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Están locos estos romanos

miércoles 16 de enero de 2008, 13:52h
Última actualización: viernes 18 de enero de 2008, 07:43h
No es la primera vez que lo que ocurre en los partidos políticos me recuerda la frase del cómic Asterix y Obelix: “Están locos estos romanos”.

Después de lo que hemos conocido con relación a las listas del PP en Madrid, esta frase debería de actualizarse diciendo: “Están locos estos del PP”.

Si la decisión de Rajoy de llevar de número 2 por Madrid a Manuel Pizarro era una demostración de que el PP quiere ganar las elecciones, la trifulca que 24 horas más tarde se ha vivido en la sede del PP en la calle Génova, es una demostración de lo que no se debe de hacer si se quieren ganar unas elecciones.

El electorado, a lo largo de todos los años de democracia, ha demostrado que es capaz de perdonar e incluso de olvidar determinados errores, pero desde luego lo que no está dispuesta a aguantar la sociedad española es que un partido que internamente tiene broncas, tenga responsabilidades de Gobierno

Es totalmente lógico el comportamiento de nuestra sociedad, pues sólo una pandilla de locos sería capaz de darle su apoyo a un partido en el que ni sus propios responsables son capaces de entenderse.

Lo ocurrido entre Gallardón, Aguirre y Rajoy, por mucho que algunos se hayan apresurado a decir que no es para tanto, sino que incluso es una buena noticia porque ha puesto a cada uno en su sitio y ha dejado claro quien manda en el PP, no deja de ser una demostración de que el partido tiene problemas.

No se si, como algunos se empeñan en repetir machaconamente, esta situación ha servido para dejar claro que Rajoy manda en el PP o si por el contrario lo que ha quedado claro es que Rajoy no manda en el PP, pues sobre los que tiene que mandar no le obedecen. Dudo mucho que el objetivo último de la decisión de Rajoy de no incluir a Ruiz Gallardón en las listas del PP por Madrid, pasara por que Esperanza Aguirre le planteara dejar la presidencia de la Comunidad de Madrid para ir en las listas o que el señor Gallardón  anunciara su salida de la vida política.

Como dicen algunos de los que en la actualidad ya no tienen responsabilidades orgánicas en un partido, pero las han tenido, los partidos políticos son una de las organizaciones menos democráticas y, por lo tanto, lo menos que se les puede pedir a los militantes es que respeten, sin discutir, las decisiones de sus líderes, aunque estas no les gusten. Aquellos que no estén de acuerdo, tiempo tendrán en el próximo congreso para votar a otro líder o a otro proyecto, pero por coherencia, mientras se está en un partido se debe respetar las decisiones que el máximo responsable toma y en el caso de que uno decida dimitir, debe hacerlo con la mayor discreción y desde luego en el momento que menos daño le haga al partido, al que teóricamente se ha apuntado porque defiende una determinada ideología y no por mantener u obtener un puesto.
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