Los cristianos están de fiesta
jueves 20 de diciembre de 2007, 13:28h
Actualizado: 22 de enero de 2008, 20:07h
Y no es para menos. Se celebra el nacimiento del Salvador. La Noche Buena es caracterizada también como la noche de la bendición por la natividad de Jesús de Nazaret. La fiesta la celebran los católicos, los anglicanos algunas Iglesias protestantes y la Iglesia Ortodoxa Rumana. Para otras Iglesias Ortodoxas la fecha de regocijo es el 7 de enero porque no aceptaron el calendario juliano, que reformó el Papa Gregorio XII.
Hasta ahí todo está bien. Eso es lo formal, que en Chile tiene su expresión máxima con la Misa del Gallo, donde se canta la buena nueva. Es de profundo recogimiento y de tremenda alegría.
Sin embargo con los años la festividad se ha trasformado en un desmadre que nadie hubiera imaginado hace medio siglo. La gente, incluidos los creyentes, desatan las bajas pasiones por doquier e ignoran el humilde momento en un modesto pesebre de Belén. Muy pocos sabrán donde queda esta ciudad ícono del cristianismo y cuál es la realidad que se vive en el Medio Oriente, donde se lloran las miserias de la guerra y se sueña con la paz.
La presión sobre los fieles que ahora se llaman consumidores, se expresa a través de los medios de comunicación masivos, donde la interpelación mayor está centrada en la motivación por el consumo. Desde automóviles, pasando por viajes exóticos en paquetes turísticos hasta ropas, artículos electrónicos y lo que uno quiera imaginar. Eso para regalar a los seres queridos. O para pagar un favor. ¿Un tributo al niño Dios? Si claro, porque no. Si se puede pagar en 60 cuotas. No hay que tener billetes, basta el dinero plástico de las tarjetas de crédito y de las tiendas comerciales. Y listo. Así no se sufre. La carrera por la compra de bienes materiales está desatada igual que el año pasado, pero al cubo. Hay plata, ficticia, virtual, pero qué importa, da lo mismo. “Dios proveerá”, decía mi abuela Isabel, claro que en otro contexto. Era cuando venían los temporales y las cosechas de iban al tacho de la basura.
Y como la navidad está separada sólo por 7 días del Año Nuevo, el paquete es completo. Además de la pasión por comprar, hay que comer y beberse todo lo que se cruce en el camino. Las empresas cierran el año entre Pascua y Año Nuevo. Un restaurante, no muy caro, con harto para comer, mucho alcohol para rebajar las tensiones del año, serpentina, chayas, cornetas, globos y un regalito para los sufridos empleados que irán a sonreírle al jefe para que no se le vaya a ocurrir una reingeniería del recurso humano, justo cuando hay tanto para endeudarse y vienen las vacaciones que empalmará con el comienzo del año escolar y que recién se detendrá con el pago de impuestos del año tributario. Pobre del que tenga dos trabajos: en abril le sacarán la cuenta y nuevamente la mano al bolsillo. Así la vida, se transforma en un tobogán de consumo, pago, consumo, de nunca acabar. Vivimos en un mundo desbocado, dirá el sociólogo Anthony Giddens, tratando de interpretar la era de la globalización.
Es que la gente quiere tener. Tener cualquier cosa. Pero tener. El SER al que aspiraban los racionalistas y enciclopedistas, hoy aparece como una estupidez para aficionados a la filosofía barata. Hay que “puro tener”, dice el refrán. Bah!, dirá usted, nunca escuché ese refrán. No se preocupe, lo acabo de recoger de la realidad, que muchas veces parece ficción. ¿Y no será que estamos confundiendo lo ficticio con lo real? García Márquez ya nos aclaró una vez que la ficción es un invento de alguien, ya que la ficción no existiría sin la realidad. Nadie es capaz de hacer algo así.
Si a estas alturas ya siente agobiado su intelecto por esta reflexión, el mercado nos ofrece sólo en la capital de Chile, unas cuatro farmacias en las cuatro esquinas de cualquier intersección de dos calles. Ahí se vende de todo, para el dolor de cabeza, para la jaqueca, para el insomnio, para el nerviosismo; para la resaca de Pascua y Año Nuevo hay unas píldoras que parecen mágicas, lo dejan como chiquillo(a) de 15, listo para tirarse al sol en cualquier playa que -le garantizo- le estará esperando después de lo comido, lo bailado y lo regalado. Claro que las arenas del Pacífico se las traen. Más bien le traen radiación ultravioleta al por mayor. Y como todos estamos esperando el “gran evento”, quien dice que se aparece este verano otro de esos choquecitos entre la placa de Nazca y la Plataforma Continental, que hace caer el sistema informático y se borran todas las deudas adquiridas y las por contraer.
Está claro, vivimos en un mundo desbocado, pero no hay mal que por bien no venga. ¿Cuándo? Ya veremos, no sea impaciente.
A todo esto: Felices Fiestas, para usted y los suyos. Buenaventura para la ciudad y el mundo. ¿Así se decía, No?
-----
Sergio Campos Ulloa
Profesor de Periodismo de la Universidad de Chile
Periodista Radio Cooperativa