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Carta abierta a Pablo con copia a Kichi

lunes 05 de junio de 2017, 18:38h

Soy uno de esos que se quedó pasmado cuando Rodríguez Zapatero se cuadró ante Merkel y a partir de ahí he ido de pasmo en pasmo hasta alcanzar este dolor social en el que vivo.

Cuando apareció Podemos como por ensalmo fui uno de los que se dijo Este es el camino y ayudé a que consiguierais cinco eurodiputados, tú entre ellos, y la necesaria visibilidad audiovisual.

En vuestro camino fúlgido os habéis dejado muchos pelos en cada bandazo, yo uno de ellos. Ya no están Bescansa ni Errejón, -que a mí me gustaban particularmente-, más allá del Aparador de las Reliquias en el que sobreviven y veo que las riendas las has tomado tú.

El último latigazo que acuso es el de la Virgen en Cádiz. Cuando los gobernantes de derechas han invocado o concedido medallas a cualquier Virgen, la del Pilar, la del Rocío, he escrito señalando la contradicción determinante que hay en intentar contemporizar Religión (cualquiera) y Gobernanza civil. No obstante, los gobernantes de derechas y muchos de sus electores no ven nada malo o escasamente poco en estas distinciones extrañas en las que el poder civil, público y tangible, “contacta” con el poder de ultratumba, invisible y mágico, y como son mayoría su decisión prevalece. Dura lex, sed lex.

Para “más inri” -me sigo cachondeando- tú y yo somos ateos así que empecemos por Dashiel Hammet, y su sentencia definitiva: El dinero no es el problema; el problema son siempre los principios.

Y por ver si mis mayores explican más acertadamente lo que digo, fue Tolstoi el que nos avisó “Es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de ellos” y aún parece que un siglo largo después seguimos sin comprenderlo.

Somos ateos, decía, lo que afecta a nuestra concepción de la sociedad, y somos laicos, lo que define nuestra visión de la gobernanza y administración públicas. La parte que me preocupa es la segunda puesto que la primera afecta a la esfera más privada del individuo, sus creencias, mientras que la segunda se centra justamente en la parte pública de cada ciudadano y en lo común a toda la ciudadanía.

Yo no quiero que haya tuberías que comuniquen la oficialidad de Gobierno y Administración Pública con las creencias personales. No requiere mucha más explicación: es por lógica, por igualdad, por respeto y por prácticas de buena vecindad; no es aceptable que se imponga ninguna definición ideológica o religiosa.

Si lo que me moviera a retirar los símbolos religiosos de lo público fuera mi ateísmo, entonces estaría en otra discusión y en otro planteamiento que me incluiría en la categoría del párrafo anterior. De alguna manera, sería como el “Conjunto de los conjuntos que no se contienen a sí mismos” y acabaría en contradicción y, específicamente, en paradoja.

Cuando los ciudadanos os votamos -yo ya no, sigo buscando- partíamos de un pacto elemental y básico: si ganáis tenéis que hacer lo que propusisteis hacer. Casi siempre se tratará de proyectos, leyes, presupuestos, medidas tangibles en definitiva, y en contadas ocasiones se tratará de principios. La de Cádiz va de principios y saltarse los principios está mal, es insultante y no tiene justificación: queremos cambiar (algunas cosas de) la sociedad a través de la política y la democracia. Al alcanzar el gobierno uno no se puede rajar.

Kichi llegó a la alcaldía para hacer cosas que no se hacían, para hacer de otra manera las que ya se hacían y para introducir una nueva forma de entender lo público a partir de unos principios muy definidos. Cuando le proponen que condecore a la Virgen del Rosario solo tiene una opción -si es honesto-: negarse en redondo y arrostrar la decisión frente a los 6.000 peticionarios. No hacerlo, más allá de la traición obvia, es no luchar como es debido para que las cosas cambien. O sea y en castellano antiguo, No es por el huevo, es por el fuero.

Benito Juárez, peguntado por la razón de haberse negado a asilar a Santa Anna, lo que luego le valdría el destierro, contestó Los hombres no son nada, los principios lo son todo. Esa es la valentía honesta que se requiere a un gobernante, no la acomodaticia a la peripecia.

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