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Feminismo de cuello alto

jueves 01 de marzo de 2018, 10:30h

Pocos temas generan tanta controversia y malestar encubierto entre nosotras, como la cantidad de piel mostrada. Mientras ciertas sociedades y doctrinas religiosas se encargan de tapar y cubrir el máximo de piel posible como medida de sometimiento, en otras se comienzan a visibilizar mujeres dispuestas a romper con las normas en exceso decorosas y las reglas del velo. Nosotrxs, nos pegamos otra vuelta de tuerca, y últimamente nos planteamos el sentido de ciertas profesiones asociadas a arquetipos sexistas y ciertos modelos de mujer impuestos que empiezan a resultar caducos.

La censura entre nosotras mismas me remonta a un mito tan apasionante como el de Lilith, que en estos tiempos bien podría ser cualquier 'mala feminista' que no es aceptada por las propias mujeres ya que opera en torno a sus propias reglas. Y ese precisamente es el 'quid' de la cuestión.

Mucho se habla de la cosificación y poco de la instrumentalización de las características diferenciales de la mujer. Recordemos que "cosificar a la mujer (según Wikipedia) significa hacer uso de ella o de su imagen para finalidades que no la dignifiquen ni como mujer, ni como ser humano. La forma más frecuente de cosificación de la mujer es la cosificación sexual: se la convierte en un objeto sexual a disposición del hombre".

"Instrumentalizar (según la RAE) es utilizar algo o a alguien como instrumento para conseguir un fín. Instrumentalizar tu cuerpo para conseguir cosas". Y añado, también para comunicarlas.

Corren tiempos de cambio y flotan miles de preguntas en el ambiente… ¿Negar o esconder tus características sexuales es feminista?¿Qué ocurre cuando una mujer se cosifica a sí misma como objeto sexual para conseguir un fín? ¿Porqué la desnudez o "ligereza en las ropas", puede llegar a resultarnos ofensivo? ¡Venga, una más! ¿Vestir tapando tu cuerpo te hace estar más o menos preparada? (Minutos para la reflexión personal…)

Lo que está claro, es que en todo caso, podría hacerte 'parecer' más preparada (aunque no lo estuvieras) y centrar la atención en tu discurso y no en tus tetas. Cuestiones mil, como ven, que resuenan últimamente en nuestras cabezas y nos hacen mezclar conceptos distintos e independientes. Como dirían muchas de nuestras abuelas, mezclar 'churras con meninas'.

Nuestras características diferenciales en torno a la belleza, discurso de pensamiento, vestimenta y sexualidad nos definen como seres humanos. Nos presentan como mujeres libres en el mundo y contexto que nos rodea.

Ese acto de poder elegir nuestra vestimenta, y comunicar una parte de lo que somos, o bien de cómo nos sentimos en ese preciso momento a través de ella, es un derecho que nos pertenece.

En cualquier caso, los modelos siempre deben estar al servicio de las personas y no éstas al servicio de los modelos, para encajar en ellos.

Todavía escucho a demasiadas mujeres ejerciendo una discriminación positiva sobre aquellas que instrumentalizan su cuerpo como herramienta para comunicar. Y es un modelo de mujer tan válido como otro. No hay porqué castigarlo como dignas herederas de Isabel la Católica y la Santa Inquisición. Hay que dejarlo existir junto con otros muchos.Tantos, como mujeres libres y plurales. No nos desacreditemos entre nosotras. La empatía nos vuelve poderosas y nuestras acciones y discursos no deberían castigar a aquellas que libremente optan por cosificarse a sí mismas o instrumentalizar la imagen que desean tener en cada momento.

Soy consciente de que este punto, el de la "discriminación positiva", merecería otro artículo a parte. Quizá por todas las veces que como mujer creadora he sentido el terrible peso del feminismo de cuello alto sobre mí. Por todos los prejuicios rancios y arraigados que motivan ciertos comentarios o actitudes sostenidos por y para nosotras mismas, que no dejan de ser un fiel reflejo de este término, que empieza ya a darme un poco de repelús, que es el del heteropatriarcado. Y cómo lo llevamos grabado a fuego en nuestro ADN social, llegándolo a vomitar incluso entre nuestras hermanas y compañeras.

Una cosa es la belleza. Otra la inteligencia. Y otra bien distinta, la instrumentalización de nuestros cuerpos.

Y nosotras, las mujeres, tenemos derecho a operar como queramos en todas y cada una de ellas.

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