En el mes de diciembre se escenificó el fin del poblado chabolista más grande del sur de Europa, El Salobral. En sus 22 hectáreas, situadas en el distrito de Villaverde, vivían en precarias condiciones de salubridad y de exclusión social más de 1.200 personas, muchas de las cuales fueron realojadas en viviendas en altura. En total, 236 familias cambiaron sus chabolas de latón por pisos con alquileres inferiores a cien euros y la ayuda de los servicios sociales del IRIS.
Gracias a la colaboración conjunta entre el Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad, el poblado dará paso a una zona industrial, que pretende ser un revulsivo para el distrito de Villaverde. Para ello, fueron necesarios 20 meses de derribos de chabolas y de labores para integrar a sus inquilinos.
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Como subrayaron el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón y la presidenta regional, Esperanza Aguirre, la clave para el desmantelamiento de El Salobral no fue sustituir las infraviviendas por casas de cemento, sino el apoyo social que han recibido las familias para su integración.
Aunque parezca sencillo, cambiar las costumbres que se tienen en un poblado para adaptarlas a las de un vecindario al uso no es fácil. Para que no hubiese problemas, los cabezas de familia recibieron los denominados cursos de Preparación a la Vivienda que imparte el Instituto de Realojamiento e Integración Social (IRIS), en los que se les enseñaron las normas básica de convivencia, como no hacer ruido o saludar cuando uno se cruza con el vecino del tercero.
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Una vez que las familias están alojadas en su nueva casa, los trabajadores sociales del IRIS continúan con su labor educativa que consiste en orientarlas a la hora de buscar empleo o en la escolarización de sus hijos.
En El Salobral vivían más de 1.200 personas, de las cuales casi 500 eran menores de 16 años y de los 700 adultos casi 200 eran analfabetos. Para desmantelar el asentamiento, el Ayuntamiento realizó 523 demoliciones y la Comunidad de Madrid realojó a 236 familias en 13 distritos de la capital y 19 municipios de la región. Una operación que ha costado cerca de 40 millones de euros, costeados a medias entre ambas instituciones.
Sin embargo, no todas las personas que habitaban El Salobral recibieron ayuda para abandonar el poblado. El convenio firmado entre Ayuntamiento y Comunidad establecía que la unidad familiar no dispusiese de ingresos superiores a 15.000 euros o que no tuviese ningún vivienda en propiedad, entre otros motivos.
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Así, de las 497 familias residentes en el asentamiento, 236 han sido realojadas por el IRIS. El resto ha tenido que afrontar con sus propios recursos el desalojo, como también sucederá con la decena que aún hace su vida allí y que este lunes ha protestado cerca de la carpa donde se ha celebrado el acto para solicitar que les faciliten una vivienda. Gallardón explicó que no cumplen los requisitos para recibir las ayudas y que están a la espera de recibir la orden judicial pertinente para proceder al derribo de sus infraviviendas.
De esta manera, quedaron atrás los más de 25 años de historia de un poblado en el que llegaron a vivir más de 1.200 personas, en su mayoría de etnia gitana, y en el que el día a día no era precisamente fácil. Sin luz, salvo la proporcionada por generadores eléctricos o la 'robada' de las farolas; sin agua, excepto la que recogían en bidones; y con unas condiciones higiénicas muy deficientes, casi quinientas familias malvivían en este lugar situado entre la línea de ferrocarril Madrid-Alicante, la M-45 y la avenida de Andalucía.