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Zapatero 'suspende'

Nuestro sistema educativo no ofrece un mal rendimiento, el problema es que hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que teníamos”. Zapatero pretendía salir airoso así del Informe PISA 2006, que la OCDE ha elaborado en 57 países y que tras dos ediciones anteriores (PISA 2000 y 2003) es referencia obligada de la calidad de la enseñanza en el mundo.

El Programa para la Evaluación Integral de los Alumnos (PISA, en sus siglas en inglés) referido al año pasado no deja en buen lugar al Gobierno y desmiente a ZP, porque si el presidente tuviera razón esta radiografía hubiera sido mejor que la de hace cuatro años, y no peor. Tres años no son suficientes para mejorar las cosas. Pero el PISA 2006 refleja lo que ha dado de sí la legislatura socialista: no mucho. En 2003, España ocupó el lugar 23 en comprensión de escritura, de un total de 30 países; el 24 en matemáticas y el 22 en ciencias, y en el PISA 2006 estamos en el 35 en lectura, el 32 en matemáticas y el 31 en ciencias, de 57 países.

Hay quienes como el catedrático de Sociología de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid, Julio Carabaña, aseguran que es un error decir que “España está a la cola”. Opina que estamos “al nivel medio de la OCDE” . Se basa en las puntuaciones, que según él “son muy estables”. Pues bien, vayamos a ellas: en comprensión de la escritura, España obtuvo 546 puntos en el año 2000 y 543 en el 2003. Tres puntos menos. En lectura, obtuvo 481 en 2003 y 461 en 2006. Veinte puntos menos. En ciencias, logró 491 en 2000, 487 en 2003 y 488 en 2006. Un punto más, tras haber perdido cuatro. Y en matemáticas, 476 en 2000, 485 en 2003 y 480 en 2006. Que cada cual saque sus conclusiones. La mía es que en ciencias, escritura y lectura la tendencia es a la baja y en matemáticas, donde hace cuatro años habíamos remontado nueve puntos, hemos perdido cinco de 2003 a 2006.

Se mire como se mire, España está doce puntos por debajo de la media de la OCDE (491). Y es aquí donde empieza aquello de ver la botella medio llena o medio vacía, cuando habría que reconocer que está escasa.

Primero con María Jesús Sansegundo y después con Mercedes Cabrera Calvo-Sotelo, Educación no ha cumplido los compromisos electorales del PSOE en 2004. Hizo 'su' reforma de la Ley de Calidad de Enseñanza, pero sin el "consenso" prometido y pisando callos. ¿Para cuándo una política 'de Estado' en Educación? No ha cumplido lo de implantar "una educación pública de lujo, bilingüe y con un ordenador por cada dos alumnos", ni que el número de inmigrantes "no supere una cuota superior al 35% por aula”, ni lo de “incrementar el número de becas hasta llegar a un 40% de alumnos becados”. El Gobierno sostiene que ha aumentado sustancialmente el importe de las ayudas al estudio y es cierto. Pero de 800.000 becados hace diez años hemos pasado a 400.000 este curso, según la conservadora Concapa.

En gasto en enseñanza, España también está por debajo de la media de su entorno. El 4,47% del PIB frente al 5,21% de la UE, cuando países menos desarrollados, como Polonia, gasta un 5,62%. Y es significativo que nuestra ‘referencia’ sea Polonia. Me hubiera gustado que fueran los Países Bajos o Alemania, por no decir Finlandia, la mejor.

Si “lo que los alumnos aprenden tiene poca o nula relación con el gasto en enseñanza”, como asevera el catedrático Carabaña, no se entiende por qué el Gobierno de Zapatero reclamó a las comunidades autónomas en diciembre 2004 que aumentasen el gasto en Educación para “mejorar el rendimiento”, a la vista de los resultados del PISA 2003.

Y todo, sin disciplina ni cultura del esfuerzo: cuatro suspensos, cuatro, no le bastan a la ministra Cabrera para que repita un mal estudiante de Bachillerato. Todo vale para 'maquillar' las estadísticas del fracaso escolar.

No es más alentador el panorama universitario, donde la selectividad es por nota y no por aptitudes. El rector de la Complutense, Carlos Berzosa, me admitió este verano su injusticia, pero me reconoció que no había intentado nada para cambiarlo. Además, en España ser titulado universitarios tiene ventajas laborales.

Sansegundo pasó por el Ministerio con la sexta reforma educativa de la democracia, la LOE; Cabrera, con la polémica Educación para la Ciudadanía (EpC). Ambas son de las peor valoradas del Gobierno, como Carmen Calvo cuando fue ministra de Cultura y soltó aquello de que “un concierto de rock en español hace más por el castellano que el Instituto Cervantes”, o "deseo que la Unesco legisle para todos los planetas". Ministra ‘rockera’ que igual vestía una ‘chupa’ de cuero que un modelito de Ágata Ruiz de la Prada, ministra ‘de cuota’, es recordada con más pena que gloria. No logró que el Proyecto de Ley del Cine tuviera el apoyo –sino al contrario– de los artistas del ‘No a la guerra’. Y a su Ley del Libro se opusieron muchos autores e intelectuales porque incluye el préstamo de pago en las bibliotecas (ahora, un libro, 0,20 euros).

Al menos, César Antonio Molina, sucesor de Calvo, ha sabido hacer en medio año lo que ella fue incapaz en más de tres: ‘arreglar’ el Proyecto de Ley del Cine y ‘conquistar’ el consenso antes negado, que ha hecho posible que el citado texto legislativo salga aprobado por unanimidad del Senado, sin un solo voto en contra, para su tramitación en el Congreso. Algo es algo.

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