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La sentencia del Tribunal Supremo del Reino Unido sobre el Brexit

miércoles 25 de enero de 2017, 10:32h
A primera hora del 24 de enero, los medios de comunicación se hacían eco dela sentencia leída por el Presidente del Tribunal Supremo del Reino Unido, Lord Neuberger of Abbotsbury, en la quefinalmente se desoye la apelación efectuada por el Ministro de Negociaciones para la salida de la Unión Europea, dando la razón a Gina Milers, una gestora de fondos de inversión que actuaba como principal cabeza visible de los demandantes. La sentencia cuenta con más de 90 páginas de extensión y en ella se detalla la compleja relación que el Reino Unido ha mantenido con las Comunidades Europeas a lo largo del tiempo, explicándose por qué el Derecho comunitario es de obligado cumplimiento y gozade primacía frente al derecho inglés. Al mismo tiempo, subraya la importancia de la forma por la cual Reino Unido accedió a las Comunidades Europeas en 1973.

Esta sentencia pone de manifiesto que en virtud de la -Ley de las Comunidades Europeas de 1972- Reino Unido accedió a las Comunidades contando con la aquiescencia del Parlamento británico. La repercusión de dicha adhesión fue tan relevante “in constitutionaltermstheeffect of the 1972 Act was unprecedented” que obligó al Estado británico a cumplir con la letra de los Tratados y, consecuentemente, a lo largo de las décadas siguientes ha venido asumiendoplenamenteel derecho europeo, en todos aquellos territorios que se encuentran bajo su soberanía. Tales hechos se efectuaron por y gracias al procedimiento efectuado por el gobierno británico durante las negociaciones de adhesión y por el Parlamento británico, que ratificó la adhesión mediante la “European Communities Act” que posibilitó adecuar al ordenamiento jurídico interno al acervo de las Comunidades, así como el de las futuras normas que emanasen de su funcionamiento ordinario.

En el 2016 se ha producido un acontecimiento insólito, tras varias décadas de europeísmono suficientemente defendido, ni comprendido educativa, cultural, social y políticamente, el pueblo británico tuvo la oportunidad de decidir si quiere seguir siendo parte de la UE (ya lo hizo en una ocasión en 1975) y el resultado en esta ocasiónha sido en favor del Brexit. Este acontecimiento obligaría a renunciar a un desbordado Primer Ministro, James Cameron, que apoyaba la permanencia en la Unión Europea, tras unas duras negociaciones y en pocas semanas la Reina Isabel nombraría a TheresaMay como Primer Ministro. May, que también había defendido la permanencia, se alineaba ahora con el ala más exaltada de su partido, decidida al abandono de la Unión y precisaría que no invocaría el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea hasta preparar una estrategia de negociaciones. En ningún momento manifestó contar en dicha estrategia con un papel protagonista para el Parlamento británico, pues se consideraba perfectamente legitimada para invocar el artículo 50 del Tratado de la Unión sin contar con su respaldo.

La sentencia del Supremo donde ocho magistrados han avalado, y 3 han votado en contra, suma un apoyo incondicional a la institución parlamentaria por excelencia en Reino Unido y obliga a TheresaMay a consultar y contar con el permiso del Parlamentoantes de iniciar el trámite de abandono de la Unión Europea. Entre los varios argumentos que respalda la posición del Tribunal está el de las consecuencias que a nivel normativo tendrá para los derechos y deberes de los británicos y que obligará a una enorme labor de enmienda, modificación o derogación de leyes por parte del Parlamento durante varios años. Igualmente, los magistrados observan la necesidad de contar con el respaldo del Parlamento, de la misma forma y en los mismo términos en que se precisó cuando el Reino Unido quiso formar parte de las Comunidades, y para ello, se elaboró la ley de 1972 que fue y sigue siendo la norma fundamental aprobada por el Parlamento, que posibilita la aceptación de todos los actos emanados de las instituciones europeas.

La sentencia no solo exalta el papel de una institución casi milenaria, también aclara en particular a Irlanda del Norte que no necesitará contar con la aquiescencia de su Parlamento para invocar el derecho de retirada de la Unión. El derecho de retirada, tal y como se ha establecido, se ejerce con el permiso del Parlamento británico, sede de la soberanía británica, que reúne a la Cámara de los Comunes y de los Lores, ante la cual, ninguna otra institución dentro del Reino, por el mero hecho de poseer competencias legislativas, puede impedir o viciar la voluntad de la decisión adoptada por las Cámaras. Si como está previsto que ocurra, el Parlamento otorga a TheresaMay carta de naturaleza a la labor que ya ha iniciado con propósito de abandonar la Unión Europea, el gobierno británico podrá comenzar las negociaciones de retirada y el plazo de dos años comenzará a contar desde el mismo día de la invocación del artículo 50. Otra cosa serán las actuaciones que realicen los gobiernos en Parlamentos de Escocia y de Irlanda del Norte, a quien no se les puede negar un importante protagonismo.

La Premier británica deberá, tras esta sentencia, perseguir el apoyo en ambas Cámaras y convencer a sus miembros de los beneficios que supondrá para el pueblo británico su proyecto de retirada de la Unión Europea. Una vez que tenga el apoyo del Parlamento, el protagonismo en las negociaciones será enteramente del Gabinete del Reino Unido, donde los ministros y, en particular, el Primer Ministro, contarán con un plazo de dos años para tramitar la salida de la Unión. A lo largo de este proceso, puede que se establezcan contactos informales con terceros países, con vistas a obtener acuerdos comerciales preferenciales, pero, sin duda, no podrán ser objeto de firma, hasta que asuman plenamente el ejercicio de las competencias que cedieron de manera voluntaria a la Unión Europea. Hasta entonces, el Reino Unido seguirá formando parte de la Unión Europea y las consecuencias de perder la membresía no se observarán hasta oficializarse la retirada.

Resultará triste observar que uno de los miembros más importantesde la Unión Europea, abandona su vinculación con el Continente y dificulta que la Unión consolide un inevitable proceso de integración regional en la idea de proporcionar a los ciudadanos europeos, independientemente de su nacionalidad, residir, circular y trabajar sin fronteras y asumir los desafíos de futuro en el contexto de una revolución tecnológica. Probablemente, este proceso pueda revertirse y Gran Bretaña comprenda de nuevo una de las frases más felices de Winston Churchill:

"Existe un remedio que… en pocos años podría hacer a toda Europa… libre y… feliz. Consiste en volver a crear la familia europea, o al menos la parte de ella que podamos, y dotarla de una estructura bajo la cual pueda vivir en paz, seguridad y libertad. Debemos construir una especie de Estados Unidos de Europa".

Rogelio Pérez-Bustamante

Catedrático Jean Monnet ad personam

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