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El camino de Podemos hacia la implosión

martes 13 de diciembre de 2016, 15:31h

Se ha reiterado con frecuencia el aprendizaje que hicieron los líderes de Podemos de los procesos bolivarianos de América Latina. Sobre todo en Venezuela y Bolivia. A este último país llegó primero Errejón, que regresó exultante a Madrid. Pero fue Pablo Iglesias quien visitó La Paz tras el acceso al poder de Evo Morales y escribió a su amigo Iñigo que la victoria allí demostraba que el asalto a los cielos era posible. El modelo parecía claro: canalizar políticamente el descontento de la crisis hasta llegar al gobierno mediante las elecciones, para desde allí cambiar las reglas del juego (partiendo por la misma Constitución).

Aunque en Europa las cosas eran más complejas, Syriza en Grecia parecía mostrar que el modelo no era impracticable. Pero el caso español ha mostrado una diferencia fundamental: la marea de indignados –y su expresión más clara en el 15M- no ha sido suficiente para que su canalización política, Podemos, permitiera a esta nueva fuerza acceder al gobierno. Y todo indica que la oleada podría entrar en reflujo.

Así las cosas, la historia de los movimientos radicales en los momentos de distensión muestra que su suerte refiere a dos elementos principales: la disminución del apoyo popular a su propuesta de ruptura y la posibilidad de que el movimiento no aguante el reflujo y se rompa por dentro. Cabe analizar el caso de Podemos al respecto.

La declinación del apoyo popular a Podemos no parece que vaya a ser abrupta. Es probable que ya haya tocado techo, como indican las encuestas, pero hay que admitir que el relato de la indignación no es de corta duración. Empezando por entender que Podemos ha sido capaz de recoger el discurso espontáneo del 15M y darle una forma de relato articulado. Es decir, existe hoy en España una franja importante, sobre todo en la juventud, que mantiene ese planteamiento ideológico que critica la democracia representativa y quiere una remoción del sistema, apoyado en el rechazo inmediato a la corrupción. Y una cosa importante: ese relato se ha construido al margen del planteamiento socialdemócrata, al que califican de cómplice del sistema a cambiar.

Ciertamente, ese movimiento político ha sido visto como “la aparición de condiciones favorables” por la extrema izquierda española, de bastante vieja data. Pero lo importante es retener que la proporción del electorado que apoya al Podemos original no va disolverse como un azucarillo en el agua. Dicho de otra forma, ese apoyo político se va a mantener en el tiempo, aunque se desgaste… a menos que tenga lugar el otro factor que comentamos: la implosión del propio Podemos.

El hecho crucial de no haber accedido al gobierno en la cresta de la ola, obliga a esta fuerza de nuevo cuño a reorganizar su estrategia. Y, desde luego, el debate entre partido o movimiento no es precisamente nuevo. El ejemplo del surgimiento de los verdes alemanes en los años ochenta da cuenta de una larga serie de rupturas por la necesidad de tener que elegir, hasta que finalmente se ha optado por una fórmula en donde el partido es mucho más evidente que el movimiento. ¿Sera esa la suerte que seguirá Podemos? En primer lugar, importa subrayar que los verdes también pensaron que podían gobernar Alemania y hace tiempo que saben que son sobre todo cuña condicionante.

Pero –se me dirá- el caso de Podemos es distinto. Y es una observación razonable.

La carta abierta que Pablo Iglesias dirige a su secretario político, Iñigo Errejón, muestra claramente que la comunicación interna se ha roto. Las alusiones de ambos al debate fraternal hace recordar aquel viejo refrán: dime de qué presumes y te diré de lo que careces. En realidad, este debate, para preparar Vistalegre II, tiene componentes diversos. Por un lado está el asunto del poder interno: Pablo Iglesias quiere un refrendo a su liderazgo para mantener incólume su capacidad de conducción del partido. Errejón no busca una caída sino un mayor control de ese liderazgo. La cuestión es que, en este momento, ambas opciones son contradictorias. Por otra parte, está el tema de la estrategia política. Pero si uno sigue el debate explícito puede observar que la confrontación de estrategias es principalmente entre Errejón (partido trasversal) y el grupo Anticapitalistas (vanguardia radical). Iglesias no entra afondo en este debate, pero necesita a Anticapitalistas para resolver a su favor la cuestión del liderazgo.

En esta situación, están dadas las condiciones para que se produzca un conflicto interno insuperable. Pero incluso si ello no tuviera lugar, es francamente difícil que el escenario de Vistalegre II llegue a ser muy edificante. Y eso contribuirá poderosamente a que el electorado que apoya Podemos perciba que la nueva fuerza política no está exenta de los problemas que critican en los partidos tradicionales (de la casta). Es decir, se romperá el mito de la política nueva (como hace tiempo se rompió el del hombre nuevo). Pero un giro hacia una política responsable de cambio social, alternativo a la derecha, ya tiene un ámbito político definido: el espacio socialdemócrata. Tal vez el electorado que fue seducido por la idea de asaltar los cielos, para castigar a la casta, acabe pensando que no hay que descartar la posibilidad de que sea interesante reformar la Constitución y mejorar el estado de bienestar aquí en la tierra.
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