Los Reyes, ¿se pueden permitir un matrimonio al uso?
Jaime Peñafiel
‘Juan Carlos y Doña Sofía. Retrato de un matrimonio’
259 páginas
La esfera de los libros, 2007
viernes 11 de enero de 2008, 15:51h
Los chismes de la Corte siempre han entusiasmado al pueblo llano y los estudiosos de Historia y el último libro de Jaime Peñafiel responde a este menester, aunque va un poco más allá, quizá por recelo, que enmascara tras su pretensión por mostrar la cara más humana de los reyes.
‘Juan Carlos y Doña Sofía. Retrato de un matrimonio’, escrito al puro estilo tertuliano, casi de ensayo rosa, está compuesto por breves capítulos fáciles de leer. Un, fijo, best-seller de más de 200 páginas que se puede devorar mientras se espera en la consulta del dentista.
Antes de abrirlo ya se adivina el contraste: en la portada, una foto antigua de enamorados, que hoy, cuarenta y cinco años después, no se repetiría aunque lo fijara el mismísimo protocolo. Con un perfecto dominio de los titulares de las peores revistas del corazón arranca el libro en su primer capítulo, ¡Cincuenta años soportándose, Señor!.
Por supuesto, confirma los rumores: los reyes ni se soportan ni duermen juntos, el Rey es un mujeriego y la reina sufre en silencio. Peñafiel abre el baúl de los recuerdos -y la caja de Pandora- del matrimonio que reinstauró la monarquía borbónica.
A cada miembro de la Familia Real le toca lo suyo y el peor parado, el príncipe Felipe: Peñafiel dice que la reina le convirtió “en un niño caprichoso, malcriado, mimado y hasta déspota” y titula ‘El “golpe de Estado” de Felipe a su padre’ el capítulo en el que plasma el anuncio del amor que profesa a la divorciada Letizia:
- Eres un irresponsable (y otras palabras más fuertes que silencio) que te vas a cargar la monarquía – gritó fuera de sí el soberano, mientras doña Sofía, madre al fin, era un mar de lágrimas.
-¡Esto es lo que hay! O esto o lo dejo todo –exclamó el Príncipe con insolencia, desfachatez y descaro.
Las paredes hablan a Peñafiel…
El Epílogo: el resumen del libro
Dice así:
A los miembros de las monarquías actualmente reinantes que tantos privilegios tienen se les pide, en cambio, muy poco: simple y sencillamente que sean ejemplares en sus conductas o, al menos, que los parezcan.
Lo que no es de recibo es que se comporten como cualquier ciudadano y al mismo tiempo exijan tratamientos, honores y respeto.
Como ha escrito Yasmina Reza en el retrato del presidente francés Nicolas Sarkozy: “Cuando el príncipe es coronado rey, los que han visto llorar en la época en la que no lo era son enviados a las minas de sal”.
¿Quién ha visto llorar a Don Juan Carlos? ¿El que escribe la queja? Desde las minas de sal airea las crisis de la Corona al tiempo que reclama discreción.