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El gesto viajero del Rey

El gesto viajero del Rey

Dentro y fuera de los cuarteles ha caído bien el detallazo del Rey de visitar a las tropas españolas destacadas en Afganistán. Siguiendo su algo más que supuesto buen olfato, Don Juan Carlos, ha estado a la altura de lo que se esperaba. Y no sólo por su condición de jefe de las Fuerzas Armadas –en la actualidad más protocolaria que efectiva—sino por seguir demostrando, como dejó bien claro en su mensaje navideño, su condición de servidor público.

    El hecho de que el titular de la Corona hiciese anoche el viaje en secreto obedece más a motivos de seguridad (el polvorín afgano tiene al lado Pakistán, país inestable incluso antes del asesinato de Benazir Bhutto) que a opacidad informativa. Acompañado del ministro de Defensa, José Antonio Alonso, el Rey ha demostrado su sensibilidad para con la presencia internacional de España y su –constitucionalmente obligatoria--  sintonía con las políticas del Gobierno.

    Naturalmente, el viaje del Rey podría tener muchas lecturas, todas ellas unidas al clima electoral que se respira pese a las fiestas navideñas. Y es normal que así sea. En todos y cada unos de los momentos, el Rey ha estado a lo que tenga a bien disponer el gobierno de turno (recordemos la maleducada intemperancia de José María Aznar cuando dijo aquello de “el Rey irá a Cuba cuando toque”), pero no hay que olvidar que por formación, el jefe del Estado es y se siente militar. Quizá aquí esté una de las claves de su deseo de visitar a las tropas españolas en misiones exteriores. La justificación –para el columnista absolutamente innecesaria— de que el viaje coincidía más o menos con su septuagésimo cumpleaños es algo que valoran militares y paisanos. Un signo de sensibilidad, si se quiere campechana.

    La especie que se ha difundido esta mañana desde alguna que otra caverna radiofónica de que por qué no iba también el presidente del Gobierno es sólo una de las esperadas y previstas andanadas mediáticas. Porque estos artilleros de micrófono, en el caso de que Rodríguez Zapatero se hubiese sumado a la expedición, hubiesen tronado con idéntica o puede que redoblada intensidad, acusando de electoralismo al presidente del Gobierno y de quitar protagonismo al Rey.

    En cohonestar sus querencias personales y sus obligaciones constitucionales habrá que reconocer que Don Juan Carlos –tras 32 años de reinado— es todo un experto. Vamos como que tiene ya mucha mili hecha. Eso sí, como capitán general de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire. Un entorchado más añadir a los de su veteranía.
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