miércoles 16 de enero de 2008, 13:27h
Actualizado: 18 de enero de 2008, 07:43h
Los tiempos en política son muy cortos aunque a la gente se le antojen muy largos, y el efecto Gallardón puede ser tan poco prolongado en el tiempo como larga ha sido su espera.
La gente en política es importante mientras que tiene poder y lo ejerce o está en disposición de alcanzarlo, pero la memoria de sus partidarios es generalmente flaca, escasa, fugaz y más infiel que “la Chelito” con sus amantes.
Por esa razón los que hoy lamentan amargamente que “la gran esperanza del centro moderado” no vaya en las listas del PP a las próximas elecciones generales, se olvidarán en breve tiempo de su disgusto porque en el fondo es posible que sean los mismos que nunca habrían votado al PP con Gallardón dentro de esas listas.
Dicho esto el PP que podía haber administrado mejor sus tiempos para hacer rentable el fichaje de Pizarro sin hacerlo coincidir con la defenestración del Alcalde de Madrid.
La derecha es única mostrando sus diferencias y rencillas y en eso el PSOE maneja mucho mejor sus crisis internas.
No obstante hay quienes olvidan aquella famosa frase de Konrad Adenauer
que decía que en la vida existían “los rivales, los enemigos y los compañeros de partido, y que éstos eran los peores y más peligrosos”.
Alberto Ruiz Gallardón ya lo sabía y los que lo han anulado también.
¿Lo sabrá Manuel Pizarro?