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Valoraciones de la Cumbre de Malta

sábado 04 de febrero de 2017, 17:05h

Los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reúnen 4 veces al año y todas las veces que lo precisen en el marco de una situación problemática a modo de Consejos Europeos extraordinarios o de Cumbres informales y esta ha sido la ocasión para realizar una Cumbre informal el 3 de febrero de 2017 en medio de una enorme confusión denunciada por el Presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en una carta enviada el 31 de enero a los 27 Jefes de Estado y Gobierno de la UE.

En esta carta textualmente se decía que “muchísimas personas se están volviendo abiertamente europeas o euroescépticas en el mejor de los casos… especialmente el cambio en Washington coloca a la Unión Europea en una situación difícil, dado que parece que la nueva administración cuestiona los últimos setenta años de política exterior estadounidense”. La carta expone su preocupación por este proceso. El representante de la Unión Europea en el mundo exterior manifiesta que: “se necesita la valentía y la determinación y solidaridad política de los europeos… sin ella no sobreviviremos… debemos defender claramente la dignidad de una Europa unida… tener el valor de oponernos a la retórica de los demagogos, tomar medidas firmes… restablecer la sensación de seguridad externa e interna… unidos resistiremos, divididos caeremos.”

Donald Tusk plantea un triple escenario de dificultades, la del mundo exterior antieuropea, la amenaza interna nacionalista y xenófoba y la disminución de la confianza en la integración política de las élites europeas. Este será el contenido del mensaje que se hará en Roma el 25 de marzo con motivo del 70 aniversario de los Tratados de Mercado Común y EURATOM, deseando que este encuentro de Roma sea un momento de celebración y unidad.

Este escenario suponía, por tanto, que la reunión informal de los líderes europeos celebrada en Malta, el 3 de febrero de 2017, se producía en un momento decisivo para la Unión Europea. Una carta de invitación enviada el mismo 31 de enero manifestaba que se trataría de los aspectos externos de la migración, que era la idea inicial, pero que en el almuerzo, se cambiarían impresiones sobre los desafíos internacionales para acabar debatiendo los preparativos de la referida reunión que se celebrará en Roma el 25 de marzo.

Con respecto al objetivo propuesto, la Declaración que han emitido los Jefes de Estado y de Gobierno enfatiza la preocupación que los líderes europeos todavía mantienen respecto a la migración forzosa que presiona las fronteras exteriores de Europa. Por ello, han decidido implementar una batería de medidas que garanticen el control eficaz de las fronteras y contener así los flujos ilegales con destino a la Unión Europea. Las migraciones por la ruta del Mediterráneo oriental se han visto reducidas drásticamente desde que se firmó el acuerdo de colaboración con Turquía. Sin embargo, por el Mediterráneo central siguen arribando a las costas italianas miles de inmigrantes procedentes de Eritrea, Nigeria, África Subsahariana...

Entre estas medidas, se intensificará de manera prioritaria la cooperación con Libia ayudando a la Guardia Costera nacional libia, con el propósito de frenar el éxodo de africanos hacia Europa. Paralelamente, se buscará desarticular el modelo de negocio de los traficantes. El giro en la acción europea es sustancial, puesto que a pesar de que los países europeos cuentan con más recursos y riqueza para asumir la llegada de inmigrantes irregulares, se trata de evitar la difícil tarea de acoger a esa masa de personas que arriban a sus costas de manera irregular, mediante un conjunto de mejoras técnicas y tácticas para frenar el posible avance por el Mediterráneo que asumirán países, con una gran inestabilidad interna, asumiendo su acogida, siempre que cuenten con el apoyo económico europeo.

Los medios para ejecutar todas estas acciones provendrán en parte de los 31.000 millones de euros que existen en el presente marco financiero plurianual, o bien a través de proyectos en curso, como el fondo fiduciario de emergencia para África, las contribuciones de los Estados miembros que pueden sumar 152 millones de euros y 200 millones de euros qué aporta la Comisión Europea en su ventana norteafricana. Estas actuaciones se completan con medidas destinadas al retorno de los migrantes irregulares que ya hayan llegado a Europa y vayan a ser devueltos, proceso que, al menos teóricamente, se adecuará al cumplimiento de los derechos humanos, del derecho internacional y de los valores europeos, e igualmente, se contará con la colaboración de la Organización Internacional para las Migraciones y del ACNUR.

Este fue el contenido de la llamada Declaración de Malta, si bien, el Consejo Europeo plantearía durante el almuerzo el debate sobre el futuro de Europa tal y como resumiría el Presidente Donald Tusk en unas Observaciones realizadas tras dicha reunión en las que manifestaba que: “la evolución de los acontecimientos en la escena internacional nos recuerdan lo importante que es contar con una UE fuerte. La cooperación trasatlántica sigue siendo una prioridad absoluta “ya que ha sido hasta ahora un pilar clave del mundo libre. Pero al mismo tiempo, sabemos que en la actualidad no tenemos otra opción que recuperar la confianza en nuestras propias fuerzas”.

Estas palabras son relevantes y ponen de manifiesto que aunque el Presidente francés calificaría de “inaceptables” las expresiones del Presidente americano sobre la Unión Europea, la posición de otros muchos países y singularmente de Alemania es la de rebajar el tono evitando una confrontación en aras del pragmatismo.

Tal situación nos lleva a realizar una consideración histórica. Recordemos que la posición de los grandes Estados Europeos a la guerra de Iraq motivó un gran distanciamiento con los Estados Unidos, una situación que llevo a la Cumbre informal celebrada en Hampton Court, en un lugar donde precisamente falleciera muchos años antes Christopher Wren, el arquitecto que había reconstruido Londres diseñando la catedral de San Pablo de Londres tras el gran incendio de 1666. En Hampton Court se restableció entonces la maltrecha alianza transatlántica generándose un nuevo clima de entendimiento entre la Unión Europea y Estados Unidos que daría importantes pasos hasta llegar al deseo incumplido del Presidente Obama de realizar el Transatlantic Trade and Investment Partnership, el famoso y ya fallido TTIP, es decir, el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Ahora, el actual Presidente Donald Trump no solo rechaza los Tratados de Libre Comercio y desde luego el que se planteaba con la Unión Europea, sino que claramente ha tomado una posición hostil con respecto a la Unión Europea, quien prefiere referirse con eufemismo no a la persona del Presidente sino a la nueva administración norteamericana. El Presidente del Consejo Europeo y, sobre todo, la Canciller alemana prefieren de momento expresarse con cautela y con un cierto pragmatismo y una cabeza fría, en todo caso y en palabras del Presidente español, defendiendo siempre los valores de la Unión Europea, es decir, no olvidando los valores de una sociedad que según el artículo 2º del Tratado de la Unión se caracteriza: “por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres.” La Unión Europea no tiene razón de ser si aprueba o consiente la discriminación, la intolerancia, la insolidaridad, la injusticia y la desigualdad social.


Por Rogelio Pérez Bustamante

Catedrático Jean Monnet. Profesor de la Universidad Europea

Rogelio Pérez-Bustamante

Catedrático Jean Monnet ad personam

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