sánchez abandonara el sábado el Comité o bien que votara en contra de su propuesta. Pero Sánchez y su entorno creen que su dimisión se hizo en las mejores condiciones posibles. Evitaron un voto de censura y tienen la esperanza de que la cochinada que intentaron hacer en el Comité Federal no se refleje demasiado en los medios.

Así las cosas, el principal problema que enfrenta el PSOE –y su gestora- es seguir considerando la actuación de Sánchez como un asunto exclusivamente interno. Para muchos socialistas no está claro todavía como se conecta la afirmación de Javier Fernández de que hay que evitar a toda costa unas terceras elecciones con la forma de resolver el caso Sánchez. Pero no hay que llamarse a engaño: tratar a Sánchez con paños calientes es justo lo que espera el entorno del exsecretario para continuar con su fuga hacia delante. Algo que, como ya sabemos, conduce directamente a la vía griega.

En otras palabras, el Comité Federal del PSOE no puede escabullir su responsabilidad. Si no quiere ir a terceras elecciones, necesita abstenerse en la investidura de un gobierno minoritario de Rajoy. Y si adopta ese camino deberá enfrentar a Sánchez. Sin abandonar las buenas formas, tiene la necesidad de desnudar a Sánchez ante la militancia, tanto respecto a sus maniobras como sobre sus argumentos de fondo. Debe dejar claro, por ejemplo, que seguir satanizando al PP es mantener viva la amenaza de gente como Cesar Luena.

Es decir, la gestora y el Comité Federal deben hacer realidad eso que tanto han predicado los críticos de Sánchez: primero está el país y luego el partido. Obsesionarse con la tarea de apaciguar el PSOE no debe confundir ese orden de prioridades. Que es exactamente lo que espera la gente de Pedro Sánchez para hacer realidad su deseo de regresar.
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