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De vergüenzas y tiquismiquis

martes 08 de enero de 2019, 10:59h

Deben realizarse los cambios de gobernantes en las instituciones autonómicas de Andalucía, como consecuencia de unas elecciones en las que la balanza se inclinó del lado del centro-derecha después de una larga era de socialismo. Los representantes de las izquierdas muestran su irritación por la concurrencia de un nuevo partido llamado VOX en el evento. Con ocasión de la elección de la presidenta para el Parlamento Andaluz, la expresidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz tuvo la osadía de calificar tal elección como pacto de la vergüenza. Dicha “vergüenza” consistía en que la presidenta Marta Bosquet había sido elegida por la mayoría de los miembros de dicho parlamento regional electo y no por una combinación de traiciones o abstenciones que le hubiese gustado urdir a la izquierda de anteayer.

Es una desfachatez que se atrevan a hablar de vergüenza desde una izquierda que mantiene en el poder a un presidente del Gobierno con solo ochenta y cuatro escaños gracias al apoyo de separatistas, neocomunistas y todo lo que respire antisistema, anti constitucionalismo o anti España. No decimos esto por el espectáculo de la moción de censura que derribó al Gobierno de Rajoy el pasado año en la que se confabuló toda esta tropa de concurrentes poco recomendables. Era su derecho como parlamentarios, fuese cual fuese su color, censurar a quien considerasen conveniente de acuerdo con su propia opinión, del mismo modo que los actuales miembros del Parlamento Andaluz están en su derecho al elegir todos los cargos que les competen de acuerdo con las mayorías que se han formado de acuerdo con el correspondiente reglamento.

Lo que es una auténtica vergüenza no es que Pedro Sánchez se haya instalado con los votos de una moción de censura constructiva que le ha colocado en la Presidencia del Gobierno sino que se haya incumplido el objetivo de tal procedimiento que era y es la convocatoria de unas Elecciones Generales a la mayor brevedad posible. El “pacto de la vergüenza” es el mantenimiento prolongado de Pedro Sánchez en la Moncloa sin otra razón que la de ser la peor opción posible para la integridad del Estado y la mejor posible para quienes aspiran a destruirlo. Es una vergüenza peor que la existencia de cualquier acuerdo entre afines la prórroga del ridículo y humillante ruego de apoyo para unos Presupuestos Generales a cambio de una claudicación indefinida en la defensa de los pilares de la unidad nacional y es peor la práctica de concesiones ante un chantaje continuo contra la dignidad de un Gobierno. Esa es la vergüenza que sienten la mayoría de los españoles cada día que perciben las diatribas de Torra y los silencios de Sánchez.

En cuanto a la opinión negativa que se hace desde VOX contra una Ley de Violencia de Genero porque supone una desigualdad jurídica en razón del sexo, nos encontramos con un reto diferenciado de la investidura inaplazable de un presidente de la Junta de Andalucía y su Gobierno y del cambio de orientación básico en la gestión de aquel territorio. Ni hay vergüenza en escuchar las razones de VOX ni escucharlas supone asumirlas como una imposición de una minoría. Escucharlas, debatirlas y votarlas en su día no puede convertirse en una previa decisión extraparlamentaria. Es razonable que se intenten corregir los excesos de la ideología de género impuestas por una izquierda que, contradictoriamente, es opuesta a la prisión permanente revisable. Una vez establecida la legítima presencia de VOX en el parlamento andaluz es allí donde este partido habrá de defender sus propuestas y hacer vales sus votos,en la medida que les corresponda, sobre la protección legal de la mujer y cualquier otro asunto pero no es correcto obstaculizar la fase constitutiva del esperado cambio en Andalucía que deberá producirse con el pleno funcionamiento de las instituciones que pronostican una nueva política regional y a medio plazo unos nuevos equilibrios en la política de ámbito estatal.

Las discrepancias previas entre los tres partidos que van a posibilitar el cambio no justifican en ningún caso frustrar las esperanzas de un giro en la orientación política de Andalucía ni justifican empecinarse en identificar los proyectos programáticos entre los partidos básicos de una nueva situación en la que VOX será importante pero no tiene ningún derecho a exigir una unificación absoluta de criterios previos como si el nuevo poder andaluz fuese consecuencia de una mayoría absoluta y no de una concurrencia de aportaciones plurales con afinidades evidentes en su lealtad a España y en su rechazo a un izquierdismo dogmático. Reabrir el debate sobre una ley de violencia de género es anticipar una iniciativa que puede entrar en el proyecto de VOX una vez en marcha la legislatura y no como un condicionamiento previo. Dicho esto, también podría considerarse una vergüenza, desde el punto de vista de los votantes que optaron por desalojar al socialismo de su feudo en Andalucía, que los representantes del ala más radical en favor del cambio que, probablemente, fueron quienes votaron a VOX, impidiesen el desalojo de la izquierda del Palacio de San Telmo por sus escrúpulos de monja por la ausencia de precisiones en las propuestas de futuro de los partidos antes de que estos estén en condiciones de proponer y debatir iniciativas como Gobierno. La alta sensibilidad que despierta la violencia llamada de género y su fácil manipulación demagógica hacen fácil desfigurar los razonamientos de VOX y los hacen rebotar contra el nuevo partido dañando tanto su táctica como sus modales. Algo parecido podría decirse desde otro punto de vista del postureo de Ciudadanos para explotar unos factores diferenciales que pueden tener sentido cara a otras ocasiones electorales pero que solo contribuyen a entorpecer los pasos imprescindibles para iniciar el cambio en Andalucía. Es de esperar que estos días se corrijan las discordias con la investidura de un presidente representativo del deseo mayoritario de cambio expresado por los andaluces. La oportunidad de alternancia después de casi cuarenta años es un objetivo superior a las futuras iniciativas que habrán de producirse en un Parlamento donde serán necesarios los votos de todos para aprobar las múltiples disposiciones que serán necesarias para regenerar y modificar el ambiente enrarecido de una administración monopartidista de cuarenta años de antigüedad. En la actualidad lo imperativo es formar un Gobierno no socialista y legislar el futuro desde unas condiciones distintas en las que VOX podrá poner su acento. Hasta ese momento los tiquismiquis entre los partidos son imperdonables.

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