Terminó la legislatura ‘socialista’. Hora de hacer balance, si nos dejan los anuncios electorales, de estos cuatro años y de analizar esas promesas casi utópicas que llegan día sí, y día también.
En un balance resumido, se puede decir que la legislatura deja un sabor agridulce. Como ya he comentado otras veces, ha sido una oportunidad perdida para, aprovechando la bonanza económica, llevar a cabo reformas profundas. Claro, que eso necesita, entre otros ingredientes, un Gobierno valiente y una oposición responsable.
A veces es necesario introducir reformas que puedan tener una imagen no muy positiva para los ciudadanos, pero que son importantes para el futuro, como es el caso del mercado de trabajo, de la inmigración o de la Seguridad Social. Pero esas reformas ‘mal vistas’ necesitan un Ejecutivo valiente que las acometa, y una oposición que no aproveche el momento para hacer sangrar la herida. Creo que en estos cuatro años no hemos tenido ninguna de las dos cosas.
Así que queda el sabor de una ocasión perdida. Obviando la labor del Ejecutivo, estos cuatro años han sido bastante buenos en materia económica: se ha creado mucho empleo, mucha riqueza y se ha crecido más que el resto de Europa. Las empresas han seguido mostrando su madurez y han aguantado casi sin inmutarse los problemas financieros en Estados Unidos. En España, la crisis tiene otra careta: la construcción.
Se veía venir, el fuerte crecimiento estaba sostenido sobre pilares poco estables, así que ahora toca bajar la marcha y volver a empezar casi de cero.
En materia legislativa se quedan en el tintero varias apuestas del Ejecutivo que, por una razón u otra, no han llegado a ver la luz. Por un lado el endurecimiento de las penas por delitos fiscales. Mucho se ha hablado de esos cambios pero, al final, la gran mayoría se han quedado para la legislatura próxima.
En estos años se cerró una descafeinada reforma de la Seguridad Social, y entre los aspectos que tampoco se acabaron de cerrar está la gestión del Fondo de Reserva y la necesidad de que se invierta en productos que ofrezcan una mayor rentabilidad.
En cuanto a las últimas promesas electorales, parece que los socialistas, una de dos, o están convencidos de su victoria, o están guardando una traca para el final de la campaña; porque lo cierto es que los ‘populares’ les están goleando en los anuncios electorales.
Una lid en la que Rajoy aparece como Rey Mago, porque poca viabilidad tienen sus propuestas salvo que haga auténtica magia. Este fin de semana ha destinado otros 3.000 millones de nuestros euros a reducir en 1.000 euros la declaración de la renta de las mujeres.
Tanto quejarse de las imposiciones que fijaba la Ley de Igualdad aprobada por el Ejecutivo, y ahora parece que los ‘populares’ han optado también por una discriminación exageradamente positiva y difícil de justificar.
¿Seguirá diciendo Génova que estos 3.000 millones de euros menos que ingresaría el Gobierno si gana el PP las elecciones no necesitarán de recortes en algunas partidas de gasto? En caso afirmativo, ¿alguien se lo seguirá creyendo?